www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Revista de Occidente 322 Revista de Occidente

El lenguaje de la democracia ¿Crisis conceptual o crisis de sistema?

por Juan Francisco Fuentes y Javier Fernández Sebastián
Revista de Occidente nº 322, Marzo 2008

Número de páginas: 8
imprimir

Todo lo dicho comporta, como se ve, riesgos que es necesario asumir si se quiere abordar la historia conceptual del mundo contemporáneo como un proceso internamente articulado, a lo largo del cual se irían produciendo descartes e innovaciones terminológicas a medida que el cambio histórico lo hiciera necesario. Por lo demás, la equiparación que hemos establecido tiene un sólido argumento en el hecho de que la representación lingüística de la modernidad sólo puede producirse plenamente en un marco de libertad política. En los sistemas totalitarios, por el contrario, el lenguaje desempeña una función constrictiva sobre la historia, que llega al extremo de abolir, haciéndolos desaparecer del vocabulario oficial, los elementos de la realidad que se muestran refractarios a su proyecto histórico. De ahí se derivan dos circunstancias que serían fácilmente verificables en una historia comparada de los lenguajes políticos contemporáneos: 1) El carácter globalizador del lenguaje democrático, capaz de incluir -e incluso de producir-, como le reprochó en su día Marcuse, el lenguaje del otro, frente a la naturaleza excluyente de los lenguajes totalitarios, lo que confiere al primero una representatividad y una versatilidad de la que los segundos necesariamente carecen; y 2) Que los préstamos léxicos y conceptuales entre ambos lenguajes se producen siempre en la misma dirección: es el totalitarismo el que, a veces muy a su pesar, toma del acervo conceptual creado por la Ilustración y el liberalismo términos insoslayables para traducir en palabras el mundo moderno - revolución, parlamento, sindicato, partido, capitalismo ...-, aunque sea para dar a estos términos otro sentido o para declarar históricamente extinguida la realidad que representan - opinión pública, huelga, clases, lucha de clases .... Dicho de otra forma: como corresponde al carácter teleológico de las filosofías de la historia que la subtienden, la modernidad requiere ser expresada en un régimen de libertad que permita reflejar, en vez de negar, su dinamismo interno y su conflictividad. De ahí el lugar central que la tríada progreso/ cambio/crisis ocupa en una tradición conceptual que viene de la Ilustración y desemboca en la democracia, devenida de esta forma mucho más que un sistema político: algo así como la Weltanschauung de un mundo moderno que se representa metafóricamente a sí mismo bajo la imagen de una marcha histórica ascendente, no exenta de traumas, en pos de una meta que incluye el cumplimiento del ideal democrático.
Para calibrar la edad y la vigencia de nuestro lenguaje social y político hemos recogido en un cuadro, dividido a su vez en cinco bloques cronológicos, algunos de los principales términos que constituyen nuestro universo conceptual (véase Cuadro adjunto). El resultado viene a ser un árbol genealógico un tanto singular, pues si, por una parte, permite esbozar una aproximación a las distintas oleadas generacionales que han ido creando el lenguaje de la modernidad, por otro, nos muestra el carácter acumulativo que tiene la historia conceptual, como si las generaciones de conceptos pudieran sobrevivirse a sí mismas. Bien es cierto que, como se verá más adelante, la incorporación a algunos términos de prefijos de carácter temporal - neoconservadurismo, neoliberalismo, postmodernidad, etc.- puede considerarse un síntoma inequívoco de su agotamiento histórico, subsanado mediante una forma de procreación inducida que haría, por ejemplo, del neoliberalismo un hijo tardío, y en cierta manera espurio, del liberalismo. Nuestro cuadro requiere además otras explicaciones y cautelas. Se ha dividido en cinco bloques cronológicos de cincuenta años, que dan margen suficiente para situar cada voz en su lugar, pues nuestro conocimiento de la fecha de aparición de los términos oscila notablemente según los casos: se tiene una fundada certeza del nacimiento de totalitario -adjetivo- (1923), liberalismo (1811), Estado de bienestar/Welfare state (1942), tercer mundo (1952) , intelectual (c. 1897), socialismo (c. 1830), fascismo (c. 1919), genocidio (1944) o clase política (c. 1923).
El nivel de precisión es menor, en cambio, en voces como federalismo, derechos humanos, terrorismo o clase media, pero sabemos lo suficiente sobre su origen como para situarlas en la segunda mitad del siglo XVIII . El criterio establecido para fijar la fecha de nacimiento de un término es su incorporación a cualquiera de las lenguas occidentales, a partir de la cual su irradiación a las demás será, en general, cuestión de muy poco tiempo, pues el lenguaje de la modernidad fue, desde sus orígenes, un lenguaje muy internacional -hoy diríamos muy globalizado. Por último, hay que advertir que esta forma de diseccionar el cambio conceptual, convertido en un registro cronológico de neologismos, no excluye otras vías de aproximación, como puede serlo el estudio de la mutación semántica de un mismo término a lo largo de este período. Voces como Estado, libertad, igualdad, derecho, nación o la propia democracia han experimentado en los dos últimos siglos profundas transformaciones que han afectado radicalmente a su contenido, pero no a su morfología. Por no hablar del distinto significado que tenía en su origen la voz terrorismo y el que ha acabado adquiriendo con el paso del tiempo. La estrategia adoptada consiste, pues, en otorgar al neologismo un valor preeminente en el desarrollo del lenguaje político contemporáneo, a sabiendas de que hay otras manifestaciones de este último que no son fácilmente objetivables.
El inventario realizado, según queda recogido en el cuadro y en el gráfico adjuntos, nos muestra las grandes oleadas conceptuales a partir de las cuales se ha ido construyendo nuestro lenguaje político y social. El corpus está formado por términos que, cualquiera que sea su antigüedad, pueden considerarse hoy en día vigentes en distintos grados. No se incluyen, en cambio, aquellos que por representar una realidad social, política o económica definitivamente superada, como absolutismo, Antiguo Régimen o feudalismo, han ido cayendo en desuso desde su aparición y ocupan hoy en día un lugar marginal en nuestra lengua, más bien en el ámbito de la historiografía y las ciencias sociales. Por lo pronto, el cuadro y el gráfico confirman hasta qué punto el actual lenguaje de la democracia es tributario del universo conceptual creado por la Ilustración y el primer liberalismo entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX. Esta primera observación se funda no sólo en el número de términos hoy en día vigentes en nuestro vocabulario, sino también en su importancia cualitativa: la mayoría de los ismos que representan las ideologías o los sistemas sociales y económicos que han protagonizado la historia del mundo contemporáneo y que constituyen todavía nuestros grandes conceptos de referencia - liberalismo, republicanismo, socialismo, comunismo, conservadurismo, federalismo, anarquismo o capitalismo - nacieron entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es la constatación empírica de la teoría del Sattelzeit de Reinhart Koselleck, que situó en aquel período una transición histórica, a caballo entre dos épocas -así podría traducirse libremente el término alemán-, marcada por una gran ruptura conceptual que habría fijado las grandes líneas de la constitución semántica de la política moderna. No es cuestión de entrar en la polémica sobre el orden de los factores: si fue esta última la que posibilitó el advenimiento de la modernidad o los cambios en las estructuras materiales los que provocaron la aparición de un nuevo lenguaje. El hecho es que en la segunda mitad del siglo XVIII la humanidad empezó a hablar políticamente en otro idioma, que es en gran parte todavía el nuestro.
Número de páginas: 8
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Lunes, 17 de Noviembre de 2008 20:40:08