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Revista de Occidente 288 Revista de Occidente

Hacer concepto. Meditaciones del Quijote y filosofía española

por Francisco José Martín
Revista de Occidente nº 288, mayo 2005

Número de páginas: 7
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Hazer concepto . Y más de lo que importa más. [...] Haze concepto el sabio de todo, aunque con distinción caba donde ai fondo y reparo; y piensa tal vez que ai más de lo que piensa, de suerte que llega la reflexión adonde no llegó la aprehensión. Baltasar Gracián
Meditaciones del Quijote es un libro en exceso interpretado. Además del propio requerimiento hermenéutico del texto, a esta sobreinterpretación ha contribuido, sin duda, sobre todo en lo que se refiere al exceso, su configuración estructural y su carácter inconcluso, amén de su misma presentación como muestra y emblema de un vasto proyecto editorial que, en cuanto tal, no tuvo seguimiento. Han sido sus promesas de continuación incumplidas, el vacío que abre y extiende su inconclusión y la apertura que brinda hacia un horizonte nuevo de filosofar lo que ha movido a su alrededor un ejercicio crítico de tan considerables proporciones. Los repertorios bibliográficos del orteguismo y las distintas actualizaciones de los mismos dan prueba fehaciente de la magnitud de esta atención crítica. Y sin embargo, esta mole interpretativa no ha logrado disipar la insatisfacción y el desconcierto que suelen invadir al lector al concluir su lectura. Es un texto que, en su claridad expositiva, huye de nosotros, se nos escapa, se nos esconde; parece como si no acabáramos nunca de llegar a él y estuviera siempre más allá, como el bosque que le sirve de metáfora. Es un texto que, en su elegancia estilística, mantiene siempre una distancia entre el lector y el sentido, un residuo de ilegibilidad, como una sombra proyectada por la luz de su imperativo metafórico. De su lectura queda siempre la sospecha de una sustracción en curso y la ilusión de una completud negada.
Un libro incompleto, pues, que se nos presenta con la firme promesa de lo que le falta. De lo que le falta en tanto que unidad de significación y sentido ( Meditaciones del Quijote ) y de lo que le falta en tanto que parte de un proyecto editorial más amplio y de más compleja articulación (Meditaciones). Meditaciones del Quijote consta de tres partes bien diferenciadas (el Prólogo, significativamente titulado «Lector...», la Meditación Preliminar y la Meditación Primera, a su vez subtitulada «Breve tratado de la novela»), y anuncia, o promete, dos Meditaciones más (respectivamente tituladas «¿Cómo Miguel de Cervantes solía ver el mundo?» y «El alcionismo en Cervantes») que hubieran debido publicarse en volumen aparte y hubieran completado así la serie de Meditaciones dedicada al Quijote . A esta incompletud del libro hay que añadir, además, como se decía, la del proyecto general de las Meditaciones o Salvaciones, pues también ésta arroja una sombra inquebrantable sobre el texto. En la contraportada de la primera edición de Meditaciones del Quijote se ofrece el plan del proyecto general en una lista ordenada de diez Meditaciones, plan indudablemente fijado por Ortega, pero que encuentra entre sus apuntes y notas de trabajo de la época variantes significativas -sobre todo con relación al orden por conferir al proyecto- que deben ser adecuadamente atendidas, pues, en efecto, el plan publicado sólo fija los títulos y el orden de un compromiso con el lector. El sentido de todo ello, del libro y del proyecto, queda por tanto problematizado entre lo efectivamente dado y lo dado sólo como anuncio o promesa.
