A su juicio había que comprender que los españoles reaccionaran con dureza frente la rebelión iconoclasta de 1566, puesto que «se había derramado sangre y el fuego y la mano violenta de personas malvadas, fanáticas, ofuscadas y engañadas habían destruido iglesias y conventos». Es llamativo que Brouwer emplee palabras casi idénticas para describir el robo y saqueo de iglesias que se produjo en los años 1931-1936, justo antes de la Guerra Civil española. Se puede citar otro ejemplo: según Brouwer, el duque de Alba pertenecía a «esa raza de hombres fuertes que también hace falta en nuestro tiempo, pero que, por desgracia, escasea en todos los siglos». Salta a la vista que la imagen «blanca» que Brouwer difunde en el período 1931-1936 de la España del siglo XVI está fuertemente marcada por su visión personal: su devoción por el catolicismo español y la lucha por la unidad de los reyes españoles y su manifiesta simpatía por el bando católico en la política española de la Segunda República.
En las postrimerías de 1936, Brouwer modificó su opinión sobre los rebeldes. En un primer momento, este cambio de rumbo se deja entrever tan sólo en sus artículos y opúsculos sobre la historia contemporánea de España en general y la Guerra Civil en particular, pero más tarde también trasciende en sus libros, donde se distancia de la Leyenda Blanca.
A diferencia de sus libros anteriores, dedicados a las -cuando menos temporalmente- exitosas acciones militares (desde el punto de vista español) en América del Sur y los Países Bajos, De onoverwinnelijke vloot (La Armada Invencible) trata de un estrepitoso fracaso: la derrota de la Gran Armada que Felipe II envió contra Inglaterra en 1588. En esta obra, Brouwer compara las relaciones internacionales existentes en el año 1588 con la situación de 1938, 350 años más tarde. En el escenario internacional hubo un antes y un después del desastre de la Armada. Brouwer temía que fuera a suceder lo mismo en 1938, cuando otro gran imperio, Inglaterra -al igual que antes España-, intentaba mantenerse a flote ante la aparición de nuevas potencias como Alemania e Italia (equiparable a la entrada en escena de los Países Bajos e Inglaterra en tiempos pasados).
La visión «blanca» de España brilla asimismo por su ausencia en la primera novela de Brouwer, De schatten van Medina Sidonia (Los tesoros de Medina Sidonia), de 1939. Estamos ante un libro extremadamente complejo en el que se mezclan diferentes géneros: reportaje sobre la Guerra Civil, novela de tesis y novela gótica. La historia se desarrolla en dos niveles. En el primer nivel, el narrador en primera persona parte para la Guerra Civil como brigadista internacional para ayudar a defender la República española. Resulta herido y es enviado como voluntario a la iglesia de San Francisco el Grande en Madrid, donde se encargará de inventariar las obras de arte que se esconden en los sótanos para ponerlas a salvo de los efectos de la guerra. A partir de ahí, la novela se traslada al segundo nivel, que es el de la novela gótica. En los sótanos de la iglesia de San Francisco el Grande, el protagonista halla una serie de indicaciones que le conducen a los tesoros del duque de Medina Sidonia, comandante en jefe de la Armada Invencible. Entran en escena espectros del siglo XVI , que hacen referencia a la realidad espiritual y sobrenatural que pervive en España. Teorías parapsicológicas alternan con contemplaciones históricas. Ello no obsta para que este libro, la única novela neerlandesa donde se aborda de forma explícita la Guerra Civil de España, destaque por sus bellos fragmentos sobre la vida en el Madrid asediado de los años 1936 y 1937. En esta obra, Brouwer apuesta rotundamente por la dignidad humana que, según el, se manifiesta a la perfección en la espiritualidad española.
