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Revista de Occidente 286 Revista de Occidente

Historia de dos películas. Globalización e hibridación en la producción cultural

por Georgette Wang y Emilie Yueh-yu Yeh
Revista de Occidente nº 286, marzo 2005

Número de páginas: 7
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El «mesurado» tratamiento concedido a Mulan y la ocasional desviación de las fórmulas favoritas de Disney fueron por tanto un modo de mostrar «respeto» hacia la leyenda original, un gesto de cortesía que no cambia el hecho de que Mulan representa la transculturación de una historia étnica a manos de un gigante transnacional. Para los directivos de Disney, ni el coste ni las dificultades para interpretar otra cultura eran un problema real, pero pensaban que una fusión cultural que sobrepasase el nivel de su exitosa fórmula era innecesaria a la hora de conseguir beneficios para la compañía.
El aire «auténtico» de la película daba a la actualización de la fórmula un aire fresco y exótico, pero era importante no destruir el contexto original, dada la importancia del mercado chino. El nivel de hibridismo de estos productos es, por tanto, de naturaleza instrumental, y no se diferencia del que se encuentra en la mayoría de los anuncios transnacionales y de los seriales televisivos localizados. La diferencia entre Ang Lee y Tony Bancroft es por tanto no sólo la diferencia entre un productor/director independiente de reputación asentada y un típico ejecutivo transnacional, sino que atañe también a los objetivos: el logro de una misión cultural y la producción de otro éxito de taquillas. Tanto Mulan como Tigre y dragón son productos hibridizados, pero el propósito y los resultados de sus operaciones de reculturación son claramente diferentes.
En Tigre y dragón había un raro intento de reflexión dialéctica. La paradoja está en que a través de ella no se pretendía llegar a la fusión cultural, sino ofrecer una versión contemporánea de un clásico chino que resultase aceptable en Occidente, así como cambiar los estereotipos de las películas de artes marciales. Al planteársela como una película china moderna, Lee intenta deconstruir los estereotipos del cine, la cultura y la lengua china. Lo que los críticos advirtieron fue la ausencia en la historia de valores tradicionales como la jerarquía social, el cambio en el estilo de presentación, y la falta por tanto de «carácter chino» del conjunto. Sin embargo, para el equipo que realizó la película, carácter chino y autenticidad no excluían creatividad ni innovación.
A propósito de la «autenticidad» cultural de Tigre y dragón, Schamus sugiere que el orientalismo está tanto en la percepción de lo que uno es desde la perspectiva de los colonizadores como en la percepción de lo que uno no es desde la perspectiva de los colonizadores. Shamus afirma que Tigre y dragón fue criticada por no ser auténticamente china o asiática debido a que la idea de que uno puede llegar a atesorar conocimientos en distintas áreas culturales para incorporarlos a la propia cultura es una idea y una prerrogativa occidental. Se espera que los otros -los no occidentales- se mantengan fieles a sus géneros y cultiven la autenticidad, al modo en que lo haría «un panda en un zoo», como dijo Ang Lee. Desde esta perspectiva, un producto chino que excluya determinados atributos culturales chinos e incorpore elementos occidentales es una «falsificación», resultado de la «perversión cultural».
Este punto se relaciona con un importante tema que durante mucho tiempo la literatura ha pasado por alto: la naturaleza y características de los productos híbridos, más allá de la exhibición de rasgos prevenientes de las culturas originales. Muchos, incluido el mismo Schamus, atribuyeron el éxito de Tigre y dragón en el mercado occidental a lo que en la película se identifica como oriental, y su éxito (o fracaso) en Asia a lo que en la película se identifica como occidental. La atención se centró inmediatamente en la cuestión del carácter chino, oriental, de la película, y había menos interés, cuando no verdadera resistencia, a juzgar el filme según sus méritos. ¿Qué puede ser un producto cultural si no es «ni de aquí ni de allá»? Etiquetar un producto cultural como «falso» o «auténtico» presupone la existencia de un modelo que simplemente no existe.
El caso de Tigre y dragón supone que el cine moderno no debería, ni tal vez podría, quedar limitado por unas fronteras nacionales o estéticas, ya que quienes hacen películas se apropian de «todo lo que puede divertir», o de todo lo que los productores puedan crear. No es un secreto que una gran mayoría de las películas históricas y seriales que llenan los cines y los canales de televisión de la Gran China también han sido «desculturalizados». Los personajes femeninos ya no soportan la tiranía de las normas patriarcales, los plebeyos hacen con toda naturalidad bromas sobre los emperadores.
El «espíritu chino» de estos productos culturales se debe a su capacidad para atraer y suscitar la identificación de los espectadores de las sociedades chinas contemporáneas, y no a que reflejen con fidelidad las imágenes estereotipadas de la China feudal. Ulf Hannerz nos ha recordado que las culturas son fluidas por naturaleza, que están en perpetuo movimiento como resultado de un diálogo e interacción constantes dentro de cada cultura y con el mundo exterior. Bajtin y Lévi-Strauss, cada uno desde su propia perspectiva, señalaron que todas las culturas son híbridos. Sin embargo, también es importante señalar que el movimiento constante y la incorporación de otros elementos traen consigo nuevas características, nuevas distinciones y nuevas similitudes. Desde esta perspectiva, la hibridación y la globalización tal vez conduzcan a la pérdida de la singularidad cultural de los productos culturales -y también de las culturas. Pero al perder lo que allá había conseguimos algo nuevo, fresco, algo que supone un nuevo híbrido. Sólo si perdemos de vida la naturaleza dinámica de la cultura y nos encerramos en una búsqueda de esencialismo cultural la hibridación de los productos culturales llevará necesariamente a una rancia homogeneidad. La globalización puede haber intensificado el proceso y la escala de la hibridación de la producción cultural, puede favorecer determinados elementos en detrimento de otros, pero apenas ha modificado la naturaleza del proceso.
Traducción: R. V.
Número de páginas: 7
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