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Editor incorregible

15-10-2010

Fausto: -Tú, [...], ¿quién eres?

Envidia: -Soy la Envidia, concebida de una ostrera por un deshollinador. No puedo leer, así que deseo que todos los libros ardan. [...] ¿Tú sentado y yo de pie? ¡Maldito seas, baja!

Fausto: -¡Largo, tunante envidioso!

El doctor Faustus, Christopher Marlowe

 

Octubre es un mes muy intenso en la agenda de los editores. Apenas se han recuperado del trasiego comercial de la Feria Internacional del Libro, Liber (este año celebrada en Barcelona), cuando algunos -afortunados- deben rehacer la maleta para asistir a la feria del libro con más solera, la de Frankfurt, que un lejano día de octubre de 1454 celebró su primera edición. En el mes del Nobel, parece que el mundo de la edición es más proclive a debatir sobre sí misma: no tanto a mirarse el ombligo, como a reflexionar sobre su razón de ser, sobre sus retos, sobre su identidad. La editorial Trama aporta a este debate dos nuevos títulos de su colección Tipos móviles, que les recomiendo encarecidamente: Las razones del libro, de Robert Darnton, y Erratas, de Marco Cassini.

 

En mis manos desde ayer, gracias a la gentileza de su editor, al que visité en su nueva sede en Blanca de Navarra nº 6, esta pasada noche comencé a devorar el segundo libro, este «Diario de un editor incorregible», que me ha atrapado desde sus primeras páginas, no sólo por su humor, sino porque se atreve a decir lo que lo «políticamente correcto», que se ha instalado en este sector, impide a muchos confesar, que no es poco.

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