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Temas para el Debate 174 Temas para el Debate

El final de la apoteosis del capitalismo financiero

por Francisco Fernández Marugán
Temas para el Debate nº 174, Mayo 2009

Número de páginas: 3
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El debate tal como se plantea trata de definir el papel que debe desempeñar el Estado en la actividad de las instituciones financieras. La pertinencia del mismo me parece destacada porque se vive un fenómeno peculiar: hay control público de la entidad, a la vez que de una forma u otra en ella persista la propiedad privada de los antiguos banqueros, en un momento crítico donde se procede a solventar sus carencias patrimoniales con dinero del contribuyente. Cito esta última cuestión porque la creo relevante, ya que la mera intervención pública implica la asunción de riesgos por parte del presupuesto de los Estados que se podrán materializar, en algún momento, sin que actualmente pueda deducirse la cuantía y el sentido de los aportes.
Considero, por añadidura, que resulta interesante el acercarse a aquellos que, desde diferentes planos, se posicionan en torno a este asunto. Lo digo porque ésta es una polémica que no se oculta, todo lo contrario, se exhibe. De hecho, cada vez son más numerosas las voces que reclaman que las autoridades acudan a salvar al sistema financiero de sus propios excesos. Las levantan banqueros, economistas, líderes políticos e inclusive directivos del FMI, todos llaman a las puertas del Estado. La peculiaridad de esta bulla es que en ella participaban un grupo muy numeroso de personas que han sido contrarios a todo tipo de intervención y que ahora se han convertido en defensores de la fe en el Estado. Aunque debe esperarse que, pasado un tiempo, dejarán de serlo.
Admito su personación en este debate, porque la mutación que se está produciendo es tan severa que la crisis financiera internacional se ha convertido en un magma destructivo de riqueza, de ahorros, de empleo y de vidas, que afecta de una manera o de otra a todos los países y dentro de ellos a muchas personas. Pero a la vez que ha hecho eso, ha modificado la función de los bancos centrales, de los Tesoros y de los Estados que se han convertido en compradores de última instancia de cosas insospechadas e inverosímiles.
¿Cuánto tiempo tardarán en reestructurarse esos bancos de tan alta dimensión, por ejemplo el Citigroup, que han pasado al área pública, si tomamos en cuenta lo complicado que es su entramado institucional? La pregunta no es baladí por la simple razón de que algunos de los grandes bancos que se han hundido por ahí, por el mundo, son demasiado complejos de gestionar, demasiado grandes para caer y demasiado difíciles de modificar (Martin Wolf). Por lo que el retorno al espacio privado del que proceden llevará bastante tiempo, sin que resulte sencillo adivinar el saldo que se obtenga de esta operación.
El botín de la élite
Es este un asunto que a medida que se va conociendo está llamando la atención de la opinión pública, que asiste perpleja al conocimiento de las retribuciones de los directivos de muchas de las entidades que han entrado en crisis y en particular de aquellas que han sido reflotadas a través de ayudas públicas.
El escándalo que se ha originado, cuando se han sabido las cuantías, los procedimientos retributivos, así como los vehículos jurídicos mediante los que las obtienen, es sencillamente descomunal. Pero la irritación alcanza las más altas cotas al comprobarse que, inclusive en los momentos en los que la quiebra y el derrumbe de muchas instituciones financieras se estaban produciendo, quienes las gestionaban se dedicaban a practicar un burdo sistema de apropiación -no del excedente que ya no lo generaban, sino de una parte de la cuantía percibida desde los impuestos de los contribuyentes-.
La avaricia ha permitido que, en casos bien conocidos, la captación indebida de rentas se haya convertido en una actividad frecuente por parte de los gestores responsables de esas entidades, quienes hasta en esos momentos tan críticos han continuado aplicando los contenidos y planteamientos característicos de la operativa financiera que venían practicando. Eso sí, esta vez actuaban contra los intereses generales de su sociedad.
Quizás por ello aparecen sólidas razones de higiene y sanidad pública que justifican la demanda de que para neutralizar semejante perversión está justificada la intervención pública.
La opinión pública asiste perpleja al conocimiento de las retribuciones de los directivos de muchas de las entidades que han entrado en crisis y, en particular, de aquellas que han sido reflotadas a través de ayudas públicas.
La reconstrucción del sistema financiero
Volviendo a la línea argumental que estaba desarrollando diré que el inventario de la crisis está ocasionando una reconstrucción total del sistema financiero internacional. En él se han producido cambios que van mucho más allá del miedo que al principio pudieron causar operaciones como las de las hipotecas basura.
A la hora de fijarme en ella, parto del hecho de que esa transformación será lenta, por muchas razones, entre las que está que los precios de los activos propiedad de los bancos, que ahora se están envileciendo, tardarán un tiempo en adquirir un nuevo valor de equilibrio. Valor de equilibrio que ha de ser adecuadamente contabilizado, incluido en los balances y asumido en las pérdidas. Esto, que parece muy técnico y muy aséptico, es muy importante, aunque solo sea porque determinar los nuevos precios de los activos equivale a asignar las pérdidas entre quienes son responsables de su origen (proveedores, clientes, gestores y propietarios).
Estas operaciones, como se está viendo, originan fuertes resistencias. Los grandes bancos prefieren dejar sus activos donde ahora están, en sus balances. Si se ven obligados a sacarlos a relucir o a venderlos, saben que esto será a un precio muy bajo, lo que les llevaría a reconocer un volumen de pérdidas considerable, a lo que no parecen estar muy dispuestos.
Hay otro hecho que creo que es el momento de sacar a la luz. Es una idea que no suele argumentarse con frecuencia, pero que es una de las razones que contribuye a explicar lo que está sucediendo. Ha venido funcionando, en una parte importante de la banca internacional, un sistema financiero en la sombra: que ahora deberá aflorar y absorber. Sólo después de que haga eso es cuando tiene sentido económico y político proceder a la recapitalización de esas entidades.
Todo lo que he expuesto equivale a señalar que si la crisis empezó por la banca, terminará en ella (Tornabell), es decir, sólo cuando el sistema financiero internacional responda volverá el crecimiento. Por lo tanto, para poder salir de este enorme cráter hay que construir una banca con unos fundamentos diferentes al modelo que ha desaparecido entre agosto de 2007 y hoy en día.
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