Con todo, podemos afirmar que el único tiempo que sabe conjugar la moda es el presente. Un presente acentuado, diría Simmel; un tiempo-ahora, diría Benjamin; un presente, diría Barthes, en el que actúa la «sustitución amnésica del pasado». Cuando se cumple un cuarto de siglo de la muerte del autor de El sistema de la moda , para quien cada moda era a la vez inexplicable y regular, merece la pena concluir este artículo con una cita suya: «La agresividad de la moda, cuyo ritmo es el mismo que el de las vendettas , se ve así desarmado por una imagen más paciente del tiempo; en ese presente absoluto, dogmático, vengador, en que habla la moda, el sistema retórico dispone de razones que parecen vincularla a un tiempo más flexible, más lejano, y que constituyen la cortesía -o el arrepentimiento- ante el crimen que comete contra su propio pasado, como si vagamente oyera esa voz posesiva del año muerto que le dice: Ayer yo era lo que tú eres, mañana tú serás lo que yo soy (leído en una tumba)» .