En algunas partes del mundo la ruina del sistema financiero resulta evidente, lo que ha conducido a que su recapitalización se esté produciendo con dinero público. Este proceso plantea fenómenos proteccionistas. A él seguirán pruebas de solvencia que conducirán a que algunas entidades deban ser cerradas, otras fusionadas e inclusive gestionadas por los gobiernos de las naciones donde estén localizadas. Al margen de la reconstrucción del sistema financiero, resultan imprescindibles nuevas regulaciones para evitar los riesgos ocultos que con tanta profusión ha producido.
En el futuro tendremos que proteger mejor la economía real de los excesos del sector financiero. (R. Solow, Premio Nobel de Economía 1987).
El sector financiero y las empresas de servicios vinculadas a él obtuvieron, durante la fase de expansión del ciclo que acaba de terminar, unos beneficios extraordinarios. En los mercados de Wall Street y de la City londinense duplicaron su tamaño y obtuvieron dividendos multimillonarios. Pese a ello, cuando estalla la crisis, para mantenerse a flote, tienen que recibir un torrente de dinero público. La debilidad de su situación hizo que pasaran a demandar que se las salvara, porque sostenían que en el caso de que se hundieran, entraba en riesgo la seguridad de todos los demás. Desde el primer momento, una catarata de opiniones aparecieron, interrogándose por las causas que se derivaban de estos hechos.
¿Cómo es posible que una crisis, que aparece cuando explota una burbuja inmobiliaria, en California, Arizona, Michigan o en La Florida, haya terminado causando una catástrofe financiera en Islandia? (Krugman).
¿Por qué los bancos necesitan y posiblemente necesitarán, durante los próximos años, recibir inyecciones de recursos, para mantener unas condiciones más prósperas? (Summers).
¿Por qué han de ser los contribuyentes ordinarios los que deben pagar el rescate del sector financiero? (Rogoff).
¿Quién debe soportar las deudas? ¿Cuál es el mejor procedimiento para reestructurar los bancos? (Martin Wolf).
He traído a colación a un grupo de economistas norteamericanos y británicos de primera línea, podría haber ampliado aun más la lista para hacer más comprensible la situación. Me parece suficiente con lo que he expuesto, ya que permite sintetizar los diferentes puntos de vista en un triple planteamiento:
¿Ha terminado la época durante la cual el triunfalismo del capitalismo financiero, sin apenas regulación, se extendió por todo el mundo?
¿Sigue siendo útil la idea de que la economía se cuida a sí misma, alcanzando siempre un punto de equilibrio?
¿Es posible que el sistema financiero internacional aguante más de año y medio sin interbancario?
Responder a un número tan amplio y tan destacado de preguntas no resulta ni fácil ni sencillo. Hay muchos bancos, en muchas naciones del mundo desarrollado, que no disponen de capital suficiente para hacer frente a sus compromisos, pero, además, sus clientes son incapaces de devolver el dinero que han tomado a préstamo. En términos mercantiles han llegado a un punto en el que deberían proceder a la suspensión de pagos. Claro está que, si esto es así, para que vaya evitándose el que ocurra algo parecido a la quiebra de uno tras otro debería procederse a la recapitalización de estas entidades.
Esto sucede, entre otras razones, porque la crisis ha revelado que una parte del capitalismo financiero ha venido funcionando sin disponer del capital suficiente para afrontar la devaluación de sus activos.
Debido a ello, la primera de las tareas que se han planteado las autoridades es la de estabilizar el sistema, asegurando que va a disponer de capital para continuar desplegando su actividad. "Hemos reiterado la determinación del Gobierno de asegurar las instituciones financieras importantes, desde el punto de vista sistémico, para que puedan seguir cumpliendo con sus obligaciones" (Bernanke. Consejo de Relaciones Exteriores).
Ésta es una premisa que está suficientemente contrastada. Con capital y calendario se ha salido siempre de las crisis bancarias. En España, que tiene unas rica experiencia en como se solventan las crisis financieras, se ha podido mostrar empíricamente lo que Bernanke ha dicho. Pero, detrás de el qué hay que hacer, igualmente hay que plantearse el cómo se hacen las cosas.
Lo que implica definir una serie de líneas adicionales de actuación:
¿Quién puede proporcionar esa garantía? Sólo los Estados tienen la capacidad reguladora y, sobre todo, los recursos necesarios para proceder a llevar a cabo una operación de esta naturaleza. Los demás se ha visto cómo han desaparecido a lo largo de los últimos meses.
Ahora bien, el traslado de recursos desde las arcas públicas al sector financiero, dada la enorme cuantía que en algunas naciones ha adquirido, se está volviendo un asunto muy impopular. En los EEUU, donde se encuentra el epicentro de la crisis, ésta ha roto el contrato social: la gente era libre para triunfar y para fracasar, sin ninguna ayuda. "Ahora, en nombre del riesgo sistémico, los rescates han inyectado sumas asombrosas en las maltrechas instituciones que derrumbaron la economía" (Martin Wolf).
La hostilidad de los ciudadanos también aparece en otros lugares. Este comportamiento posee la singularidad de que se refleja de manera coincidente entre quienes defienden diferentes posiciones ideológicas. La proliferación de tales sentimientos ha llegado al extremo de que las autoridades se planteen si es conveniente o no dar dinero para limpiar los balances de los bancos. Las razones en las que se apoyan son muy complejas para poder desarrollarlas ahora aquí.
Cuando se habla de nacionalizaciones, totales o parciales, temporales o definitivas, las referencias se hacen a las entidades financieras que han entrado en pérdidas.
El debate de las nacionalizaciones
La respuesta que acabo de dar empuja hacia otros interrogantes, una parte de los cuales gira alrededor de las posibles nacionalizaciones.
Antes de avanzar en esta posibilidad he de decir que ahora cuando se habla de nacionalizaciones, totales o parciales, temporales o definitivas, las referencias se hacen a las entidades financieras que han entrado en pérdidas. En sentido contrario, en las discusiones que se escuchan, la nacionalización de un banco que obtiene beneficios queda fuera de lugar. Por lo tanto, quienes plantean esta cuestión se están refiriendo a entidades con problemas de solvencia, en un grado más o menos extremo, en las que pretenden que el Estado, con dinero público, elimine la basura que han ido acumulando en sus balances.