Hay momentos en la evolución de los países en los que se hace necesario priorizar las políticas de "interés general". Algunos entienden que dicha priorización es una cuestión de patriotismo, en tanto que otros piensan que se trata de tener instinto de conservación e, incluso, sentido común, en la medida que si no se atienden debidamente los intereses y necesidades generales -sobre todo en coyunturas de crisis como las actuales- será difícil llevar a buen puerto los programas y propósitos más específicos que cada partido representa legítimamente, de acuerdo a los sectores sociales que representa.
Lo prioritario es salir de la crisis
En circunstancias críticas, la opinión pública no entiende que los partidos políticos permanezcan enzarzados en querellas y conflictos exagerados y que no se hagan los esfuerzos necesarios para consensuar aquellas políticas que permitirían dar respuestas adecuadas a las cuestiones que conciernen al interés general.
En España estamos atravesando uno de esos momentos delicados en los que se hace necesaria una convergencia de propósitos. En España, y por supuesto en muchos otros países, en los que se están sufriendo las consecuencias de una crisis económica internacional que tiene más entidad, y encierra más riesgos, de lo que algunos parecen entender.
Cuando las dificultades no son de mucha entidad resulta más factible que un partido solo, o incluso uno de los sectores que lidera un partido importante, pueda hacer lo necesario para afrontar los problemas y sacar adelante al país. Eso ha ocurrido en varias ocasiones y en varios países a lo largo de los últimos años con las diversas crisis que se han sucedido. Obviamente, cuando un país cuenta con un gobierno estable y fuerte y con unos liderazgos respetados, rigurosos y resolutivos, las posibilidades de salir de la crisis se refuerzan. En España, en particular, hemos sido capaces de afrontar razonablemente las crisis económicas que nos han afectado a lo largo del ciclo democrático que se inauguró con la Constitución de 1978.
Sin embargo, ahora estamos ante una crisis más profunda y peligrosa que requiere mayores esfuerzos que las anteriores. Esfuerzos que siempre se estará en mejores condiciones de realizar si se suman fuerzas en el empeño. Posiblemente, algunos pensarán, legítimamente, que en buena lógica democrática lo que procede, incluso en casos como éste, es que aquel que ganó las elecciones gobierne como mejor pueda, hasta el final de la legislatura, dando ejemplo de seriedad en el respeto a los plazos establecidos.
Críticas desmedidas
El problema, como estamos viendo, es que los gobiernos de mayoría insuficiente despiertan instintos opositores desmedidos, sobre todo cuando se detectan -o se creen detectar- situaciones de debilidad o inconsistencia. En estas circunstancias, cuando la oposición encona y amplifica las críticas en exceso, la opinión pública se ve bombardeada por mensajes y valoraciones desmedidamente negativas, de forma que se acaba difundiendo la sensación de que las cosas están mucho peor. La consecuencia es que cunde el miedo y el retraimiento de los inversores y de los consumidores; ¡lo cual, en crisis como la actual, tiene unos efectos prácticos enormemente perniciosos!
A su vez, ante críticas tan exageradas y enconadas, la tendencia de los gobiernos suele ser a cerrarse y replegarse sobre sí mismos, haciendo oídos sordos a cualquier crítica o sugerencia, incluidas las que puedan ser razonables y oportunas. Y, llegado el caso, incluso se tacha de traidores y desleales a los que desde las propias filas se atreven a formular propuestas de signo diferente a la línea oficial. Cuando la cerrazón interna y la falta de sintonía llega a los círculos de los interlocutores sociales y económicos, entonces las cosas pueden entrar en un punto verdaderamente delicado, sobre todo si algunos líderes sociales pierden el sentido de la prudencia, como ha ocurrido con algunos sindicalistas que han llegado a amenazar con huelgas generales y grandes movilizaciones sociales. Que es, precisamente, lo último que se necesita en la actual situación económica de España.
Muchos ruidos y pocas nueces
Frente a este panorama de desencuentros, de nerviosismos, de enconamientos políticos e, incluso, de arritmias en las propuestas políticas, no debe extrañarnos que el ciudadano medio tenga la sensación de que se encuentra ante un panorama de muchos ruidos y pocas nueces. Si los ciudadanos no ven firmeza, ni ideas claras, ni disposición al acuerdo, lo más verosímil es que tiendan a distanciarse progresivamente de los grandes partidos políticos. Como de hecho parecen indicar las últimas Encuestas. Incluso es posible que se produzca un deslizamiento hacia opciones que enfoquen la situación actual en términos demagógicos, populistas, e incluso neoautoritarios, como está ocurriendo en otros países europeos.
De esta manera, algunas de las estrategias actuales de los grandes partidos políticos pueden acabar conduciendo a un callejón sin salida, prolongando en el tiempo una situación de "tablas" virtuales, que no hará sino deteriorar más la situación económica de España y nuestra credibilidad, tanto de puertas adentro, como de puertas afuera.
El mantenimiento del actual status quo político viene alimentado por dos esperanzas que la mayor parte de los ciudadanos no entienden bien, y que a mí personalmente me parecen poco realistas y escasamente patriotas, por decirlo en los términos que apuntaba al principio de este artículo. Desde las filas del PP se cree -se espera- que Zapatero acabe derrumbándose psicológica y políticamente, que tire la toalla y que convoque elecciones generales anticipadas. O, si esto no sucede, se espera -y desea- que desde las filas del PSOE surjan tales críticas internas que se acabe prácticamente con el mismo resultado. Lo cual es poco verosímil.
Creo que hay que ser poco realista para pensar que un gobierno se va a rendir ante la desmesura de las críticas externas y va a convocar unas elecciones generales, en un momento de crisis aguda, para perderlas, cuando quedan más de dos años de legislatura. Y, a su vez, hay que conocer muy mal la situación del PSOE para pensar que puede darse tal tipo de revuelta interna. Por ello, tal estrategia sólo puede conducir a una escalada de enconamientos de efectos negativos para la evolución económica y social de España. ¿Dos años más como los últimos meses?
El tiempo juega en contra
A su vez, desde las filas del gobierno y de los sectores más próximos, se alienta la esperanza de que la situación económica mejore de manera apreciable en un tiempo razonable, de forma que pueda ir produciéndose poco a poco un vuelco en las orientaciones de la opinión pública. Y si esto no se produjera a tiempo, algunos esperan que el enconamiento y el tremendismo excesivo de la oposición produzca de nuevo una reacción de miedo en una parte de la opinión pública, de forma que al final puedan reequilibrarse otra vez las tendencias electorales.