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Revista de Occidente 304 Revista de Occidente

Un holandés «distinto»: Johan Brouwer y la historia de España

por Hendrik Henrichs
Revista de Occidente nº 304, Septiembre 2006

Número de páginas: 7
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Desde hace algunos años, España es considerada una de las grandes potencias de Europa, junto a Inglaterra, Francia y Alemania. Se ha convertido en un país europeo «normal». Sin embargo, en el período 1950-1985 las cosas eran diferentes. Bajo el régimen de Franco se presentaba a España como un país «distinto», ferviente y colorista antítesis del sosiego gris y tedioso con el que se identificaba la cultura del resto del continente, para fomentar el incipiente turismo entre otras razones.
En general, las reflexiones de esa época acerca de la «peculiaridad » de España se fundamentaban en elementos más o menos concretos juzgados determinantes para la cultura y la historia del país. Debido a su geografía, su historia y el carácter de sus gentes, España pasó a ocupar un lugar excepcional en Europa a partir del siglo XVI , granjeándose unas veces la admiración de los europeos y otras su repulsa. En resumidas cuentas, a lo largo de los últimos siglos la imagen de España se ha teñido reiteradamente de la infinita gama de tonos que existe entre el blanco y el negro.
El legado del escritor neerlandés Johan Brouwer, cuyas principales obras fueron publicadas entre 1930 y 1942, constituye un interesante ejemplo de esta riqueza cromática. De todos los europeos que se dedicaron al estudio de España en el siglo pasado, Brouwer es, a mi juicio, uno de los más destacados. Por desgracia, su obra, escasamente traducida, apenas ha trascendido las fronteras de los Países Bajos. Sin embargo, en su tierra natal Brouwer llegó a ser más famoso que, por ejemplo, el inglés Gerald Brenan, otro gran conocedor de España.
El presente artículo describe la evolución de las imágenes e ideas referidas a la historia de España tal y como quedan reflejadas en la obra de Johan Brouwer. Pero primero conviene detenerse en la trayectoria de esta persona excepcional, dado que su vida no es en absoluto equiparable a la del erudito «medio». Aquello que ya no es aplicable a España -si es que alguna vez lo fue-es de posible aplicación a Johan Brouwer: un ejemplo de hombre peculiar, «distinto».
Una figura excepcional
¿Qué clase de hombre fue Brouwer? Pese a ser uno de los hispanistas más dotados de los Países Bajos, era demasiado excéntrico como para desarrollar una carrera académica. Fue un escritor que deseaba ser historiador, y un historiador que acabó optando por una «visión poética». Perdió la vida como héroe de la resistencia ante un pelotón de fusilamiento alemán, pero no murió por un ideal político. La definición más concisa de su persona la proporcioné en el título de la biografía que en su momento le dediqué: buscador, visionario e inspirador [ 1 ] . Brouwer buscaba valores espirituales, tanto para sí mismo como para sus oyentes o lectores. Fue un hombre extraordinariamente inteligente y sensible, con un marcado interés por la vida espiritual. Su espiritualidad llevaba aparejado -como suele ocurrir- cierto descuido de los aspectos más terrenales y materiales de la existencia.
Brouwer nació en 1898 en el seno de una familia obrera de protestantes ortodoxos afincada en Rotterdam. Destacó por su inteligencia en las clases de religión, por lo que, en 1915, obtuvo una beca para la Escuela de Misioneros. La idea era que al término de sus estudios marchase como misionero a las Indias Neerlandesas para convertir a los «paganos» al cristianismo protestante. Sin embargo, en 1919 Brouwer empezó a dudar de su fe. Renunció a su futuro de misionero y comenzó a estudiar indología en la Universidad de Leiden, una carrera para funcionarios coloniales destinados en las Indias neerlandesas. Su crisis de fe no hizo más que agravarse, convirtiéndose en una crisis personal que le llevó por el camino de la delincuencia. En 1922, su hermano y él mataron a tiros a un chantajista.
