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Revista de Occidente 323 Revista de Occidente

La complejidad y sus ciencias (Presentación). Complejidad y escala en las organizaciones sociales

por Juan Luis Suárez y Yaneer Bar-Yam
Revista de Occidente nº 323, Abril 2008

Número de páginas: 5
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En 1992, M. Mitchell Waldrop publicó el que sin duda ha sido el libro más importante en la diseminación entre el público de lo que entonces era todavía un difuso movimiento en torno a la ciencia de la complejidad. Había precedentes de investigadores que, de una forma u otra, habían afrontado el problema de cómo estudiar los llamados «sistemas complejos», ya fuera Niklas Luhman en el ámbito de las ciencias sociales o Ilya Prygogine en el de la física. Pero fue a partir de la narración que Waldrop hace en Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos de la incipiente historia del Santa Fe Institute, en Nuevo México, como aquel movimiento cristalizó en lo que hoy constituye uno de los más dinámicos campos del conocimiento.
Desde entonces, los centros e institutos especializados en el estudio de la complejidad han proliferado en las universidades de todo el mundo y el número de las actividades profesionales en torno a los sistemas complejos, ya sean proyectos de investigación, congresos o publicaciones (la revista Complexity acumula ya varios años de vida) da idea de la importancia que ha adquirido para investigadores, políticos, militares y economistas.
Pero, ¿por qué todo este ruido acerca de una «nueva» disciplina científica? Pues bien, la razón principal es la posibilidad de que la investigación sobre la complejidad pueda ofrecer soluciones reales a problemas reales, más allá de las condiciones controladas en que normalmente ocurren la experimentación científica, los escenarios políticos y las previsiones económicas.
El debate acerca de qué es la complejidad y de cuáles son los elementos que cubriría una teoría comprehensiva de la complejidad sigue completamente abierto, en parte porque se trata de un debate en el que están participando casi todas las disciplinas universitarias, tanto científicas como, aunque más lentamente, humanísticas.
Uno de los resultados más positivos de este auge de la complejidad es, precisamente, el hecho de que el estudio de una realidad compleja requiere la participación de un equipo de investigadores que aporten el arsenal conceptual y metodológico de las diferentes disciplinas para afrontar el problema desde una perspectiva comprehensiva. Ya no es posible resolver asuntos realmente importantes -ya sean teóricos o prácticos- utilizando exclusivamente técnicas de análisis que lo diseccionan en partes más pequeñas y manejables. Al contrario, lo que las ciencias de la complejidad persiguen en este momento es definir con exactitud y apertura la escala más apropiada para describir el comportamiento de un sistema y hacerlo sin reducirlo. Las ciencias de la complejidad harían posible identificar los agentes que participan en un sistema así como las interacciones que se producen entre ellos y que dan lugar al comportamiento emergente que es característico de ese sistema. Un comportamiento que no es lineal, sino dinámico y, además, adaptativo. Es decir, se trata de sistemas que aprenden para adaptarse a su entorno.
Lo que ofrecemos aquí es una muestra del trabajo que diversas disciplinas están realizando en el ámbito de la complejidad. No se trata de una muestra exhaustiva, pero sí bastante significativa, tanto por la variedad de la procedencia de los trabajos -física, historia, cultura- como por el hecho de que los tres artículos especifican sus propuestas para un desarrollo de estas disciplinas en función de lo que los avances de los últimos años en el estudio de la complejidad dicen acerca del mundo en que vivimos.
Complejidad y escala en las organizaciones sociales
Yaneer Bar-Yam
En los últimos años la oscuridad de la ciencia se ha hecho añicos debido a un nuevo modo de enfrentarse a gran número de problemas actuales: cómo funcionan nuestras mentes, cómo funcionan las relaciones familiares, cómo ha de protegerse el medio ambiente. El ámbito de los «Sistemas complejos» (Y. Bar-Yam, 1997) supone una forma de considerar la ciencia que entraña la utilización de modelos matemáticos para estudiar la manera en que la relación entre las partes de un sistema dan origen a comportamientos colectivos, como ocurre en una población compuesta de animales, en un cerebro compuesto de neuronas, o en las células constituidas por moléculas. Todos éstos serían ejemplos de sistemas complejos. Aunque durante decenios ha habido aproximaciones a los estudios de sistemas, sólo en fecha reciente se han desarrollado los instrumentos formales, matemáticos, que permiten representar, clasificar y caracterizar eficazmente estos sistemas.
Mientras que los científicos continúan conociendo y debatiendo las oportunidades que puede suponer este nuevo método de análisis, hay muchas personas, científicos y no científicos, que ven con ilusión las nuevas perspectivas que empiezan a abrirse.
Tradicionalmente, el terreno de las teorías cuantitativas ha sido el de las ciencias físicas. Sin embargo, cada vez es más evidente que las teorías científicas surgidas de la atención a los sistemas complejos, puede aplicarse también a la forma en que organizamos nuestros sistemas sociales, incluyendo el mundo de los negocios, los gobiernos y las economías. La excitación con que hoy se contempla la ciencia de la complejidad refleja la repercusión que puede tener en nuestra capacidad de entender los problemas que afectan a nuestra vida cotidiana, cada día más compleja. La generalizada interacción de los individuos en todo el mundo hace que las actividades diarias sean en la actualidad intrínsecamente más complejas de lo que nunca lo han sido. Como demuestra el estudio de los sistemas complejos (cf. Y. Bar-Yam, 1997 y 2002a), este aumento de la complejidad global obliga hoy a que las organizaciones humanas se vuelvan igualmente complejas. Los avances tecnológicos y científicos han permitido, e incluso exigido , un nítido giro en nuestras organizaciones, que han pasado del control centralizado al control repartido. Esta transición, a la que a menudo nos referimos como el advenimiento de la «Era de la Información», tendría que ser entendida como una transición hacia la complejidad.
Mientras que la revolución industrial cambió las fuentes de energía primarias de nuestra sociedad, así como la naturaleza de la actividad humana, esta nueva transición está trayendo, por su parte, un cambio en las estructuras organizativas y en las formas sociales. En muchas de nuestras organizaciones y comunidades, las decisiones ya no se toman de arriba a abajo. Al contrario, para poder actuar más eficazmente, nuestros sistemas sociales se han hecho cada vez menos jerárquicos. Este cambio no se ha producido obligadamente en todas partes al mismo tiempo, y ni siquiera necesita darse en todos los lugares. Sin embargo, el estudio de los sistemas complejos ofrece un mapa que nos ayuda a entender cómo y dónde las fuerzas de la complejidad imponen un cambio hacia unas redes descentralizadas . Entender científicamente este cambio equivaldría a conocer mejor la evolución previa -y la trayectoria futura de nuestra sociedad global. Éstos son algunos de los temas que estudiamos en el New England Complex Systems Institute (NECSI).
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