www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí

El Viejo Topo llega al 200

14-12-2004

La revista El Viejo Topo, fundada en 1993, llega en el mes de diciembre a su número 200. Miguel Riera, su director, escribe el editorial del número.

"Que en este país una revista como El Viejo Topo alcance el número 200 es poco menos que un milagro. En su primera época, de 1976 a 1982, aparecieron 69 números, además de algunos monográficos que tuvieron numeración independiente. Eran otros tiempos: la tirada promedio se estabilizó durante mucho tiempo en 35.000 ejemplares, aunque se alcanzaron puntas de 50.000. Los 34 secuestros judiciales que padecimos jalonaron una etapa apasionante. La segunda época se inició en 1993, con una tirada inicial de 30.000 ejemplares que se reveló enseguida demasiado optimista; a los pocos meses la tirada se situó en 16.000 ejemplares, una cifra que estaba más en consonancia con el desinflamiento general que ha afectado a lo político y lo ideológico.

Esta segunda etapa ha cubierto ya once años y 132 números, y para celebrar la efeméride inauguramos una sección, "El estado de la cuestión", en la que cada mes pretendemos presentar un balance de los debates que están más en el candelero. En este número, el estado de la cuestión se centra en los novísimos movimientos sociales, su problemática, sus dificultades, sus aciertos y errores y, en definitiva, su futuro.

Pero recordemos cómo estaba el mundo cuando iniciamos esta segunda singladura, en 1993. Ronald Reagan y Margaret Thatcher habían triunfado en su revolución conservadora, dos años antes se había procedido a la voladura de la URSS, con las gravísimas consecuencias sociales que pagaría la ciudadanía de los países ex-soviéticos, y ya se había producido el ataque a Iraq por parte de los EEUU en la Guerra de Golfo. Se diría, pues, que las cosas estaban muy mal, y que aparentemente poco podían empeorar desde entonces. Y sin embargo, la situación del mundo es mucho peor. El neoliberalismo ha añadido a su adoración del mercado la utilización de la guerra como método de desarrollo económico y de implantación de su ideología, y así la "guerra contra el terrorismo", la "guerra preventiva" y la "guerra permanente" no son ya accidentes más o menos provocados y queridos, sino elementos básicos del sistema. La OTAN, y la Unión Europea, han aceptado estos planteamientos, que a veces se disfrazan con el subterfugio de "guerras humanitarias". No se trata, claro, de que antes la situación fuera idffica en cuanto a conflictos armados-ahí están los Balcanes recordándonos su tragedia-, pero sólo ahora somos plenamente conscientes de que el sistema necesita una guerra tras otra para mantener su inviolabilidad. En España, sin embargo, me atrevería a decir que estamos un pelin mejor que en 1993.

Por descontado, los problemas sociales no sólo no han disminuido, sino que han aumentado. Ha aumentado el precariado, la vivienda se ha hecho accesible sólo a cambio de una hipoteca de por vida, las pensiones siguen amenazadas, se ha privatizado casi todo lo privatizable (y lo que se andará), la enseñanza es un desastre, somos objetivo del terrorismo islámico... Pero recordemos cómo estábamos en 1993: padecíamos ya todos esos problemas, salvo el terrorismo islámico, pero estábamos zarandeados por el terrorismo de ETA, y sobre todo habían caído sobre nosotros las pesadas losas del terrorismo de estado y de la corrupción. Liberarnos de la primera de ellas (a pesar de que eventualmente todavía hay evidencia de torturas) y que se haya atenuado considerablemente la segunda (además de habérsenos quitado de encima al señor Aznar) ha modificado sustancialmente el panorama.

Además, noticia de esta semana, Batasuna ha proclamado su voluntad de aceptar como única vía para obtener sus fines la vía democrática. Que se profundice en esta dirección significará que ETA finalmente ha comprendido que ha perdido su guerra. De hecho la perdió ya hace años, y si la organización armada hubiera sido consciente de ello nos habríamos ahorrado mucho dolor.

¿Es demasiado ingenuo pensar en una futura disolución de ETA? Tal vez sí, pero si en alguna ocasión ha estado justificada la palabra diálogo, es en esta. Diálogo no significa necesariamente negociación, sino hablar y escuchar. Y mis sentimientos republicanos no disminuyen un ápice si repito, con Juan Carlos de Borbón, que hablando se entiende la gente.

Esta revista tiene vocación de permanencia. Veremos qué ha sucedido cuando lleguemos al número 300. Contamos con tu complicidad, querido lector, para verlo".

<< volver

Página generada el Viernes, 24 de Octubre de 2008 18:41:01