La completa oposición entre estratos sociales tiene una importancia fundamental
en la interrupción en la novela de la relación amorosa entre Jen
y Lo. A causa de la insalvable barrera jerárquica que separa a los infortunados
amantes, Jen decide al final abandonar a Lo. Sin embargo, este obstáculo
esencial que impide el final feliz es minimizado en la película. El filme
termina con la muerte de los dos maestros de Jen, muerte que no aparece en la
novela. El maestro bueno, Li Mubai, muere para salvar la vida de Jen, pero la
mala, Jade Fox, es también asesinada para hacer posible que vuelva al
desierto con Lo. Sin embargo, Jen no elige el sendero que conduce al final feliz
definitivo. En vez de ello, cae volando desde un acantilado a una rugiente catarata.
Así, las dificultades que Jen encuentra para tratar de conciliar amor
y clase dan paso a un sentimiento de redención y de arrepentimiento por
su obstinación. Las diferencias sociales no fueron los únicos
elementos que obligaron a Ang Lee y sus guionistas a introducir cambios respecto
al material original en el final de la película. Tales cambios se debieron
también a la percepción de que la ficción popular china
había quedado anticuada, y había que darle nueva vida adaptándola
a las formas y modelos del cine «artístico» internacional.
Ang Lee cree que varios elementos de la literatura y el cine de artes marciales
son incomprensibles y anticuados. Uno de ellos es la explicación que
los autores dan de las motivaciones de los personajes y las relaciones de causa
y efecto. Por ejemplo, Wang Dulu se dirige al final a los lectores para explicarles
cómo y por qué Jen tuvo que optar por dejar a Lo (Yeh y Davis).
Para los lectores no familiarizados con esta tosca convención de la ficción
de artes marciales china, es como si ellos careciesen de la capacidad de entender
la historia y hubiese que explicarles las complejidades del argumento. Este
tipo de recurso literario se daba también en las películas de
consumo popular derivadas de la tradición de las artes marciales, incluidas
muchas películas importantes y de bajo presupuesto de los años
sesenta y setenta. Pudo ser una práctica aceptable en el pasado frente
a un público predominantemente chino, pero probablemente no funcionaría
con una película transcultural que pretendía dirigirse a un nicho
de público que trascendía las fronteras culturales y nacionales.
Por esta razón, Lee y sus guionistas tuvieron que prescindir de ella.
La película no debía terminar con una coda narrativa ni ideológica,
y por ello Lee muestra lo que parece un suicidio, o un acto de redención,
permitiendo que Jen se arroje de un peñasco de la montaña de Mudan,
conocida como tierra taoísta. Ese final tiene varias posibles interpretaciones.
Una de ellas es que Jen encuentra el autoconocimiento al elegir la senda de
la muerte, que en la fe taoísta equivale a una vía hacia la iluminación,
objetivo máximo de las artes marciales. Sin embargo, las feministas tal
vez vean en el acto de Jen un sometimiento a las autoridades culturales y sociales.
A la inversa, ese final también podría ser un silencioso desafío
a cualquier intento de detener al dragón volador. Jen salta y huye volando,
liberada de cualquier constricción social (clase y jerarquía),
cultural (género) y sexual (una relación romántica). Con
este final ambiguo, abierto a diversas interpretaciones, la película
cumple con las expectativas del público de una película «artística»,
que prefiere entenderla sin ayuda. Buscar el significado último de Tigre
y dragón puede dar al espectador ocasión y espacio para llevar
a cabo placenteras operaciones hermenéuticas.
Otro importante ejemplo de reculturación es el idioma que se habla en
película. El diálogo es un híbrido que sufrió varias
fases de elaboración: el trabajo de los guionistas chinos Wang Hui-ling
y Tsai Kuo-jong, la traducción del propio Ang Lee, la reescritura y re-reescritura
de James Schamus, la reescritura de Lee, y contiene expresiones coloquiales,
lenguaje literario, lengua clásica, regional, occidental y china (Zhang
y Lee). Esta lengua mixta, híbrida, no deja de plantear problemas, y
ha recibido críticas. Para Ang Lee, la antigüedad del marco histórico
y la singularidad lingüística del chino clásico del original
pedían una traducción que hiciese contemporáneo el texto.
Sin embargo, para los críticos de Taiwán y China continental las
palabras de amor del Tigre suenan demasiado modernas, en parte como resultado
de la falta de adecuación de la lengua al período histórico
en que transcurre la acción. Quizás la prueba más elocuente
del empeño de Lee por hacer una película china accesible en todo
el mundo la proporciona la traducción: «Cuando hicimos el subtitulado...
procuramos que la traducción resultase accesible para el público
occidental, encontrando equivalencias con modelos de habla y de sintaxis verosímiles
en un contexto occidental», explica Lee. Éste era un problema difícil
de resolver, ya que los subtítulos en inglés no eran lo mismo
que los diálogos hablados, y escribirlos fue como hacer una nueva versión
del guión.
Duplicar los personajes por parejas y organizarlas como oposiciones binarias
-edad mediana frente a juventud, reserva frente a pasión, tradición
frente a modernidad, reflexión frente a ímpetu- sirve también
para hacer los temas del filme comprensibles para los públicos de todo
el mundo. Estos temas se encuentran conectados con las ideologías del
individualismo, los deberes hacia la sociedad y la familia, y las normas jerárquicas
y sociales. Todo ello remite a la utilización por parte de Lee de una
fórmula (Kristin Thompson) que facilita la claridad en las valoraciones
que se exige a una mercancía mediática global. Y también
a la visión moderna que Lee da de las artes marciales tradicionales mezclando
Occidente y Oriente, arte y mercado. Las estrategias de mezclar, sintetizar
e hibridizar el Este y el Oeste pueden ser similares en Mulan y en Tigre y dragón,
pero fueron utilizadas con propósitos y resultados bastante distintos.
Características y condiciones de la hibridación
El origen de los dos equipos de producción revela interesantes características
comunes que pueden explicar la similitud en los medios adoptados para lograr
la hibridación. En primer lugar, ambos equipos habían acumulado
ya una significativa experiencia en la producción para el mercado global
cuando pusieron en marcha sus proyectos. Aunque el equipo de Ang Lee no cuenta
con una marca transnacional como la productora Disney, ni puede producir a una
escala comparable a la de ésta, sí disfruta de una reputación
mundial que le ayudó a obtener fondos a través de la venta anticipada
internacional, obligaciones y préstamos bancarios. En segundo lugar,
ambos equipos contaban con miembros de diferentes culturas que aseguraban la
polivalencia del producto, y atravesaron distintas fases de debate y negociación
antes de que el producto estuviese definitivamente perfilado. Uno y otros equipos
acometieron también las tareas de postproducción por medio de
una división internacional del trabajo, y las dos películas fueron
comercializadas y distribuidas a través de redes transnacionales capaces
de cubrir un mercado global.