En un sistema de libertades constitucionales el ejercicio de la soberanía encuentra su primera y afortunada limitación en el respeto a las reglas del juego democrático. La libertad de decidir por parte de los gobiernos e instituciones democráticas se halla condicionada por el ordenamiento jurídico vigente. No existe para nadie por tanto, libertad absoluta en la toma de decisiones, salvo en las dictaduras, de otra manera, estaríamos inmersos en una jungla de actuaciones arbitrarias.
Ibarretxe ha actuado con total desprecio del ordenamiento jurídico y de las reglas contempladas en la Constitución y en el propio Estatuto de Gernika. Lo primero que habría que decir es que este no es el proceder de un demócrata. Sabía que tenía garantizado el rechazo de las Cortes porque se le había advertido hasta la saciedad. Lo segundo que habría que decir en su consecuencia es que además es un temerario porque el camino que ha elegido conduce al enfrentamiento abierto. Ya lo ha dicho el inefable Eguibar, al afirmar que el "plan no lo parará ni la Ley ni los tanques". El desprecio por la Ley revela un componente inequívocamente antidemocrático, y en cuanto a los tanques mejor ni invocarlos.
No tenemos que tener el mínimo atisbo de duda a la hora de derrotarlo con la máxima firmeza, porque constituye un proyecto nefasto. Además de su flagrante inconstitucionalidad, el Plan Ibarretxe supone:
• El enterramiento del Estatuto de Gernika. No su reforma. Es un entierro, no una actualización. "El Estatuto de Gernika ha muerto" anunció Eguibar en un momento de sinceridad, durante su debate en el Parlamento vasco.
• Supone un triunfo del radicalismo abertzale y de una ETA agónica. Cuando se aprobó el Estatuto dijeron que no era válido, que no servía para ordenar y regir la convivencia de los vascos. Veinticinco años después ETA gana la batalla porque el PNV con sus actitudes claudicantes acaba avalando estas posiciones. El Estatuto de Gernika no es válido. El Plan Ibarretxe en el supuesto de ser aprobado lo deroga íntegramente por medio de una disposición transitoria.
• Al aceptar los votos de la antigua Batasuna y darlos por buenos, (podía al menos haberlos considerado no deseados, producto de la casualidad o retirar el proyecto). Ibarretxe se convierte en un Lehendakari al que ETA se considera legitimada para pedir explicaciones de sus actitudes en cada momento advirtiéndole además de lo "que no puede hacer con sus votos".
• El proyecto no representa a la sociedad vasca como dice con reiteración Ibarretxe sino más o menos a la mitad. La divide profundamente. Mi voluntad está a favor del Estatuto de Gernika y allí deseo que permanezca. Le ruego al Lehendakari que me descuente cuando habla de respeto a la voluntad de la sociedad vasca en el sentido de identificación con su plan.
Ibarretxe sabe que el Congreso de los Diputados por amplia mayoría va a rechazar su plan. Lo sabe ahora y lo sabía desde hace tiempo. No ha querido modificar un ápice su engendro. Quiere llevarlo a la muerte en el sanctorum de donde emana la voluntad popular. ¿Qué quiere hacer después?. Recoger del Congreso de los Diputados el cadáver de su plan y pedirle al Pueblo Vasco que lo resucite mediante una consulta popular que tampoco está permitida por las reglas del juego de nuestra democracia.
Sólo queda un camino para recomponer la situación después del rechazo parlamentario de la "propuesta Ibarretxe". Crear una ponencia como se ha hecho en Cataluña que primero defina cuáles son las materias del Estatuto de Gernika que requieren de una reforma y en segunda instancia abordar las redacciones consecuentes sin textos predeterminados pudiendo aportar los grupos parlamentarios aquellos que entendieran como los más adecuados. Desde el punto de vista de los apoyos el resultado del trabajo de la ponencia debería tener como objetivo que el texto que emanara de la misma tuviera un apoyo parlamentario al menos similar al que tuvo el Estatuto de Gernika. Es decir dicho sea de otra manera se requiere el acuerdo con al menos uno de los partidos constitucionalistas siendo lo deseable el apoyo de los dos.
¿Será tan difícil que Ibarretxe entienda que no tiene otro camino a no ser que escoja el de la insubordinación civil que sólo males graves pueden traer para el País Vasco?. Me temo que si el PNV no le obliga a caminar por cauces parecidos al de los catalanes el grado de su personal empecinamiento no le va a permitir rectificar. Rodríguez Zapatero va a tener que exhibir todas sus dotes de persuasión para atraerlo a la senda del respeto a las reglas del juego.
Termino con una frase arriesgada pero objetiva: Durante veinticinco años Arzalluz no nos llevó nunca a una situación tan límite como esta. Las soflamas enardecidas de las campas y Batzokis terminaban en el pragmatismo de las mesas de negociación, en los que se sabía cuáles eran los problemas de los demás, y se era consciente de que volverse sin nada a casa era lo peor que le podía pasar ante un pueblo que saliente de una dictadura quería reconstruir su historia con la mínima dignidad.
José María Benegas H es Diputado por Vizcaya. Vicepresidente primero de la Comisión de Exterior del Congreso de los Diputados.