Las elecciones europeas tienen, por ello, una notable relevancia. Cambiar la actual mayoría conservadora por otra socialista y progresista es muy importante para afrontar la renovación de la UE, para orientar la salida de la crisis hacia propuestas que protejan a los más débiles y para abordar las cuestiones que van a recaer sobre la próxima Presidencia española (estrategia de Lisboa, política migratoria, desarrollo del Tratado de Lisboa, directiva de desplazamiento de trabajadores). En clave española, también para evitar que el PP pueda ver respaldadas unas propuestas sobre la crisis que son contrarias a las que defienden las organizaciones políticas, sociales y sindicales de la izquierda en Europa. Y que, por otra parte, nadie (salvo el Gobierno checo) está proponiendo. El Parlamento es la institución más democrática de la UE y la que más cerca está de las aspiraciones de los ciudadanos (como se ha evidenciado con las directivas sobre servicios o sobre tiempo de trabajo). Por ello en las elecciones europeas la confrontación derecha-izquierda tiene más sentido y más utilidad que nunca.
Renovar el proyecto de Unión Europea para conciliarla en mayor grado con los ciudadanos requiere añadir una Unión social a la actual Unión económica y monetaria.