Imposible pero real. Memoria e historia (de Mayo del 68 al 11-S)*
* Conferencia pronunciada el 13 de noviembre de 2007 en el Máster de Periodismo de la Facultad de Ciencias de la Información.
El punto de partida de mi intervención es una frase de Georges Bataille contenida en el ensayo Les larmes et les rois (1956). En francés la frase es como sigue: «Impossible et pourtant là» . Es una frase que define la experiencia de la soberanía que se manifiesta cuando conseguimos sustraernos al mundo de la utilidad y acceder a una experiencia plena del presente. Esto ocurre, según Bataille, en una serie de acontecimientos que abarcan el arte y lo sagrado, la risa y el llanto, la sexualidad y la muerte. El encuentro con estos acontecimientos genera una especie de ebriedad, una sensación milagrosa, el ingreso en un estado de excepción que se emancipa de las cadenas de lo cotidiano. Aunque él se sirve de la palabra «milagro» para designar ese modo de ser, no debemos entender el término en relación a ningún tipo de trascendencia: se mantiene en el terreno de la inmanencia. No hay ningún más allá, ninguna intervención sobrenatural ni divina, ningún prodigio que manifieste la acción de un ente supraterreno. Las palabras miracle y miraculeux son entendidas en un sentido literal: derivan del latín mirus , que quiere decir admirable, maravilloso, sorprendente . El contexto al que remite el milagro está conectado para Bataille con la etimología de mirus , que presenta una afinidad con la raíz indoeuropea de la que proviene el griego ìåéäéá ´ ù , que quiere decir sonreir , de donde el inglés smile . Por otra parte sólo el ser humano sonríe: si en otros libros Bataille fue el fundador de una antropología erótica, que veía justamente en el erotismo la característica distintiva del ser humano, aquí parece orientarse hacia una antropología sonriente. En efecto, el instante milagroso es aquel en que la espera se resuelve en nada. Bataille parece repetir la famosa definición de Kant según la cual la risa es un afecto que deriva de una expectación tensa, que de golpe se resuelve en nada ( Crítica del juicio, § 54).
Volviendo a la obra de Bataille treinta años después de la publicación de mi libro sobre él (Perniola, 1977), si ésta es la frase que se quedó grabada en la memoria y se impone hoy a mi atención no es tanto, o sólo, porque constituya el motivo recurrente en torno a la cual gira mi interpretación de este escritor, sino porque describe de un modo extremadamente conciso la experiencia que ha guiado, si no toda mi investigación teórica, sí desde luego mi reflexión sobre la existencia.
Como se sabe, para Bataille los momentos soberanos por excelencia, en los que se manifiesta algo imprevisto, inesperado y tenido hasta entonces por imposible, son aquellos en que muerte y sexualidad se aproximan hasta confundirse. Muchos de mis libros, pero especialmente El sex-appeal de lo inorgánico , pueden ser leídos como desarrollos de este tema. Sin embargo los rasgos característicos de la cultura nacional a la que pertenezco, la italiana, y además el diferente período histórico en que he vivido, me han hecho entender esta frase en un sentido que desborda el contexto de las experiencias privadas y remite a la experiencia colectiva, es decir a la historia. Ciertamente también para Bataille la historia fue objeto de una reflexión constante y tenaz: sin embargo, él pensó casi siempre la soberanía en relación con épocas lejanas en el espacio y en el tiempo. Son la antropología y la antigüedad, y no el mundo contemporáneo suyo, las que le proporcionan las referencias y los ejemplos de soberanía pública: el potlatch , las pirámides, los sacrificios, las grandes artes del pasado. Capitalismo y comunismo, los dos modelos de sociedad que se contraponían en su época, estaban para él igualmente sometidos a la lógica servil del trabajo y la utilidad y eran por ello inaccesibles a la irrupción de lo impossible et pourtant..
Tres acontecimientos imposibles pero reales
A mí me ha tocado vivir una época totalmente distinta, que ha conocido al menos tres acontecimientos históricos en los que las características que Bataille atribuye al milagro se han manifestado ante la mirada del mundo entero de forma asombrosa y brutal: el mayo francés del 68; la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la consiguiente disolución de la Unión Soviética, y el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 . Son tres acontecimientos que nunca habría imaginado contemplar en el transcurso de mi vida: la mayor huelga salvaje de la historia, la descomposición del más poderoso sistema burocrático de la historia y el éxito de un ataque militar simultáneo llevado a cabo por diecinueve kamikazes. Tres sucesos cuyo significado profundo sigue escapándosenos, que parecen representar una fractura histórica de enorme trascendencia, y que al mismo tiempo parecen haber sido inútiles, en el sentido de que su significación imaginaria es inmensamente mayor que sus consecuencias reales. Tal vez sería mejor decir que la verdad efectiva de la cosa (recuperando la expresión de Maquiavelo*, de tanto arraigo en el modo de pensar italiano, impregnado de realismo político) es evidente: está aquí, ici ; pero al mismo tiempo está allá, là (en el sentido italiano del adverbio), por encontrarse conectado a una inversión afectiva, imaginaria, emocional inconmensurablemente desproporcionada respecto a la efectiva verdad de la cosa. Hasta tal punto es esto cierto que en 1968, tras la huelga salvaje, todos volvieron al trabajo; que los regímenes comunistas que, como el chino, no se dejaron atemorizar por la sacudida de los regímenes comunistas europeos, continuaron existiendo; y que, en fin, los daños ocasionados por el ataque a las Torres Gemelas fueron insignificantes desde el punto de vista militar. ¿Y sin embargo, quién podría negar el impacto imaginativo y afectivo provocado por esos tres acontecimientos? Imposible et pourtant là ; no ici , aquí, sino là , allá, lo que implica cierto distanciamiento, un décalage , un shift respecto a su verdad efectiva. Tres «milagros» inexplicables desde la pura lógica utilitaria, y que incluso han sido extremadamente perjudiciales desde el punto de vista de lo que Bataille denominaba economía restringida; porque el Mayo francés contribuyó de manera decisiva a debilitar la capacidad negociadora de los trabajadores, porque las condiciones socioeconómicas de la mayoría de los rusos son hoy peores que hace veinte años, y porque el modelo del atentado suicida es lo más opuesto que quepa imaginar al principio de realidad.
En la frase de Bataille están pues en juego al menos tres conceptos filosóficos de una gran importancia: el de realidad histórica, el de praxis y el de presente.
* «Mi e parso più conveniente andare drieto alla verità effettuale della cosa, che alla imaginazione de essa» (He creído más conveniente buscar directamente a la verdad efectiva de la cosa que a lo que podemos imaginar de ella).
La realidad histórica