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Temas para el Debate 153-154 Temas para el Debate

¿El dilema del prisionero?

por José Félix Tezanos
Temas para el Debate nº 153-154, Agosto / Septiembre 2007

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Entre los politólogos y sociólogos del mundo académico se considera de buen tono presentar el "dilema del prisionero" como un descubrimiento clave de la teoría de las decisiones, casi como un óptimo para inspirar decisiones racionalmente calculadas y altamente productivas.
Pero que no cunda el pánico. No es mi intención explicar aquí por enésima vez la susodicha teoría. Lo que pretendo es ayudar a entender, de manera más sencilla, el dilema de un líder español que se encuentra preso de unos condicionantes políticos y estratégicos, y que tendrá que tomar, más pronto que tarde, unas decisiones en las que se va a jugar su futuro político y, por ende, en las que se decantará la evolución del principal partido político de la oposición. Lo que también puede resultar fundamental para determinar el clima político que existirá en España en los próximos meses y años. Bastantes cuestiones, pues, a decidir en una sola tacada.
Entre el centro y la derecha
El dilema del prisionero puede afectar a Rajoy de una manera mucho más literal y directa que en la famosa teoría sociológica. En estos momentos, Rajoy se encuentra prisionero de un discurso y de unos apoyos mediáticos y políticos que él mismo ha contribuido a potenciar, con la finalidad de intentar erosionar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. El problema es que, con tal estrategia y con dichos apoyos mediáticos y políticos, Rajoy sólo cubre -y satisface - a una parte de su electorado potencial; precisamente el electorado más duro y ultraconservador que le demanda unos pronunciamientos y discursos cada vez más duros, que pueden acabar enajenándole otros apoyos más centristas y moderados. Si Rajoy se encasilla excesivamente en esos espacios, mientras se encuentra franqueado y vigilado estrechamente por personajes como Acebes y Zaplana, al final se puede pegar un patinazo que le deje compuesto y sin novia. Y Rato regresando.
En realidad, y en contraste con lo que desde el PP se ha intentado aparentar, las últimas elecciones autonómicas y municipales han sido un fiasco para la derecha española. Zapatero no sólo no ha salido noqueado, sino que, con esos resultados sin más, la candidatura de Rajoy en unas elecciones generales no lograría despegar, ni obtener los apoyos necesarios. Además, con la actual política de confrontación dura, aunque el PP logre obtener algunos votos más que el PSOE en las próximas legislativas, a su actual candidato le resultará difícil encontrar aliados con los que poder gobernar. Cuente o no cuente para ello con la aprobación de sus celosos "cancerberos".
Escapar
El problema de Rajoy es que, hoy por hoy, necesita no restar ninguno de los apoyos, ni debilitar sus posiciones de liderazgo. La trayectoria del PP durante los últimos años le ha llevado a estar fuertemente vicariado -y cogido- por sectores duros y radicales, cuya prevalencia dificulta que el PP establezca futuras alianzas, y le impide crecer electoralmente por el centro, que es el único espacio por el que puede ganar votos suficientes como para poder llegar a gobernar. A partir de esta situación, teniendo en cuenta que la mitad de los votantes potenciales del PP en estos momentos se consideran más de centro que el partido por el que se inclinan, la única salida que tiene Rajoy es intentar escapar -si le dejan- de los que le mantienen sometido a tan estrecho marcaje.
¿Cómo escapar de tal marcaje-dilema? De la única manera que es posible en casos como éste. Una vez desechada la hipótesis de un eventual "hundimiento estrepitoso" de Zapatero -como se constató en las elecciones de mayo- la única alternativa es hacer una apuesta en positivo que convenza y proporcione confianza a aquellos sectores de las clases medias moderadas que no quieren excesivos tensionamientos, crispaciones, ni saltos en el vacío. Si el PP no gira al centro, de una vez por todas y de verdad, es probable que los espacios del centro acaben siendo ocupados por líderes que planteen iniciativas más sensibles al "pulso de la calle" y que estén mejor informados sobre las inclinaciones y preferencias de fondo del electorado español.
Rajoy se encuentra preso de unos discursos unos apoyos mediáticos y políticos que le impiden abrirse a los sectores de centro que necesitaría quiere poder ganar las próximas elecciones.
¿Esperar?
Otra posibilidad es sentarse a esperar y confiar en que se produzcan cambios o acontecimientos nacionales y/o internacionales que, de alguna manera, influyan significativamente en la opinión pública, decantando el equilibrio ajustado de fuerzas que existe actualmente en las potencialidades electorales de los grandes partidos políticos españoles. Pero, si opta por esta posición, deberá tener en cuenta que el azar siempre reparte suerte de manera incierta.
Rajoy tiene, pues, algunos dilemas importantes por delante, sobre todo debe decidir si se abre al centro e incorpora de forma relevante a su proyecto a líderes capaces de sumar fuerzas por los espacios políticos más templados. Si finalmente se decanta por esta posibilidad, cambiando caras y discursos, entonces es posible que el problema-dilema se traslade a la otra gran fuerza política que pugnará por el triunfo en las próximas elecciones generales. Entonces el PSOE tendrá que esmerarse para intentar cubrir mejor sus dos espacios más débiles, tanto el que se corresponde con un centro-izquierda moderado en el que se están produciendo distanciamientos debido, sobre todo, a las políticas "autonómicas" como el que representa una izquierda que reclama más énfasis en las políticas sociales y que no entiende muy bien, por ejemplo, que los salarios pierdan posiciones (más de cinco puntos) en una España en la que la economía va bastante bien, o que no se termine de acortar el diferencial de ocho puntos con la media europea de gasto social. La respuesta a estas debilidades y carencias exigirá cambiar de caras y de discursos y tomar mayor impulso político, demostrando capacidad integradora y, sobre todo, demostrando que se tienen proyectos y propuestas programáticas bien estudiadas que resulten atractivas y que permitan ganar las próximas elecciones. Pero eso bien merece otro análisis específico.
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