Profesor de la Universidad de Barcelona. Miembro de Ciutadans de Catalunya
1. El aprendizaje sí. Sencillamente, no hay posibilidades de ser escolarizado en castellano. El uso es otra cosa. Las lenguas son como los cauces de los ríos o los sistemas de pesos y medidas. Tendemos a utilizar aquéllas con las que nos entendemos con más gente, y con ello contribuimos a que cada vez lleguen a un mayor número de usuarios. Un 40% de los catalanes tiene como lengua materna el catalán y un 53% de los catalanes tiene como lengua materna el castellano, que es, además, la única lengua común, franca, en Cataluña. A esto hay que añadir que el castellano es la lengua de la mayor parte de la población inmigrante. En tales condiciones, por el ejercicio espontáneo de la comunicación -por el deseo de entenderse-, los hablantes llegan a confluir en el castellano. Pero el problema no es de las lenguas, sino de los derechos: el hecho de que las personas vean limitadas sus posibilidades de acceso a ciertas posiciones sociales por su lengua, o que no puedan rotular sus comercios como se les antoje. La solución no consiste en un primario "pues que todos aprendan catalán", sino en modificar esa estructura de incentivos institucional y arbitraria que es la que causa la discriminación.
2 . En unos casos, en las clases trabajadoras, se traduce en unos peores resultados escolares, como consecuencia de no aprender en la propia lengua, mayoritariamente castellana. Los datos al respecto son concluyentes. El problema inverso es el de aquellos que viven en las zonas de Cataluña con baja exposición al castellano. Sus posibilidades de acceso al mercado laboral español o latinoamericano quedan seriamente limitadas. Por otra parte, la exigencia del nivel C en la Universidad para los docentes establece un filtro que impide que se incorporen los mejores profesionales, sin duda, y, con ello se va a acabar resintiendo la formación de las nuevas generaciones. Otro tanto puede suceder con la sanidad, o con la carrera judicial. En todos estos casos, la buena fonética se antepone a la profesionalidad. Se generan mercados cautivos y eso siempre atenta contra el bienestar.
3 . Permitir la escolarización primera en la propia lengua. Asegurar, después, que la mitad de las clases se imparte en cada una de las lenguas. Y a partir de ahí, que cada uno hable como quiera. Lo que no tiene sentido es, en este ámbito, el ejercicio de una suerte de "discriminación positiva", pues ésta se refiere a las personas, no a las lenguas, es decir, a que ciertas personas, por algún rasgo arbitrario, tienen menos oportunidades de acceso a posiciones sociales y por ello deben ser beneficiarias de una acción positiva. En realidad, una acción semejante debería ser aplicada en beneficio de los castellanoparlantes. Basta echar un vistazo somero a la composición de las clases políticas y dirigentes catalanas para comprobar hasta qué punto está alejada de la realidad catalana. Las lenguas sobreviven según las necesidades de las gentes. No son las gentes quienes han de servir a las lenguas, sino al revés. Si, por ejemplo, uno quiere que el aranés no se pierda, tendrá que obligar a todos los niños del valle de Arán a aprender aranés, y ni así lo conseguirá. Los únicos perjudicados, claro es, serán los niños araneses, que verán muy limitadas su libertad de acceso a la información , al conocimiento de otras personas, etc.
4 . Ninguno. Sencillamente, en la educación, el castellano es considerado "una desgracia que hay que combatir". "El castellano, ya lo aprenderán en la calle", se nos dice. Pero incluso esto también parece disgustar, pues se intenta evitar que los niños se expresen en castellano, precisamente, en los patios. Y sin embargo se mueve... En efecto, la realidad es el castellano, pero cada vez es una realidad más incómoda. Les pondré un ejemplo: en las cadenas de supermercados de pescados congelados, el etiquetaje es exclusivamente en catalán. Como en ese caso no hay una traducción sencilla, te puedes encontrar en la periferia barcelonesa que la gente no sabe lo que compra, no lo sabe porque no conoce el nombre en catalán y por añadidura, los venderores, en su mayoría emigración latinoamericana, tampoco saben lo que venden. La lengua, en este caso, sirve exactamente a lo contario de su natural designio: impide la comunicación entre las personas. No hay que engañarse, el nacionalismo no habla en nombre de una realidad no reconocida. Al contrario, impone una ficción, la identidad nacional, al precio de los derechos de las personas, y al servicio de un proyecto político de ruptura de la comunidad política.
Marta Cid
Ex-consejera de Educación de ERC de la Generalitat
1 . Los datos objetivos de que dispone el Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya nos permiten afirmar que el sistema educativo catalán garantiza lo establecido normativamente para las lenguas oficiales de Cataluña. Es decir, que el alumnado, independientemente de su lengua familiar, al acabar la enseñanza obligatoria puede utilizar normalmente y correctamente las dos lenguas oficiales.En este sentido cabe recordar que, en los cursos 1998-1999 y 2002-2003, en Cataluña y en el resto del Estado se elaboraron y aplicaron unas pruebas de lengua castellana a los alumnos de doce años de educación primaria, consensuadas entre el Instituto Nacional de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo (INECSE) del Ministerio de Educación y el Consell Superior d'Avaluació del Sistema Educatiu del Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya . Los resultados globales nos indican que el 65% del alumnado de Cataluña de educación primaria ha superado el criterio referencial de la prueba. Un porcentaje que es exactamente idéntico al del conjunto del Estado. En secundaria, las pruebas se aplicaron el año 2000 en alumnos de dieciséis años y los resultados nos indican que un 64% del alumnado de Cataluña supera el criterio referencial en un 63% y que en el conjunto del Estado este porcentaje es de un 64%. Por tanto, a la luz de estos datos se puede afirmar que los estudiantes de Cataluña y los estudiantes del Estado tienen unos mismos conocimientos de lengua castellana, pero con una diferencia: los alumnos de Cataluña conocen a un nivel similar (como también indican los estudios) la otra lengua oficial, el catalán.
2 . Todos estos datos indican que el castellano no está padeciendo un debilitamiento en la escuela de Cataluña. Y, además, no tengo por costumbre responder sobre escenarios hipotéticos.
3 . La Ley de Política Lingüística establece claramente la situación legal de las dos lenguas oficiales en Cataluña, y, por tanto, no hay que adoptar ninguna medida extraordinaria para garantizar el uso del castellano en igualdad de condiciones con el catalán. En todo caso, si una lengua se encuentra en una situación de desigualdad en Cataluña, ésta es justamente la lengua catalana (solamente cabe ver la lengua de la mayoría de los medios de comunicación, de la justicia, del etiquetaje, etc.).