Mulan no se ajusta al destino femenino según lo fijan los respetables
criterios patriarcales, y Mushu carece de la estatura y los poderes místicos
que corresponden a un dragón chino, pero al final ambos demuestran su
valía. Mulan se hace pasar con éxito por soldado y conductor de
hombres, lo que consigue cuando los hermanos de su banda se infiltran en el
palacio y, travestidos, derrotan a los hunos. Mushu obtiene la misión
de ayudar a Mulan porque pretende ser el gran dragón de piedra. Engaña
al principal antepasado y en la siguiente escena trata de engañar a Mulan
(el caballo de ella le dará una buena paliza), pero se prueba a sí
mismo que sirve para algo a pesar de su diminuto tamaño.
Mulan y Mushu se imponen a través de la impostura y el engaño
al tiempo que logran mantener sus personalidades reales. El «mensaje»
de la película, como la canción del final, «Sé fiel
a tu corazón», explicita, es que la autenticidad no depende del
papel social de cada uno, sino de lo que uno es por dentro, así como
de la necesidad de asumirlo. Al final, Mulan consigue cumplir las expectativas
de su padre, restaura el honor familiar y, como es habitual en las heroínas
de Disney (J. Wasco), encuentra a su príncipe azul. Este tipo de final
sólo es posible en la imaginación popular, pero no en la realidad,
del mismo modo que en las sociedades feudales chinas el honor familiar nunca
ha dependido de las hijas.
Los valores que la película defiende no son simplemente los del amor
a la familia o la libertad individual, sino más en concreto el valor
de la autenticidad, el reconocimiento de la identidad propia, y la celebración
del triunfo de la voluntad y la victoria de los desfavorecidos. Valores todos
ellos habituales en los grandes éxitos de Hollywood (G. Wang).
De este modo la historia, aunque ambientada en la antigua China, es decididamente
moderna y norteamericana, y en ella el oscuro pasado del «otro»
está representado por dos personajes menores pero enojosos, la casamentera
y el primer ministro, una quisquillosa guardiana de la feminidad tradicional
y un burócrata convencional y mezquino que sólo se preocupa por
las reglas. Los dos compendian las vetustas tradiciones y prácticas de
la China feudal, todo aquello a lo que se opone la moderna Mulan de Disney.
Con las doctrinas confucianas de lealtad, piedad filial y feminidad ideal representadas
como ideologías antiguas, cuando no primitivas, la introducción
de la igualdad de género y los modernos conceptos de feminidad, y la
difuminación de los cambios de género característicos del
teatro chino, la historia de Mulan se convertía en una leyenda intemporal
que se dirige al público familiar de Disney y celebra los universales
y aculturales valores del amor, el coraje y la independencia. Hasta la historia
de los conflictos entre los chinos y los llamados bárbaros del norte
es presentada como un tipo de guerra medieval que podría ocurrir en cualquier
lugar y en cualquier momento de la historia de la humanidad.
Entrecruzamiento de mercados: negociaciones culturales en la producción
cultural global
Lo que los productores de Disney han hecho con el romance chino de Mulan no
carece por supuesto de precedentes. Igual que la piedad filial y la lealtad,
el tema de la jerarquía social, que tiene una importancia fundamental
en la novela, quedó arrinconado en la versión cinematográfica.
Como Mulan, Tigre y dragón es una romántica historia de artes
marciales que se centra en la lucha de una muchacha por descubrirse a sí
misma. El dragón oculto del título se refiere a la capacidad para
las artes marciales de Jiaolong (o Jen), que se mantiene en secreto debido a
su origen, ya que es hija de un funcionario imperial. La pasión secreta
de Jen es el jianghu, el mundo al margen de la ley de los bajos fondos de bandoleros
y escoltas. Como Mulan, Jen tiene una doble vida; practica sus artes marciales
con propósitos oscuros, anárquicos. A diferencia de su maestra
Jade Fox, no es una villana, sino un ser prodigioso, extraordinariamente dotado,
que necesita un guía. Sus artes marciales tienen que refinarse, convertirse
en las virtudes de justicia y benevolencia que representan sus buenos mentores,
Yiu Xulian y Li Mubai. Aquí nos encontramos con el problema central del
proceso de deculturación, porque la domesticación de Jen por medio
de un matrimonio concertado se subordina a la lucha por el control de sus artes
marciales.
La compatibilidad de rango y jerarquía social era probablemente el primer
elemento a considerar en todos los matrimonios de la China feudal. La suma importancia
de las jerarquías sociales harían imposibles los encuentros sexuales
entre Jen, nacida de familia noble, y Lo, el Tigre del título, y por
tanto fueron cuidadosamente construidos en la novela de Wang Dulu. Primero viene
la desaparición de la hostilidad cuando Lo, el carismático jefe
de los bandidos, salva a Jen de morir en el desierto al tiempo que se obliga
a mantenerse apartado de ella, como corresponde a un caballero. En segundo lugar
se produce la desaparición de la distancia jerárquica cuando Lo
relata a Jen la tragedia de su familia, dejando ver que no es un hombre de humilde
cuna y que posiblemente tiene un origen respetable, compatible con el de ella.
Finalmente se da la eliminación de la distancia física cuando
Jen, en un acto de autodefensa, agrava sin proponérselo las heridas de
Lo. Su terrible sufrimiento despierta la simpatía de la muchacha, que
acude en su ayuda, una acción que terminará desencadenando el
amor y la pasión. Sin embargo, en el tratamiento que la película
da a su romántico encuentro, el sexo y la pasión sustituyen a
la sutileza y el decoro. Cuando a James Schamus le pidieron que reescribiera
una escena de amor entre Jen y Lo de forma que resultase romántica para
una mentalidad moderna, añadió al guión cielos estrellados,
estrellas fugaces, un desierto y soledad (Zhang y Lee, 2002: 298-9). Con la
soledad liberando a la pareja de las constricciones sociales, ese telón
de fondo favorece la desaparición de la distancia personal y justifica
el estallido de las pasiones. La secuencia omite informaciones cruciales sobre
los orígenes de Lo, que son la clave para el cambio de actitud de Jen,
que pasa de la animosidad a la simpatía. En vez de ello, Ang Lee destaca
la tendencia obstinada e intuitiva del carácter de Jen, lo que hace que
su vida se guíe más por el ímpetu de la emoción
que por la racionalidad.
En la novela, el tema de la compatibilidad social obsesiona constantemente a
Jen. Wang Dulu describe repetidamente su dilema y subraya la contradicción
entre sus decisiones y sus sentimientos. Pero en la película Jen es descrita
como un personaje relativamente plano, desprovisto de cualquier profundidad
psicológica. Esta importante diferencia puede explicar el cambio que
Lee lleva a cabo al final de la película. La última parte de la
novela empieza con un misterioso plan cuidadosamente elaborado por Jen. El plan
resulta ser la escenificación de su propio suicidio para poder reunirse
con su amante, Lo. Sin embargo, la historia no acaba con su fuga, como esperarían
los lectores. En vez de ello, Jen desaparece voluntariamente tras una romántica
noche con él.