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Temas para el Debate 177-178 Temas para el Debate

La crisis del Laborismo

por Sahun Riordan
Temas para el Debate nº 177-178, Agosto / Septiembre 2009

Número de páginas: 2
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El Nuevo Laborismo ha fracasado debido a las contradicciones internas del proyecto, al intentar combinar un modelo liberal en la economía con un autoritarismo político que anuló tanto la influencia del Partido como la de los propios miembros del Gobierno. El populismo político de Blair vació de contenido ideológico al laborismo británico, una organización con una amplia tradición de debate político e ideológico que quedó sepultado por unas formas autoritarias de concebir tanto el Gobierno como la dirección del partido. El proyecto ha aguantado 12 años, y cuando la última legislatura se encuentra próxima a finalizar, Gordon Brawn tampoco está sabiendo afianzar un mensaje que permita una victoria laborista.
El dos de mayo de 1997 fue fiesta nacional en el Reino Unido. La elección del Gobierno de Tony Blair desató una ola de optimismo que pasó de Inglaterra al resto de Europa. El Nuevo Laborismo y la Tercera Vía estaban de moda. Cuando Tony Giddens, el "gurú" de la Tercera Vía, visitó Madrid, tanto la derecha como la izquierda le querían conocer. Doce años después el proyecto ha fracasado. Gordon Brown, sucesor de Blair, es uno de los primeros ministros menos valorados en la historia británica. En las últimas elecciones europeas el Partido Laborista ha quedado en tercera posición (detrás del partido antieuropeo UKIP). ¿Qué ha pasado?
El Nuevo Laborismo ha fracasado debido a las contradicciones internas del proyecto. Desde el inicio tenía dos ejes bien distintos. El objetivo teórico fue crear una nueva política más allá de la derecha y la izquierda (la llamada Tercera Vía). El objetivo práctico fue que el Partido Laborista ganara las elecciones británicas después de 18 años de Gobierno conservador. Todos los miembros del Partido Laborista, y muchos fuera, compartieron este segundo objetivo. Sólo una minoría en el entorno del propio Blair apostó por la Tercera Vía. Este entorno no incluía a Gordon Brown. Por lo tanto, las tensiones entre Blair y Brown durante los Gobiernos de Blair reflejaban no sólo problemas personales, sino también diferencias ideológicas. Una vez Blair se marchó, lo único que quedaba del proyecto fue su utilidad en ganar elecciones. Pero Brown no tiene el carisma electoral de Blair. Sin contenido ideológico y con todas las encuestas en contra, el proyecto tiene muy poco futuro.
El Nuevo Laborismo también ha sufrido un conflicto entre su ideología liberal y sus técnicas autoritarias. Blair siempre insistía en que quería rescatar la tradición liberal en la política británica. Sin embargo, ningún Gobierno británico moderno ha quitado tantas libertades o derechos civiles del ciudadano (incluso durante las dos guerras mundiales). Además, el enfoque de los Gobiernos de Blair y Brown en perseguir su agenda "liberal" debe más al planning de la Unión Soviética que a la política liberal. No nos debe sorprender, dado el origen del Nuevo Laborismo en un grupo de intelectuales del Partido Comunista de Gran Bretaña.
Este grupo, muy influido por las ideas de Gramsci, concluyó que ningún Partido Laborista tradicional podría ganar elecciones británicas contra el partido conservador de Margaret Thatcher. Para ganar, el partido se tendría que reformar radicalmente para convencer a dos grupos sociales clave que se habían beneficiado bastante bajo los Gobiernos de Thatcher: la clase media profesional y la clase obrera en el sur de Inglaterra. Para conseguir esto, el partido tendría que abandonar sus obsesiones tradicionales con los sindicatos y el control estatal de la economía y aceptar la realidad de la globalización. No sólo tendría que aceptar los hechos de la revolución de Thatcher, sino profundizarlos. Como buenos comunistas, estos intelectuales planearon bien su estrategia. Disolvieron el Partido Comunista. Convirtieron su periódico en una revista teórica de la nueva izquierda. Crearon un think tank llamado DEMOS para que sirviera como un puente entre el partido laborista y los mundos empresariales y académicos. Por fin, identificaron temprano a Tony Blair como el líder del proyecto. Pero si su herencia marxista tenía ventajas en términos de planificación, también manchó el proyecto con un autoritarismo leninista. Los principios del centralismo democrático sirvieron para tomar el control del nuevo proyecto y del Partido Laborista. Blair, un político de una inteligencia estrecha y poca experiencia, le agradecía a este enfoque leninista que le daba el fácil control del partido y del Gobierno. Rodeado por una guardia pretoriana de asesores de parecida inteligencia estrecha y experiencia limitada, Blair empezó fiándose de su propia propaganda, que estaba lanzando un nuevo tipo de política. Pero Blair en ningún momento entendía los conflictos que este enfoque autoritario provocaría con el liberalismo, que también apostaba, con su propio Gobierno o con la realidad de la sociedad moderna. Estos conflictos terminaron hundiendo el proyecto.
Al inicio, el proyecto de Nuevo Laborismo fue bien recibido por la corriente liberal en la política británica. El entonces líder del Partido Liberal, Paddy Ashdown, hablaba de alianzas con los laboristas. Intelectuales liberales apoyaban a Blair con entusiasmo en la prensa. Sin embargo, el aspecto autoritario del proyecto surgió aún antes del 11-S. En los primeros días de su Gobierno, el lema de Blair "duro con el crimen, duro con las causas de crimen" se tradujo en una reducción continua de las libertades civiles. El 11-S y la guerra contra el terrorismo permitió un ataque aun más brutal contra las libertades tradicionales del ciudadano británico. Los liberales indignados que protestaron se encontraron acusados de ser los amigos de los terroristas. Blair dependía de su instinto populista y del miedo al terrorismo que su propio Gobierno estaba promoviendo. El paralelismo con 1984, la novela de George Orwell, eran cada día más obvios. Al fin y al cabo, e irónicamente, fue el Partido Conservador el que cogió la bandera de la libertad en su campaña en contra de las tarjetas de identidad y se enteró, muy a su sorpresa, que fue una campaña muy popular entre los británicos.
El proyecto del Nuevo Laborismo terminará como otro intento fracasado de adaptar la social-democracia al capitalismo liberal.
Autoritarismo
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