www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España

 >> arce.es


Última actualización: (CET)


Revista de Occidente 331 Revista de Occidente

Politeísmo y globalización

por Paolo Scarpi
Revista de Occidente nº 331, Diciembre 2008

Número de páginas: 5
imprimir

Por el contrario, en tierra griega la majestad fue asumida por Zeus, a invitación de los otros dioses, sólo después de haber derrotado, primero, a Cronos y a los Titanes, y luego a Tifón, otorgando finalmente orden al mundo (Hesíodo, Teogonía, vv. 781-85). Ni Urano ni Cronos ejercieron nunca el poder real en la tradición hesíodica. La majestad de Urano, «primer soberano del mundo» según la Biblioteca de Apolodoro (I, 1, 1 [1]), refleja evidentemente el horizonte político-cultural en el que se movía este escritor, que, si bien no conoció a los soberanos helenísticos, tuvo ciertamente experiencia de los señores de Roma. E igualmente la cosmología «órfica», que atribuía cierta majestad primordial a la Noche y al mismo Urano -ya en el papiro de Derveni, datado a comienzos del siglo IV a.C.-, estaba probablemente influida por las tradiciones orientales y no reflejaba por otra parte todo el horizonte cultural e ideológico griego.
En cualquier caso, la majestad de Zeus tiene sus límites y cortapisas, exactamente igual que las acciones de todas las divinidades del panteón griego. Dotado de una personalidad propia, cada dios era distinto de los demás dioses, y por tanto poseía sus rasgos específicos y sus funciones propias, siendo destinatario de un culto y de unos ritos, y objeto de una mitología. En este sentido la actividad de un dios estaba circunscrita y limitada a la esfera de competencia que le correspondía, limitando a su vez al mismo tiempo la acción de los otros dioses. Éstos no tenían todavía ámbitos cerrados, sino interactivos, necesariamente jerarquizados para que el desenvolvimiento de las funciones que correspondían a cada dios respondiese al orden cósmico. En este sentido el politeísmo griego reflejaba las divisiones y las especializaciones funcionales, las jerarquías y las articulaciones de la sociedad griega, la cual seguía encontrando en la unidad del pantheon y en la identidad de los dioses el fundamento de la propia unidad e identidad y al mismo tiempo identificaba en él un modo de dar forma y sentido al mundo y de contemplarlo de manera sistemática. Los dioses eran pues «formas perfectas» de un mundo antropomórficamente representado y vivido, diferenciadas, personales y funcionales, con campos de acción limitados y un grado de interacción recíproco, que tendía a limitar sus respectivas áreas de competencia. Es una recíproca limitación que crea una especie de superposición por transparencia no tanto por los conflictos en que los dioses pueden oponerse entre ellos, cuando determinan los avatares de la guerra de Troya o de Odiseo, cuanto por la copresencia de otras divinidades que tutelan los hechos socialmente importantes. Éste es por ejemplo el caso de Afrodita, Hera, Artemisa y Atenea, bajo cuya tutela se sitúa el universo femenino, y del que aparece ya consciente La Odisea (XX, 66 ss.). Si, en efecto, Artemisa cubre la fase prepúber de la mujer y Afrodita la dimensión de la sexualidad en el momento en que las muchachas la descubren, Hera representa el papel de la esposa y Atenea el espacio en que se despliegan las actividades femeninas; a éstas se asociaba la diosa Démeter, que encarnaba la dimensión materna del universo femenino.
Si ésta es la majestad de los dioses griegos, confinada a un espacio y a un tiempo alejados de los hombres, donde sólo uno es rey, aunque se trate de una majestad relativa y limitada por la acción de las restantes divinidades, entre los héroes, categoría de seres extrahumanos típicamente griega, todos o casi todos son reyes, sin que ninguno se sitúe por encima de los demás. No lo está Heracles, que en cualquier caso tampoco es rey, y ni siquiera Agamenón, rey de Argos, que, cuando conduce el ejército aqueo contra Troya, es más bien un primus inter pares que un soberano absoluto, y está condicionado por la voluntad de los demás jefes, sus iguales, como se ve en las asambleas donde todos se reúnen. A su vez la influencia -no la autoridad- de Néstor, rey de Pilos, derivaba de su prestigio.
