En cuanto a las medidas para acabar con el desbarajuste regulador, hay que empezar por reconocer que el financiero es hoy un sistema completamente global. En este sentido, es ya evidente que cualquier gobierno nacional es incapaz de hacerse cargo de los problemas nacidos de la intromisión de la economía mundial en su territorio. Por eso, lo mismo que la crisis financiera y bancaria se ha convertido en global debido a la interconexión de redes y agentes, las reformas tendrán que ser multilaterales: "las crisis sistémicas demandan soluciones sistémicas" ha declarado recientemente Strauss-Khan, director gerente del FMI, lo que implica la participación de todos los países con intereses fundamentales en la economía mundial, más allá de los G-8 y hasta de los G-20. El nuevo orden financiero mundial no puede depender de legislaciones dispares emitidas por reguladores dispersos, y tampoco soportar a unos organismos multilaterales que han demostrado su ineficacia bajo el control paralizante de unas pocas pero poderosas naciones. El nacimiento de este nuevo orden no será sencillo, pero después del tsunami financiero y bancario que estamos padeciendo, tampoco puede quedarse en un simple parto de los montes. Claro que antes habrá que abandonar la derrotista sensación de que es demasiado difícil cambiar el delirante sistema que nos tiene atrapados.
En este sentido, la Cumbre celebrada en Washington el pasado 15 de noviembre logró acuerdos de principio y una agenda para combatir la crisis, abriendo así vías a la reforma del sistema financiero mundial y de las instituciones multilaterales sobre la base de una mayor transparencia y la rendición de cuentas de todos los agentes; y también se alcanzó el compromiso de estimular con paquetes fiscales a las diferentes economías. Por el contrario, no se consideró necesaria la figura de un supervisor global del sistema y se pospusieron para reuniones posteriores asuntos tan importantes como el establecimiento de códigos de conducta y retribución o la adopción de un sistema de alerta precoz de riesgos nacionales y sistémicos. Los famosos Acuerdos de Bretton Woods culminaron dos años de trabajos previos y es evidente que no se puede refundar el capitalismo financiero en un fin de semana. Sobre todo si está todo el mundo esperando a la toma de posesión del presidente Obama.