El libro de Ortega sigue siendo clarividente en la comprensión de una estética e, incluso, permite acercarse al arte de cualquier época, pero José Díaz Fernández venía a proponer aquel otro camino. No es que una el arte a las conmociones sociales «de una manera anecdótica o alegórica. Ése sería el academicismo aborrecible de los cuadros de historia o de tesis. [...] Se trata de pintar las cualidades de la naturaleza o de la sociedad en relación con la sensibilidad contemporánea y con las radicales inclinaciones del alma moderna »
[ 23 ] . Por eso toma el libro de Díaz Fernández para su título los dos términos antagónicos de
La deshumanización del arte : «romanticismo» y «nuevo». Con ellos buscará llevarse a cabo una distinta práctica estética de la pretendida por las primeras vanguardias, que son, al fin y al cabo, las que José Ortega y Gasset buscaba explicar en
La deshumanización del arte .