La pregunta clave es si los hispanos mantendrán su lengua materna o bien se convertirán en hablantes monolingües de inglés con el paso de las generaciones. Conviene tener en cuenta tres factores, a mi juicio, decisivos. El primero es que las altas tasas migratorias y de natalidad mantienen una corriente permanente de impulso y renovación de la lengua. El segundo es que los hispanos de Estados Unidos presentan una peculiaridad: el ritmo de desplazamiento lingüístico del español al inglés es más lento que el habitual entre los inmigrantes de otras procedencias. Y el tercero, a mi modo de ver decisivo, que se está produciendo en los últimos años un nuevo fenómeno: los hispanos han comenzado a darse cuenta de la importancia para la vida laboral de mantener el español y ser bilingües, algo que sólo ha estado siempre claro para los más instruidos. Baste como ejemplo que en Miami los bilingües ganan unos 7.000 dólares más de media al año que los que hablan sólo inglés. De esta forma, y como ha subrayado Humberto López Morales, el papel del español como elemento de cohesión comunicativa local e internacional y su utilidad económica constituyen los factores más significativos para la mayoría de la población hispana.
Pero tan importante como la masiva presencia de hablantes de lengua materna española en Estados Unidos es la actitud de los estadounidenses no hispanos hacia el español. Los mejores indicadores los ofrece una vez más el sistema educativo. En la actualidad, el 80 por 100 de las escuelas estadounidenses de enseñanza elemental ofrece español. En estos últimos años, los porcentajes de casi todas las demás lenguas han bajado: por ejemplo, la segunda más ofertada, el francés, ha pasado del 40 por 100 a menos del 30 por 100, y la tercera, el alemán, ya por debajo del 10 por 100, ha sido superada por el latín.
En la educación secundaria, el español se enseña en más del 90 por 100 de los institutos con lenguas extranjeras. Otro 20 por 100 de las escuelas ofrece clases de español para hispanohablantes.
En las universidades, hace ya tiempo que dos de cada tres alumnos que estudian lenguas extranjeras eligen el español, mientras que el resto se reparte entre docenas de otros idiomas. La razón que esgrimen los universitarios para estudiar masivamente español resulta clara y llena de futuro: es una lengua práctica. No se trata de una casualidad. Los estudiantes de la Universidad de California en Berkeley recién graduados que hablan inglés y español reciben una media de doce propuestas de trabajo. De acuerdo con estos datos, se pueden establecer al menos tres conclusiones: en primer lugar, que el español es la segunda lengua de Estados Unidos, y no ya una lengua extranjera; en segundo lugar, que dado el papel que desempeña Estados Unidos en el mundo parece claro que este país será uno de los centros que definirán el futuro de nuestro idioma, y en tercer lugar, que el arraigo del español en Estados Unidos lo confirmará como una de las dos grandes lenguas de comunicación internacional del siglo XXI .
De todas estas cifras sobre el número de estudiantes de español a lo largo y ancho del planeta, la conclusión principal que se deduce es que la lengua española ocupa hoy, realmente, el segundo lugar como lengua extranjera más estudiada del mundo, y que todas las proyecciones indican que crecerá mucho más en los próximos años, como indican los casos de Brasil y Estados Unidos.
Ésta es, a grandes rasgos, la situación del español como lengua extranjera estudiada en el exterior. La realidad del español en España, su promoción y difusión como lengua extranjera dentro de nuestras fronteras, es otro de los grandes retos pendientes de acometer. El español se ha convertido en una de nuestras principales fuentes de riqueza. Se conoce que aporta el 15 por 100 del Producto Interior Bruto de España, y está por estudiar lo que supone para el resto de los países hispanohablantes. Sin duda estas cifras crecerán de manera exponencial en los próximos años, esto es sólo el comienzo de una prometedora inversión de futuro. En estos momentos visitan España unas 180.000 personas al año para estudiar español. Se trata generalmente de jóvenes que permanecen entre tres y cuatro semanas y que se gastan durante este tiempo unos 2.000 euros de media. Sería deseable promover un impulso definitivo a la industria del turismo lingüístico, una de las industrias más limpias, no contaminantes y prósperas de los próximos años, y que generará varios miles de puestos de trabajo. Con ello se conseguiría desarrollar de manera definitiva el potencial económico de nuestra lengua, un fin estrechamente relacionado con la labor de promoción internacional del español y de difusión de la cultura de los países hispanohablantes.
Conclusión
Las lenguas son fundamentalmente instrumentos de comunicación, y por eso el conocimiento de idiomas proporciona al individuo un mayor grado de libertad de acción. El aprendizaje de lenguas posibilita el acceso a mundos nuevos que abren otras perspectivas, porque cada lengua organiza la realidad, arrastra las experiencias, los saberes, los sueños y la historia de todos sus hablantes y es, en definitiva, una de las mayores riquezas de las que disfruta el ser humano.
Por eso también toda lengua, sea hablada por millones de personas o sólo por unas docenas, es un patrimonio de la humanidad que no sólo no debemos dejar desaparecer, sino que tenemos que procurar que continúe siendo utilizada.