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Temas para el Debate 172 Temas para el Debate

Mitos, Historia, Guerra Civil: la respuesta de la Historia

Temas para el Debate nº 172, Marzo 2009

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Hace setenta años terminó la Guerra Civil. De ellos, cuarenta transcurrieron en condiciones anómalas en la vida española. Tiempo más que suficiente para que los vencedores elaborasen una compleja mitografía sobre el significado y desarrollo de la contienda que habían ganado merced, entre otros factores, a la inhibición de las democracias en contra de la República y a la ayuda que desde el comienzo mismo de la sublevación les prestaron las potencias del Eje.
Esa mitografía, que pasaba por historia, no tuvo demasiado eco fuera de la España franquista. Desde fecha temprana, la apertura de los archivos nazis por parte de los aliados empezó a teñir de dudas las interpretaciones de lo que a este lado de los Pirineos solía caracterizarse como "la Cruzada". La historia de la Guerra Civil pasó a ser el dominio en que se labraron sus reputaciones algunos autores extranjeros o españoles que residían más allá de nuestras fronteras. Ninguno de ellos podía caer bajo la férula de la censura, aunque sus publicaciones no siempre tuvieron la divulgación que merecían. Subsiste como auténtico inventario de los despropósitos franquistas la fundamental obra de Herbert R. Southworth sobre el mito de la cruzada de Franco.
La elaboración de una auténtica historia de la Guerra Civil hubo de esperar al fallecimiento del dictador y a la recuperación de las libertades democráticas. Fue una ocupación inmediata que resultó en un diluvio de publicaciones, en las que se recordaba de dónde veníamos y lo que los demócratas españoles hubieron de sufrir. Desde entonces, han transcurrido casi tantos años como los que tuvo la dictadura para intentar implantar sus interpretaciones en las mentes de los niños que accedieron a la escuela pública o a la privada, mayoritariamente confesional, a lo largo de los "años de paz".
Libres de censura, de los tiernos cuidados de la Dirección General de Seguridad, de la Brigada Político Social, o del Tribunal de Orden Público, lo que los historiadores han ido poniendo al descubierto no ha dejado incólume ni una sola de las tesis fundamentales que acuñaron y propagaron los vencedores. En mayor o menor medida, todas han ido cayendo una tras otra. Ninguna ha podido resistir la contrastación crítica con las fuentes primarias. Lo que escribieron los "historiadores" del régimen -policías, soldados, propagandistas y académicos complacientes- ha resultado ser, salvando contadísimas excepciones, mera "historietografía", por utilizar una expresión que ha hecho fortuna.
Ello no obstante, de un tiempo a esta parte, a partir esencialmente de la victoria en las urnas del Partido Popular en 1996, hemos asistido a una extraña revitalización de los viejos mitos franquistas. Es como si los conocimientos extraídos del penoso análisis de archivos y documentos de época no hubiesen servido para nada. El antecedente del actual régimen democrático que fue la Segunda República se ha distorsionado hasta la saciedad. Se ha transmitido, y algunos siguen transmitiendo, una visión ideologizada y escasamente conectada con la realidad histórica de lo que fue la primera ocasión en la que las fuerzas de la izquierda y del centro-izquierda impulsaron desde el poder una profunda modernización de España.
La Iglesia católica, por su lado, ha procedido a beatificaciones masivas de víctimas de la violencia republicana, a la vez que ha guardado un discretísimo silencio sobre su responsabilidad en la configuración ideológica de "la Cruzada" y en la violencia franquista, más aterradora, masiva y duradera que la de sus oponentes. Su papel en la represión tras la guerra está empezando a ser desvelado. No es algo de lo que pueda sentirse orgullosa.
En definitiva, el pasado se ha reinterpretado a la luz de las necesidades de la pugna política e ideológica del presente. Tal vez para hacer frente no sólo al partido socialista en el poder sino, más significativamente, para cortocircuitar el movimiento profundo que en el seno de la sociedad civil se ha generado de unos años a esta parte para recuperar la memoria de los vencidos, poner al descubierto las "fosas del silencio", identificar los verdugos y sacar a la luz el dolor diferido de los nietos de las víctimas de aquellas salvajadas. Ha quedado claro para sectores cada vez más amplios de la sociedad española que la figura de Franco no puede ser intocable, antes al contrario. Su imagen y la de su régimen sólo se defiende hoy a través de la acumulación de mensajes negacionistas respecto a la Guerra Civil.
En este número de TEMAS hemos convocado a varios historiadores españoles. Son todos, sin excepción, profesores de Universidad y reconocidos investigadores de fuentes primarias. Les hemos pedido que pongan los puntos sobre las íes con respecto a algunos de los mitos franquistas que un vocinglero, aunque pequeño, grupo de propagandistas ha venido presentando al público como si fueran el resultado de nuevas investigaciones, nuevos enfoques, nuevos planteamientos.
Nuestra intención ha estribado en hacer ver al lector de buena fe que este revival está basado en mera ideología, cuando no en supercherías, en manipulaciones y en tergiversaciones. No en la confrontación con los datos y con los documentos.
El conocimiento de un pasado aherrojado, manipulado y desvirtuado es condición indispensable para asentar sobre bases firmes la conciencia democrática. La Guerra Civil fue una inmensa fractura de la sociedad española y sus efectos se harán hacer sentir durante muchos lustros. Pero España, afortunadamente, no es una excepción en Europa donde, bien o mal, casi todos los países han lidiado con los fantasmas y las fantasías de sus respectivas historias.
Nuestros universitarios y nuestros investigadores han sabido estar a la altura de las circunstancias. Hoy, tanto la historia de la Guerra Civil como del franquismo se hacen mayoritariamente en España. Es lo lógico. También en esto hemos dejado de ser una anomalía. Los que han respondido a la invitación de han concentrado su atención en los mitos franquistas más sustanciales. Innecesario es decir que su selección no es la única posible. Han quedado en el tintero, faltos de espacio, muchos otros. Pero los abordados en este número se caracterizan por tres rasgos esenciales: surgieron en los tiempos tenebrosos de la Guerra Civil, se desarrollaron al amparo de una censura férrea y de una legislación cuasi guerrera durante el franquismo y han vuelto a surgir en los últimos años. Es siempre conveniente volver a divulgar su inanidad. Porque respetamos la verdad. Porque estamos comprometidos con el conocimiento. Por amor a la democracia. En último término, por respeto a quienes lucharon y sufrieron por ella.
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