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Temas para el Debate 191 Temas para el Debate

La economía. ¿En recaída?

por Francisco Fernández Marugán
Temas para el Debate nº 191, Octubre 2010

Número de páginas: 3
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La economía necesita ajustes fiscales para evitar la recesión. Además deben aplicarse medidas y objetivos de crecimiento destinados a mejorar la competitividad y la productividad, la cualificación de la mano de obra, la movilidad factorial, la mejora de las infraestructuras, y las inversiones en ciencia y tecnología, junto con el mantenimiento de las redes de protección social.
Durante la pasada primavera estalló en la zona euro la crisis de la deuda soberana. Debido a ella, el euro se derrumbó, lo que hizo que apareciera un nubarrón sobre las perspectivas económicas del área.
Un hecho tan específico desencadenó una fuerte controversia centrada en qué política económica debería seguirse. El eje de la misma giró sobre los estímulos que venían aplicándose. Se discutía sobre si era conveniente mantenerlos o si, por el contrario, habrían de ser paulatinamente sustituidos; si habría que cerrar la etapa de apoyo público a la actividad económica para dar paso a otro enfoque que favoreciera la consolidación fiscal. Desde estos términos la discusión era sencilla.
Si los estímulos monetarios y fiscales se retiran demasiado pronto podría volverse a producir otra recesión. Por el contrario, si se optara por mantenerlos en el tiempo, cabría la posibilidad de que se originaran déficits descontrolados que afectarían a la capacidad de financiación de las economías y a la posibilidad de un default (suspensión de pagos).
Equilibrar, lo antes posible, los presupuestos públicos pasó a considerarse como la única vía posible para la prosperidad. A partir de este planteamiento, los organismos internacionales recomiendan a los Gobiernos que analicen sus programas de ingresos y de gastos, puesto que la sostenibilidad de sus cuentas podría llegar a extremos no contemplados. Un cambio tan intenso y tan precipitado polarizó las posiciones políticas.
Hay quien sostiene que es preciso estabilizar la situación económica, que para recuperar la actividad se requiere confianza y contracción fiscal. Ingredientes que han sido utilizados con profusión, siempre que ha sido preciso hacer frente a las situaciones de crisis. Por lo tanto, ahora como en otras ocasiones, los Gobiernos deberían centrar su atención en recortar déficits públicos, reducir deuda y hacer reformas estructurales. En apretar las clavijas de la política fiscal, allí donde dominan los desequilibrios, porque puede suceder que los estímulos sean innecesarios, cuando no perjudiciales, para salir rápidamente del atolladero que padecemos.
Los avalistas de este planteamiento insisten en que la liberación de recursos puede ayudar a superar las dificultades actuales mediante programas de austeridad, sobre todo si son aplicados en un momento en el que el euro es débil, y si desde los países emergentes se acelera el crecimiento económico. Su mensaje es directo; como la falta de disciplina es la causante de la crisis, ésta se solucionará con la austeridad.
También hay argumentos en sentido contrario; según ellos, se corre el riesgo de que surjan efectos contractivos en la economía real. A fin de cuentas, no todo el mundo puede expandir, a la vez y en iguales condiciones, su mercado de exportaciones. Por eso, vuelven la vista al discurrir de cada día, a los efectos que ocasionan cuando actúan al unísono, la tensión de los mercados y la retirada de los estímulos, castigando al crecimiento. Terminan diciendo que un recorte fiscal excesivo puede originar una recesión e incluso una deflación.
Situación que se verá acentuada si todos los países, en un área euro, practican a la vez políticas de disciplina fiscal, ya que el efecto conjunto de todas ellas hará aun más problemático reducir el déficit y recuperar el crecimiento.
Puestas las cosas así, también han de evaluarse los riesgos que ocasionan los retrasos en los ajustes y en el control de la deuda. Por lo que aparece un tercer enfoque, que sostiene que la discusión entre los partidarios de mantener los estímulos para sostener el crecimiento y los que reclaman recortes inmediatos -y radicales- en las cuentas públicas adopta un planteamiento excesivamente circunscrito a la experiencia de las sociedades avanzadas.
Se necesitan esos ajustes fiscales, a la vez que se apliquen medidas y objetivos de crecimiento más ambiciosos, destinados a mejorar la competitividad y la productividad, la cualificación de la mano de obra, la movilidad factorial, la mejora de las infraestructuras, las inversiones en ciencia y tecnología, junto con la persistencia en el mantenimiento de las redes de protección social.
Estas son, en líneas generales, las posiciones que se adoptan hoy en día a la hora de configurar los diseños de política económica. Están ahí, por lo que de poco sirve ignorar su existencia; es más, hasta merece la pena ver con cierto detalle cómo se produce en cada caso. De antemano hemos de quedarnos con una idea, que planteo tan sólo para relativizar las polémicas que se originan. Los estímulos dirigidos a animar el consumo se admiten en los EEUU, se desea que se apliquen con intensidad en China y en Alemania, a la vez que se defiende el establecimiento de duros ajustes en la mayoría de las naciones de la Unión Europea.
En los EEUU, el crecimiento se escapa
A lo largo de los últimos meses, ha venido poniéndose de relieve que en la economía norteamericana se está produciendo una pérdida de vigor en la marcha de la actividad económica. El crecimiento se ha situado por debajo del potencial y si no se corta semejante dinámica, continuará debilitándose a lo largo del presente ejercicio.
En este diagnóstico coinciden destacados economistas académicos, quienes alejándose de la admisión de un escenario recesivo, enfatizan el hecho de que la previsión más fiable es aquella que sostiene que se está ante una recuperación inusualmente lenta.
Semejante realismo se ha interiorizado tanto que se llega a sostener que quien piense lo contrario se equivoca. La recuperación será modesta, hasta el punto de que el propio Obama ha manifestado que "llevó más de una década excavar este agujero y llevará más de lo que nos gustaría salir de él".
Quizás, porque tiene mayores posibilidades de actuación, Bernanke ha señalado que si la economía continúa deteriorándose de manera significativa, hará lo que esté en su mano para evitar que quede atrapada en una espiral deflacionista. Que si fuera necesario, buscaría munición fuera del arsenal de la política monetaria convencional, empleando inclusive otras medidas, con la finalidad de preservar el crecimiento. ¿Que quiere decir cuando habla de que asumirá medidas no convencionales? Que tomará decisiones más políticas, redistribuyendo recursos entre grupos muy concretos.
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