«En semejante situación carece de sentido buscar directamente una respuesta en los principios kantianos. Hay que ensuciarse las manos, y eso hizo en Francia el Conseil d'État , al emitir un dictamen muy matizado por el que las alumnas en cuestión podían seguir llevando sus velos, sin que de esa sentencia pudieran desprenderse otros derechos que dieran a la misma un significado totalmente diferente. Creo que es la respuesta correcta ante este tipo de tensiones. Por supuesto, también yo considero escandaloso que las mujeres no puedan conducir un coche o no tengan derecho a la enseñanza. Pero la cosa es más complicada. Hay que mirar a las personas con quienes se trata y averiguar lo que quieren. A veces, las personas quieren su propio sometimiento: existe algo así como un avasallamiento voluntario. No hay que forzar a las personas. Mire el caso de Irán, donde una liberación demasiado rápida de la moral provocó de rebote el efecto contrario.»
Un universalismo bien temperado...
«Exacto. Por ello hablo de un humanismo moderado o bien temperado. La búsqueda de ese tipo de respuestas no corresponde a los filósofos, sino al que conoce la situación. Ahora bien, éste deberá estar atento a todos los aspectos filosóficos que entran en juego. Lamentablemente, no basta con tener bellos principios.»
El peluche cae por última vez al suelo. Todorov acaricia a su hijo. «Sí, cariño, nos vamos a casa».
Traducción: Catalina Ginard Ferón.