Para conseguir que, pese a todo, se recuperen los valores de la Constitución, para superar un clima político que se está haciendo asfixiante, será necesario fomentar la confianza en las Instituciones democráticas y en quienes las rigen con el respaldo de la legitimidad del sufragio popular, resistiendo los embates mediáticos y políticos que ni siquiera son propios de la extrema derecha, sino fruto genuino de la reacción anti-sistema más cavernaria y peligrosa. Será preciso invocar la responsabilidad de las fuerzas parlamentarias para desterrar de la vida política española la demagogia y la crispación y persistir en la oferta de proyectos encaminados a mejorar la calidad de vida y los derechos de los ciudadanos, buscando el mayor respaldo social posible, aunque sean rechazados por quienes sólo se mueven por oportunismo electoral. Habrá que llamar al respeto a las Instituciones en el ámbito de competencias que le es propio a cada una de ellas, insistir en la defensa de los valores cívicos de la tolerancia, de la consideración machadiana del adversario como complementario y no como enemigo, del diálogo y del acuerdo que no exijan previamente el sometimiento a ningún ultimátum desprovisto de razón, confiando en definitiva, como en el pasado, en la prudencia y el sentido común de la mayoría de los españoles, que seguirán mostrando su apego a la convivencia en paz, progreso y libertad.
El Partido Popular ha optado por el enfrentamiento sistemático y permanente para hacer una oposición al Gobierno en la que "todo vale", incluso la deslegitimación de las Instituciones del Estado de Derecho.