En el juicio contra los Brouwer se alegó que la falta de dinero y los «excesos» homosexuales habían conducido a los acusados al homicidio. Johan Brouwer adujo como motivo su crisis espiritual, explicando que, con el asesinato, había querido «poner a prueba su conciencia», algo que en 1922 debió interpretarse como una referencia inequívoca a Raskolnikov, el protagonista de Crimen y castigo , la novela de Dostoievski, que por aquellas fechas tenía mucho éxito. El proceso culminó en ocho años de prisión para Johan Brouwer y doce para su hermano.
En la cárcel, Brouwer sufrió una depresión psíquica. Logró superarla con la ayuda de unos psiquiatras de ideas avanzadas que, a partir de 1923, le autorizaron a leer libros españoles. Leyó a Lope de Vega, a Calderón, a autores españoles modernos como Felipe Trigo, Miguel de Unamuno y Ramón del Valle-Inclán, pero también a Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, los célebres místicos españoles del Siglo de Oro.
Brouwer recobró la libertad en noviembre de 1928. Tras tantos años de lectura en la cárcel, pudo terminar sus estudios en un tiempo récord. En mayo de 1930 se licenció en Lengua y Literatura Españolas, una carrera por entonces recién implantada, y en enero de 1931 obtuvo en Groninga el grado de doctor en Letras, tras defender una tesis doctoral que llevaba por título «La psicología de la mística española». Lo curioso era que en dicho texto el protestante Brouwer cantaba las alabanzas de unos santos católicos españoles.
Brouwer inició una vida precaria como profesor de español y escritor/periodista dedicado a España y la historia española. En 1934 dio un paso significativo: se convirtió al catolicismo. Su actitud procatólica influyó en su visión de los acontecimientos políticos acaecidos en la España de los años treinta, donde iban radicalizándose las oposiciones políticas entre la izquierda y la derecha.
A juicio de Brouwer, la oposición católica a la República española de izquierdas, liberal y anticlerical, merecía el apoyo de todo europeo dado a creer que las democracias burguesas no eran capaces de ofrecer una respuesta a la crisis espiritual y política de los años treinta. Al estallar la Guerra Civil española, su simpatía por la causa católica le llevó a tomar partido por los rebeldes carlistas.
Sin embargo, a lo largo de 1936 y a principios de 1937, el reportero Brouwer empezó a percatarse de la cruel realidad de la guerra, sobre todo la que se manifestaba más allá del frente de batalla. La lucha de los rebeldes por la regeneración católica de España había sido poco más que una estrategia propagandística. Por todo ello, a partir de 1937 Brouwer se limitó a visitar el territorio de la República. No tardaría en simpatizar con el bando republicano.
Su postura política le distanció de José Ortega y Gasset, autor del que, en 1933, había traducido al neerlandés La rebelión de las masas . En realidad, Brouwer debió gran parte de su fama como hispanista a dicha traducción, pues el libro cosechó gran éxito en los Países Bajos (así como en el resto de Europa). Ambos escritores se conocieron personalmente en 1935. Entre ellos nació una relación de simpatía y respeto mutuos. En ese mismo año, Brouwer tradujo Estudios sobre el amor . En mayo de 1936, durante lo que Huizinga llamó la «marcha triunfal de Ortega por los Países Bajos», fue Brouwer quien presentó al filósofo español al público de La Haya.
El estallido de la Guerra Civil hizo que Ortega y Gasset partiera de España rumbo a París, donde, el 16 de diciembre de 1936, se encontró por última vez con Brouwer. Conversaron sobre Miguel de Unamuno, al que Brouwer había entrevistado en agosto con motivo de la contienda civil. Ortega expresó su temor de que el conflicto acabara con la vida de Unamuno -un presentimiento que se confirmaría el 31 de diciembre, tras la dimisión forzosa del entonces rector de la Universidad de Salamanca.
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NOTAS
  • [ 1 ]

    H. Henrichs, Johan Brouwer, zoeker, ziener en bezieler. Een biografie (Amsterdam, 1989).


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