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Temas para el Debate 114 Temas para el Debate

Los nuevos restos de la Internacional Socialista ante la Globalización

por Manuel Mella Márquez
Temas para el Debate nº 114, mayo 2004

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En los pocos años transcurridos desde la caída de los sistemas comunistas, los cambios socioeconómicos y políticos han sido múltiples e intensos, pero las expectativas de crecimiento económico, libertad, paz y equidad social que siguieron al colapso del comunismo han dado paso a nuevos problemas sociales y, en muchos países, a una intensa pobreza y múltiples conflictos bélicos, generando un clima internacional más inseguro e incierto.
Estos problemas se producen en un contexto, el de la globalización, que no es un mero proceso de expansión cíclica capitalista, sino que constituye un fenómeno que presenta características nuevas: junto a la liberación de capitales y del comercio, involucra grandes cambios tecnológicos y una apertura hacia las sociedades civiles con intercambios profundos entre las diferentes sociedades y los valores que representan.
Al hilo de este proceso se han generado múltiples iniciativas y movimientos, que tras la etiqueta de la "antiglobalización" esconden características de una gran diversidad política e ideológica y una profunda heterogeneidad social y de intereses. Estas organizaciones, muy divididas y atomizadas, están sometidas a procesos complejos y a veces contradictorios que les hacen muy difícil elaborar una alternativa política coherente y eficaz.
Se plantea así de nuevo a todas las fuerzas socialistas y progresistas, como antaño al movimiento obrero, la cuestión -de gran trascendencia y de debate recurrente- de las formas de organización y acción colectivas. Debe tenerse presente en relación a esta cuestión que el poder del capital, en sus diversas manifestaciones, existe sin necesidad de organizarse como agente colectivo, y además siempre ha estado mucho más unido y se organiza con suma facilidad para maximizar beneficios, aparte que sus intereses son menos ambiguos, o susceptibles de ser mal interpretados. El movimiento antoglobalización, de la misma forma que el movimiento obrero tradicional, como en su momento señaló C. OFFE, tiene un costo de acción colectiva mayor, en comparación con el capital, y el establecimiento de la identidad colectiva es esencial para disminuir los costos de organización. Las estructuras organizativas serán más eficaces cuanto más fluida y directa sea la comunicación entre los miembros de las organizaciones, facilitada en esta época por los nuevos medios y tecnologías de la comunicación; la información llevará a comportamientos menos egoístas e insolidarios. Por ello, para que el movimiento antiglobalización sea viable es preciso desarrollar formas de organización alternativas, que no solo implique la suma de recursos individuales de los miembros de las asociaciones para cubrir los intereses comunes sino también la definición de una identidad colectiva; frente a un "egoísmo global" hay que anteponer una "cooperación global".
En esta tarea, los partidos socialistas, y en especial la Internacional Socialista (IS) pueden realizar aportaciones de gran importancia. La estrategia de los partidos de izquierda y de centro izquierda, -y de sus organizaciones internacionales de todo tipo, como la IS- para estar en condiciones de responder a las expectativas políticas de la sociedad, debería situarse en un terreno intermedio entre las dos posiciones extremas en relación al hecho de la globalización; por un lado, la ultraliberal dictada por las empresas transnacionales, y, por otro, la posición de rechazo frontal de la propia idea de la globalización. Entendemos que esta última constituye un error semejante al que cometieron algunos grupos en los comienzos del movimiento obrero al luchar contra la industrialización.
Una de las tareas fundamentales para los partidos socialistas y para la IS es definir lo que debe ser un nuevo internacionalismo, que contenga una alternativa progresista para todo el mundo y rompa la confrontación intercultural, con un pensamiento global pluralista, integrador y libre que impida el "choque de culturas". Este nuevo internacionalismo tiene que asumir que todavía hay grandes posibilidades de acción política en el ámbito del Estado-Nación; los gobiernos tienen todavía amplias posibilidades para definir la agenda política y no todo está inexorablemente determinado por las leyes de la economía y los mercados globalizados. Esto naturalmente no es incompatible con la necesidad de promover una gobernabilidad internacional en el ámbito económico y político y con la urgente modificación de las relaciones y del derecho internacional, incluido el penal. Asimismo es conveniente impulsar los procesos de integración regional, como el de la Unión Europea, que pueden constituir contrapesos políticos democráticos ante los fenómenos de la expansión descontrolada de los mercados financieros, la reducción excesiva del sector público y la aplicación de un monetarismo extremo.
La IS debería adaptar su organización, funcionamiento y actividades a las instituciones internacionales más importantes (ONU, UE, OEA, OUA, ASEAN, Mercosur, etc.) y tratar de influir en su agenda política, como sucede ya con el Partido de los Socialistas Europeos.
La IS tendría que articular además una estrategia de debate, información y comunicación, hacia dentro y hacia fuera de la organización, que permitiera una relación más directa y eficaz con sus miembros y más fluida con la sociedad y todos los movimientos progresistas, mejorando la imagen de la organización y haciéndola más presente en los medios de comunicación.
Este proceso debe conllevar una mayor capacidad de análisis, de iniciativa política y de acción de la IS. Las implicaciones de este planteamiento son numerosas, entre ellas está la nueva relación que se deberá establecer entre las resoluciones políticas de la IS y las estrategias de los partidos nacionales. Es éste un cambio que exigirá esfuerzos importantes pero que mostrará la voluntad de la IS de transformar este aspecto de la política, y para los partidos nacionales la capacidad de diseñar programas con una dimensión internacionalista clara y definida.
La IS, aparte de continuar con sus tareas de promover los valores, la ideología y las políticas socialistas ­que refuerce la articulación de una alternativa ideológica al llamado "pensamiento único" ultraliberal-, y apoyar la expansión y el crecimiento de los partidos socialistas ­como ha ocurrido en los últimos años en los que la IS ha conseguido un fuerte crecimiento cuantitativo-, deberá hacer un esfuerzo de adaptación y establecer nuevas funciones y objetivos, que recojan las demandas de nuevas formas organizativas y nuevos mecanismos sobre quién toma las decisiones y cómo se toman, en términos mucho más flexibles y operativos que los actuales. Por otro lado, el crecimiento cuantitativo, en lo que se refiere al número de partidos, es en principio positivo, pero no es suficiente y debe ir acompañado necesariamente de la aplicación de criterios selectivos. Esto debe suponer más transparencia, más coherencia y normas y criterios más claros en la selección de los nuevos miembros ­y en la separación, en su caso-.
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