Por otra parte, los datos del español en Australia y Nueva Zelanda sitúan la cifra de estudiantes en cerca de 60.000 alumnos. En Australia el mayor crecimiento en el número de alumnos que estudian español se da en la universidad, mientras que en Nueva Zelanda el aumento de la demanda se enfoca en la enseñanza primaria y secundaria. Los responsables de la política educativa de ambos países reconocen que las lenguas con mayor futuro son el chino mandarín y el español.
A las interesantes cifras ofrecidas hasta el momento por continentes deben añadirse otras aún más considerables: la mayor demanda de español se concentra en el continente americano con más de siete millones de estudiantes en nuestros días. Esta cifra, no obstante, se triplicará en los próximos años. Por un lado, del millón de estudiantes de español que registra Brasil en la actualidad se pasará a un mínimo de once millones en el momento en que se haga plenamente efectiva la reciente Ley del Español, por la que todas las escuelas brasileñas estarán obligadas a ofrecer la asignatura de español en la enseñanza media. El Ministerio de Educación brasileño estima, asimismo, que serán necesarios en torno a 210.000 nuevos profesores de español en el país en los próximos años. El caso de Brasil es, sin duda, de gran trascendencia: los niños podrán elegir o no la nueva asignatura, pero el propio ponente de la citada ley, el diputado Attila Lira, afirmaba que los niños brasileños estudiarán español ya que de una manera u otra saben que les abrirá muchas puertas en su futuro. Estamos hablando, como decíamos, de once millones de nuevos alumnos. En Brasil ya hace tiempo que todas las universidades incluyen el conocimiento de español como requisito para superar las pruebas de acceso, y en algunas de ellas es la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés. Por ejemplo, durante el año académico 2005-2006, en la Universidad de Río de Janeiro unos 28.000 candidatos eligieron examinarse de español, 18.000 de inglés y 800 de francés. En el país hay en total 26 universidades públicas y 24 privadas que ya ofrecen licenciaturas en español. Lo domina el 45 por 100 de los ejecutivos de las grandes empresas y las previsiones indican que dentro de diez años lo hablarán treinta millones de personas, porque, como dijo el ex presidente Henrique Cardoso, «Brasil se encuentra entre el español y el mar».
En Canadá (con cerca de 93.000 estudiantes de español) se han multiplicado las publicaciones en español (incluidas las gubernamentales), los programas de radio e incluso el número de iglesias en las que se usa el español. Todas las provincias cuentan con asociaciones hispanas, las bibliotecas públicas han adquirido más fondos bibliográficos y audiovisuales en español e incluso la presencia de páginas en español en Internet creadas desde Canadá se ha inc reme ntado notablemente.
Por otro lado, las expectativas de crecimiento de la demanda de español en Estados Unidos se sitúan en torno al 60 por 100, en un mercado en plena expansión del que se estima que sobrepasa ya los 6 millones de estudiantes. Sin duda Estados Unidos constituye un caso aparte para el español y conviene fijarse en él con más detenimiento. Debe darse un gran salto cronológico para empezar a entender la situación del español hoy en este país, que de manera inevitable está profundamente ligada a la inmigración. A finales del siglo XIX comenzaron a llegar inmigrantes mexicanos; a partir de la Segunda Guerra Mundial lo hicieron los puertorriqueños; los cubanos, después de la subida al poder de Fidel Castro, a los que siguieron los centroamericanos y, ya a finales del siglo XX , argentinos y venezolanos. Para el año 2050, las previsiones indican que Estados Unidos tendrá casi 100 millones de hispanos. El viajero que llega a Estados Unidos comprueba que los rótulos de los aeropuertos están en inglés y en español; que puede dirigirse en su propia lengua a azafatas, empleados de hotel y vendedores de comercio; que el español se habla por doquier en las calles de grandes ciudades como Nueva York, Chicago, Miami o Los Ángeles; que en las librerías halla siempre una sección de libros en español, un mercado que crecerá un 6 por 100 anual frente al 3 por 100 de los libros en inglés; que tiene a su disposición varias cadenas de televisión hispanas, miles de emisoras de radio y cientos de periódicos. En suma, en este país los hispanohablantes encuentran las mismas facilidades, y acaso más, que las que tienen los hablantes de inglés cuando salen de su ámbito lingüístico, porque el español es hoy algo cotidiano en Estados Unidos. Tampoco debe resultar extraño que en Estados Unidos se vendan más discos en español que en México, pues el poder de compra de la comunidad hispana se estima en 600.000 millones de dólares, según publicó la revista Time. El español también está presente en los discursos, en los debates políticos y, sobre todo, en las campañas electorales.
La inmigración hispana a Estados Unidos ha pulverizado todas las previsiones. En 1982 había 15 millones de hispanos, lo que representaba el 7 por 100 del total de la población. El pasado mes de julio la Oficina Federal del Censo estimó que los hispanos sumaban ya más de 41 millones de personas, que están diseminados por todos los Estados y que representan el 50 por 100 del crecimiento de la población norteamericana. Porque, además de la constante corriente migratoria, las familias hispanas tienen una media de casi tres hijos y, aunque parezca sorprendente, su esperanza de vida es superior a la del resto de la población: en 1995 era ya de 78,6 años frente a los 76 de la media general. Dicho de otra manera, Estados Unidos es ya el tercer país con mayor número de hispanohablantes tras México y España, y las previsiones apuntan a que en el año 2050 habrá -como queda dicho- casi 100 millones de hispanos.