En la tierra, entre los héroes, la majestad se hace añicos y pulveriza, hasta el punto de que el héroe ático por excelencia, Teseo, que sucede a Esón en el trono de Atenas, émulo de Heracles y autor del sinecismo ático, es también, según una tradición, aquel que introduce en el Ática la democracia (escolios de Aristófanes, Pluto , v. 627). Pero los héroes, si bien mortales, habitaban también la tierra del mito y contribuían a otorgar sentido al presente gracias a la cifra ritual que encontraba aplicación en sus tumbas: así la majestad queda definitivamente relegada al mito y excluida de la memoria.
Paréntesis geográfica y cronológicamente limitado, el accidente cultural de la cultura griega y su politeísmo aparece como una anomalía en la historia del Mediterráneo y de todo el Occidente: anomalía que ha dejado huellas, nostalgias y gran cantidad de retórica sin lograr no obstante detener el proceso de homogeneización que el universalismo político-religioso de los reinos orientales, primero, y de Alejandro y sus sucesores, Roma y el cristianismo, después, traía inevitablemente consigo. Por otra parte, la antigua Grecia, tierra de lo múltiple, conoció enseguida una sistemática crítica interna que arremetió contra la estructura del politeísmo, con Jenófanes de Colofón, y contra el concepto de verdad, claramente distinto, a causa de su carácter metahistórico, del pensamiento común, de la opinión ( doxa ), para la escuela eleática. La verdad era en efecto una revelación que Parménides de Elea obtiene de la diosa durante su viaje sideral: en un carro arrastrado por caballos, a lo largo de un camino señalado por muchachas, el hombre que conocía la luz fue conducido al otro lado de la puerta que permite adentrarse en los senderos de la Noche y del Día. Diké, la Justicia, la Gran Vengadora, guardiana de las llaves de dicha puerta, le abrió de par en par sus batientes. Junto con su conductor, carro y caballos fueron conducidos a la luz. Era un camino alejado de las pisadas de los hombres, donde aquel hombre debía estar dispuesto a conocerlo todo, tanto el corazón sin temblores de la rotunda Verdad, como las opiniones de los mortales, en las que no existe certeza de verdad (28 B 1, Diels-Kranz).
Ésta fue probablemente una de las muchas formas de erosión del principio de multiplicidad característico del pensamiento mítico, que se reduce drásticamente a medida que avanzaron los reyes divinos con sus mitos, esto es a medida que el poder se va haciendo cada vez menos justificado y legítimo, sustraído a cualquier control social colectivo. Y de este modo la historia de la anomalía griega contraria a los antiguos imperios universales, opuesta al actual proceso de globalización económica, puede parecer la historia de un fracaso, insinuando la inquietante sospecha de que también la historia de las democracias contemporáneas esté empezando a ser la historia de un fracaso.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
P. Bettiolo, G. Filoramo (eds.), Il dio mortale. Teologie politichwe tra antico e contemporaneo . Morcelliana, Brescia, 2002.
E. Bresciani (ed.), Testi religiosi dell'antico Egitto , Mondadori, Milán, 2001.
M. Gauchet, Il disincanto del mondo. Una storia politica della religione, Einaudi, Turín, 1992.
L. R. Kurtz, Le religioni nell'era della globalizazione , Il Mulino, Bolonia, 2000.
C. Lévi-Strauss, Un itinéraire. Entretien avecMarcelloMassenzio , L'Échoppe, París, 2002.
J. B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts , Princeton Universiy Press,
Princeton (NJ), 1969.
D. Sabbatucci, Il mito, il rito e la storia , Bulzoni, Roma, 1978.
D. Sabbatucci, La prospettiva storico-religiosa , SEAM, Roma, 2000.
P. Scarpi, La fuga ed il ritorno . Marsilio, Venecia, 1992.
-, Le religioni del mondo antico: i politeismi , in G. Filoramo, M. Massenzio,
Número de páginas: 5
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 10 de Febrero de 2012 12:33:49