El catastrofismo no es algo casual e inexplicable sino la estrategia de una política que solo puede tener éxito si la catástrofe se produce, si no, el riesgo de fracasar es inmenso. Al potenciar la extrema derecha, rearmarla e incitarla, el PP esta creando un monstruo que le puede devorar. Cada vez le pedirán más radicalidad y más extremismo, en una carrera sin fin hacia la catástrofe o la marginalidad. Imaginemos que en la próximas elecciones el Partido Popular obtiene un resultado que le impide, de nuevo, acceder al Gobierno; le quedan dos alternativas, o sigue manteniendo la actual estrategia, sometida a todos los extremismos y extremistas de su actual dirección, o modera su lenguaje y propósitos, se centra de verdad, y se desembaraza de sus lideres actuales. En el primer caso, salvo que la situación catastrófica alguna vez se produzca, se esta condenando a un ostracismo político perpetuo. En el segundo caso, con unas bases enardecidas por constantes mensajes de radicalidad, puede producirse una rebelión de una parte importante de su militancia, que espoleada por sus corifeos ideológicos y mediáticos, se crea obligada a fundar una nueva formación política por la "traición" de sus líderes. Nacería así, a semejanza de otros países europeos, un partido de extrema derecha, explícitamente antidemocrático, enraizado, en nuestro país, en un rancio franquismo, que dispondría de una cobertura importante. No les importara ser minoritarios, estar frente a todos los demás les enardece, y en cualquier caso su objetivo no es alcanzar una mayoría democrática que desprecian.
Para nadie es bueno que la derecha española se rompa, pero puede ser un mal menor a que su principal partido esté en manos de radicales irresponsables. Así podría disiparse la confusión actual entre una derecha liberal, o conservadora, democrática que aun existe en España y esta amalgama antidemocrática que actualmente controla la mayoría de la estructura dirigente del Partido Popular.