Por supuesto, es posible continuar "tirando" durante un tiempo con la situación actual, aprobando cada pocos años nuevas leyes y planes de estudios que, de alguna manera, focalicen la atención en torno a cuestiones distintas a las de financiación, calidad y buena profesionalidad. El problema es que en esta dinámica se están erosionando las bases de lo que constituye el verdadero sustrato -el alma o la "madre" de las viejas barricas- en que descansa un buen sistema universitario e investigador: el entusiasmo, la capacidad de trabajo, el liderazgo de buenos maestros, el afán de rigor, la formación de equipos, la producción científica relevante y, pos supuesto, la capacidad de reclutamiento permanente de las personas más capaces e inquietas intelectualmente que pasan por las aulas. Y la verdad es que en todos estos aspectos se registran hechos que mueven a la inquietud. Mientras tanto, muchos jóvenes que quieren reforzar sus posibilidades en los mercados laborales optan por completar y ampliar su formación superior acudiendo -cuando pueden- a las universidades de otros países que sí aparecen en los ran kings internacionales de calidad. Lo cual supone un coste adicional real para la sociedad española como tal.
Por lo tanto, reme morando el viejo eslogan de "escuela y despensa", podríamos reclamar hoy en día "recursos, calidad, organización y motivación"; y, por supuesto, buenas dosis de sentido común.