La amalgama corriente de ecologismo y nativismo despierta sospechas fundadas entre quienes no son a la vez ecologistas y nativistas: es conveniente entender mejor al jefe Seattle y a sus nietos. Los diálogos interculturales son diálogos de sordos, o más exactamente diálogos a través del espejo. Son de todos modos diálogos, y no monólogos. El buen salvaje de los humanistas o los ilustrados era, sí, un europeo disfrazado de otro; pero un europeo que no existía antes del buen salvaje. Sería deseable que se pudiese decir algo semejante del Indio Ecológico. Es una descortesía, por decir poco, exigir a los nativos que se ajusten a la figura ideal que nos han inspirado: lo que verdaderamente importa es saber hasta qué punto el ciudadano global puede y quiere parecerse a ella.