Buena parte de la crítica que se ha ocupado del caso ha afrontado este problema desde un positivo intento por completar el vacío de sentido dejado por Ortega, o, de otro modo, por iluminar esas sombras del texto imputables a su mismo carácter incompleto. Subyace, claro está, en este intento crítico una comprensión negativa del problema planteado. Es la puesta en marcha de una hermenéutica de relleno en la que se añade reflexión sobre el texto a reflexión alrededor del texto, y viceversa, levantando en el tiempo un andamiaje interpretativo fuertemente especulativo desde el que se apuntala la estructura del texto orteguiano y la configuración de una plataforma canónica de lectura. Poco habituados a transitar por los escollos filológicos, los profesionales de la filosofía han ido levantando una magnífica sobreinterpretación que ha acabado por incrustarse en el texto orteguiano aumentando su rigidez en el intento continuado por fijar su sentido.
Bien es verdad que si se hubiera atendido más a la efectiva textualidad de la obra buena parte de esa sobreinterpretación no habría tenido razón de ser ni hubiera podido justificar su presencia. Meditaciones del Quijote tiene, claro está, la forma y estructura que le dio Ortega. Ni su carácter incompleto, ni el vacío que abre ni las sombras que proyecta pueden cuestionar ese orden textual. Ahora bien, esto no significa que no se pueda tratar ese orden problemáticamente, es decir, que no se pueda/deba trasladar al nivel textual de la obra la problematicidad inherente al vacío y a las sombras antes aludidas. Lo problemático en este caso es, en efecto, el texto. Bien claro lo dejó Inman Fox en su edición de Meditaciones sobre la l iteratura y el arte , donde pretendía reconstruir el proyecto general e las Meditaciones orteguianas. Antes de Fox, la crítica, incluso la crítica de carácter más especulativo, había puesto ya de manifiesto que tanto el Prólogo cuanto la Meditación Preliminar eran textos cuyo alcance iba más allá de la serie de las meditaciones cervantinas, y que debían considerarse, además, como textos generales referidos al entero proyecto editorial de las Meditaciones.
El Prólogo presentaba el proyecto general y la Meditación Preliminar ofrecía, programáticamente, el método. Así pues, de las tres partes de Meditaciones del Quijote , sólo la Meditación Primera sería una meditación cervantina. Digo sería, y no es, porque el descubrimiento y publicación de unos inéditos orteguianos por parte de Paulino Garagorri permitió a Fox reconstruir en la edición citada buena parte de una pretendida meditación barojiana. Y el resultado fue sorprendente, pues desvelaba el misterio de la Meditación Primera de Meditaciones del Quijote : este texto era en su origen una meditación barojiana (o parte de ella, pues no tenemos constancia definitiva de la forma u orden que tuviera intención de dar Ortega a estos textos), titulada para la ocasión como «La agonía de la novela». Su redacción es anterior a la de las otras dos partes de Meditaciones del Quijote (Fox la fecha con extrema pericia en 1912), una anterioridad temporal poco importante en sí, si no fuera porque señala también una anterioridad en el orden y desarrollo del pensamiento orteguiano, y explica, además, de modo simple, ese salto o distancia al que tanto se ha referido la crítica, esa suerte de quiebra entre el discurso de la Meditación Primera y el de los dos ensayos que la preceden en el orden textual. Una quiebra que, ejemplificada, sobre todo, en la oscilación semántica del héroe, deja en el lector un poso de amargo desconcierto. A la decisión de reconvertir y transformar una meditación barojiana en la Meditación Primera de Meditaciones del Quijote hizo seguir Ortega una revisión del texto en la que introdujo algunos cambios, siendo los más significativos la inclusión del apartado «Novelas ejemplares» y la modificación del título, que pasó a ser ahora «Breve tratado de la novela». Desde este horizonte filológico se explica muy bien, por tanto, por qué se habla tan poco de Cervantes y del Quijote en estas Meditaciones del Quijote . Desde esta consideración genética de la textualidad de la obra queda claro que de las tres partes del libro ninguna correspondía al impulso de una auténtica meditación cervantina. Ortega apostó fuerte y lo fió todo al doble anuncio de una promesa que no mantuvo (la continuación del libro) y de un compromiso con el lector que dejó desatendido (la continuación del proyecto).
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