Ray Loriga sobre la figura del editor

16-03-2010

La verdad es que si tengo que hablar desde mi propia experiencia en este supuesto valle de lágrimas, diría que lo bueno le va ganando dos a uno a lo malo o, acudiendo al código binario original, cero a uno. No está tan mal, y un buen resultado fuera de casa se me antoja esencial porque algo me dice que no hay partido de vuelta. Esta pequeña e inane reflexión viene al caso de la extraña alegría que me proporciona la lectura de un libro de Jean Echenoz publicado por la editorial Trama: Jérôme Lindon, mi editor, y que trata efectivamente del editor de Echenoz y de Samuel Beckett y de Robe-Grillett y de Claude Simon y de Marguerite Duras, entre otros.

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