A partir de 1939, la política del momento comienza a ejercer una acusada influencia sobre la visión de la historia de España que Brouwer proyecta en sus libros: dos biografías históricas y una novelada; aunque es preciso hacer notar que el autor no siempre establece una distinción nítida entre ambos géneros. En estas obras, Brouwer no sólo parece haberse despedido de la Leyenda Blanca, sino que incluso se basa en elementos de la Leyenda Negra.
Johanna de Waanzinnige. Een tragisch leven in een bewogen tijd (Juana la Loca. Una vida trágica en una época turbulenta), publicada en la primavera de 1940, es una biografía cimentada en fuentes de los siglos XV y XVI así como en nociones biográficas y psicológicas modernas. El escritor se identifica fuertemente con la temática de la obra. A su juicio, fue la presión de las altas esferas políticas lo que volvió loca a Juana. Fernando y Carlos V, padre e hijo de Juana, la encerraron para impedir que los elementos rebeldes se adueñasen de su persona. Una vez más, Brouwer traza un paralelismo entre las circunstancias políticas del siglo XVI y las del siglo XX : Fernando dio un «golpe de Estado» en España y Carlos V soñó con imponer «su dictadura en toda Europa».
Philips Willem, de Spaansche prins van Oranje (Felipe Guillermo, el príncipe de Orange español), publicado en el otoño de 1940, describe la vida del hijo mayor de Guillermo de Orange, secuestrado y educado en España por orden del rey Felipe II para que, después de la Rebelión, sucediera a su padre como virrey proespañol de los Países Bajos. En esta obra (ya se ha señalado al comienzo del presente artículo), Brouwer plasmó a discreción toda suerte de paralelismos entre los siglos XVI y XX .
Es harto probable que muchos lectores, familiarizados desde niños con la Leyenda Negra sobre Felipe II y España, establecieran enseguida una relación entre la ocupación española y la ocupación alemana. Aunque esta novela histórica suele calificarse de vida novelada, quizá sea más acertado catalogarla como vida moralizada o politizada, habida cuenta de la afición de su autor por los paralelismos históricos y políticos.
El último libro de Brouwer sobre la historia de España es una biografía de 1941 que se intitula Montigny, afgezant der Nederlanden bij Philips II (Montigny, enviado de los Países Bajos en la corte de Felipe II). Tiene como protagonista histórico al enviado neerlandés Montigny, capturado y ajusticiado por el rey Felipe II: otro preso y otro ejemplo patente de la tiranía del rey español. La comparación entre los «invasores» españoles y alemanes de los Países Bajos se vuelve incluso más explícita que en los libros anteriores. Brouwer considera las ideas católicas del rey español como una «ideología» y añade que este tipo de ideologías sirve en todos los siglos para ocultar los objetivos políticos de los gobernantes y asegurarse el apoyo del pueblo. Una vez más, describe a Carlos V y a Felipe II como «gobernantes dictatoriales», en clara referencia a los dictadores del siglo XX .
Desde este punto de vista resulta muy significativo el comentario de que el duque de Alba recibe de Felipe II la orden de «subyugar y depurar» el aparato administrativo de los Países Bajos, ya que estos términos eran los que utilizaban los invasores alemanes en 1942. El mismo duque de Alba lanza una «redada» para capturar a un grupo de adversarios, por analogía con las razzias organizadas por los alemanes para detener a los judíos y las personas que vivían en la clandestinidad. Es más, el autor establece una comparación explícita entre la Inquisición y la Gestapo, la policía secreta alemana.
En el último capítulo del libro, Brouwer recoge la historia de don Carlos, hijo de Felipe II. Profundiza en la «visión poética» que Schiller plasmó en su famosa obra teatral del mismo nombre. En esa pieza de 1787, don Carlos aparece como defensor de la libertad y la humanidad, en contraposición a su padre, el cruel tirano Felipe II, que entrega personalmente a la Inquisición a su propio hijo. Brouwer no se distancia en absoluto de este mito romántico, visiblemente distorsionado por la Leyenda Negra.