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La cultura pasa por aquí
Revista de Occidente 309 Revista de Occidente

'Hay bebés feos [Verdad de la buena]'. El marketing de la perogrullada

por Fernando Castro Flórez
Revista de Occidente nº 309, Febrero 2007

Número de páginas: 6
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Nos encontramos en una cultura, de acuerdo con un calificativo de Steiner, del after-word , de lo epilogal , donde la proliferación de los comentarios nos aparta de las «presencias reales». Es lógico que en el cine del Imperio se compongan narraciones del déjà vu o de la amnesia, que soñemos con un tiempo plegado o con la liberación definitiva de los traumas. Es obvio que el neodecorativismo ideológico aplaude esta apoteosis del arte como territorio ocioso . «Vivimos -dice James G. Ballard- en un mundo casi infantil donde todo deseo, cualquier posibilidad, trátese de estilos de vida, viajes, identidades sexuales, puede ser satisfecho en seguida». Junto a la estética de la cursilería y el ludismo banal prolifera una suerte de «actitud vandálica » que pretendería (eso es lo que declara enfáticamente) socavar los cimientos del sistema. Sigmar Polke, en una entrevista con Bice Curriger explícitamente titulada «La pintura es una ignominia» (1985), dice que lo verdaderamente innovador en el arte sería transferir lo que el artista hace a un área en la que su trabajo podría asumir una cualidad verdaderamente rompedora: «En realidad la innovación ocurre cuando eres capaz de efectuar esa transferencia.
El presupuesto de Defensa puede seguir siendo el presupuesto de Defensa. Si el arte quisiera ser realmente innovador, algo tendría que ocurrir. Y el presupuesto de Defensa tendría que beneficiar al arte. Pero es ahí donde todo se desmonta. ¿Qué harían entonces los artistas? Fijarían explosivos a los lienzos». Extraña indicación ésta en la que se quiere buscar un acontecimiento en el cual el arte termina por asumir modos propios del terror, buscando una efectividad que propiamente deja al espectador sin palabras. El artista se suma, metafóricamente, a la inmensa lista de violentos, reclamando, de forma extraña, que sobre su actividad incida el presupuesto de Defensa. Lo que tal vez quería, inconscientemente, decir es que su imaginario explosivo necesita más madera, vale decir, reclama más presupuesto para sus «lúcidas» ignominias.
Mucho más recientemente, Tania Bruguera ha presentado su primera exposición individual en Madrid, titulada, sin merodeos, «For Sale». Lo que propiamente quiere colocar esta artista, de la que la nota de prensa de la Galería Juana de Aizpuru dice que es «conocida internacionalmente por la novedad de su trabajo conceptual en cuyo imaginario se combinan estrategias políticas de conducta social, rumor y utopía», es una serie de performances . Según parece los compradores de las performances firmarán un contrato que les dará derechos sobre la artista «con respecto a su tiempo, disponibilidad y exhibición de las piezas». En la inauguración realizó «Performance nueva # 1», en la que explicó cómo construir bombas caseras utilizando productos al alcance de cualquiera, como amoníaco, lejía o un aerosol. Tenía toda la razón del mundo Miguel Cereceda cuando tituló su crítica de esta «exposición», publicada en el suplemento ABCD las Artes y las Letras, «Pólvora mojada». Porque finalmente ¿a quién se va a lanzar ese cóctel molotov? ¿Qué edificio va a ser destruido por este terrorismo doméstico? ¿Los coleccionistas y los museos (los esperados compradores ) van a ser, de una vez por todas, eliminados de la faz de la tierra? Lo malo es que este tipo de bromas parvularias, estos gestos de «radicalismo subvencionado» se despliegan con un tono pretencioso que es, acaso, lo verdaderamente demoledor o, por ser más preciso, ridículo (en este caso sin pretenderlo). Parece como si a los individuos narcotizados en el seno de la cultura contemporánea sólo se les pudiera agitar con lo teratológico. Virilio piensa que el aficionado del arte está siendo machacado por lo mediático, especialmente por sus tendencias de academización del horror , provocando un discernimiento alterado: «primera etapa -apunta en su ensayo «Un arte despiadado»- de una desrealización acelerada, el arte contemporáneo acepta el afán de emulación del exceso y, así, de la insignificancia, tomando como ejemplo el carácter "heroico" del arte oficial de antes, la obscenidad que, de ahora en más, sobrepasa todo límite, con las snuff movies y la muerte en vivo...». La bomba y el atentado casero terminan por ser cosas que fascinan a los artistas, situaciones transformadas en «obras de arte », desactivadas desde el mismo momento en el que se puso en marcha esta poderosa estrategia del marketing de lo literal.
Ejemplos mugrientos
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