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Revista de Occidente 286 Revista de Occidente

Historia de dos películas. Globalización e hibridación en la producción cultural

por Georgette Wang y Emilie Yueh-yu Yeh
Revista de Occidente nº 286, marzo 2005

Número de páginas: 7
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La historia de Mulan se basa en un romance popular escrito bajo la dinastía Wei (383 a 534 a. C.) sobre una legendaria muchacha de catorce años, Mulan, que se une al ejército en sustitución de su anciano padre para luchar contra los invasores del norte. Existen varias versiones de la historia, aunque todas comparten la premisa de lo inverosímil que resulta el que Mulan consiga hacerse pasar por un guerrero. El padre de Mulan está enfermo cuando recibe la orden de incorporarse al ejército. El sistema de reclutamiento vigente en ese momento exige que al menos un hombre de cada familia se incorpore al ejército para defender el país. Mulan, como hija devota, se enrola en el ejército voluntariamente -ocultando su género- para reemplazar a su padre. La muchacha sobrevive milagrosamente a diez años de guerra, y combate tan bien que es condecorada por el emperador. Pero no acepta el alto cargo que éste le ofrece y regresa a la casa paterna. La historia, que propone a Mulan como modelo, es uno de los diez cuentos populares más famosos de China, enaltecedor al mismo tiempo del amor filial y del patriotismo. Sobre ella se han hecho óperas, series de televisión y al menos dos películas anteriores a la producción Disney. La estrella china Michelle Yeoh la ha convertido después nuevamente en una película de artes marciales titulada Hua Malan (2004), con efectos especiales y rodada en escenarios chinos.
Comparada con la historia china en sus diversas formas, la versión de Disney ha introducido significativos cambios, mientras que las adaptaciones chinas anteriores se han mantenido relativamente fieles. Aquí habría que señalar las estrategias utilizadas por Disney para transformar una leyenda china en un producto moderno y entretenido dotado de cierta distinción o sabor cultural. El producto de entretenimiento, fiel a la marca Disney, contiene un núcleo de individualismo al estilo americano en un contexto de reafirmación étnica y de género. Y dicho núcleo está en contradicción con la ideología del material original chino.
La película de Disney presenta a Mulan mediante una serie de gags cómicos construidos a partir de malentendidos y peleas típicos de dibujos animados tempranos de Disney como las Silly Symphonies (1927). Es lo opuesto al modo en que se presenta a Mulan en la historia china original. El poema chino empieza con Mulan retirándose al telar, lugar tradicional de la mujer, para pensar en qué forma podrá ayudar a su familia. Mientras que la historia china caracteriza a Mulan como una muchacha silenciosa y reflexiva que en el ámbito doméstico atiende a tareas como la de tejer, la Mulan de Disney es vivaz, poco femenina e inapropiada como ideal de mujer. Esta diferencia fundamental representa la familiar dicotomía entre la antigua China y el moderno Occidente. Mientras que la historia china pasa inmediatamente al plan de acción de Mulan como hija abnegada, la Mulan de Disney fracasa espectacularmente en las pruebas a que se ve sometida para convertirse en novia y esposa. Desalentada, empieza a dudar de sí misma. La oportunidad de redención se le presenta al estallar la guerra. Quiere probar a los demás y a sí misma que puede honrar a su familia no a través del matrimonio, sino asumiendo la obligación masculina de combatir.
El rasgo cultural chino de la piedad filial ha dado paso a la búsqueda de la realización personal. Otro importante cambio en la versión de Disney se relaciona con los temas del travestismo y la ambigüedad sexual. En el romance chino esos aspectos se manejan con sutileza y una comprensión irónica de lo inverosímil que resulta una mujer que sirve en el ejército como hombre. En la historia original no se descubre que Mulan es mujer hasta que decide volver al hogar. Cuando Mulan llega a su casa acompañada de sus amigos soldados se pone sus antiguos vestidos. Al ver a un gran guerrero vestido de mujer, sus compañeros quedan muy sorprendidos: ¡en diez años no habían tenido la menor idea de que ella fuese una mujer! La obra china acaba con una analogía para explicar la ambigüedad de la identidad sexual y la facilidad con que puede engañar al ojo del observador. Tal vez Mulan parezca un hombre, lo que a su vez pone en cuestión las presunciones en que se basan los estereotipos sexuales.
Esta coda subversiva fue considerada demasiado amenazadora para la imagen popular de Disney, por lo que la neutralizaron haciendo que la identidad de Mulan quedase desvelada a mitad de la historia, siguiendo un típico desarrollo narrativo en el que la heroína ha de encontrarse con obstáculos antes de alcanzar la victoria final. En la película, Mulan es expulsada del ejército cuando se descubre su identidad, pero poco después prueba que las chicas también saben luchar, mejor incluso que los hombres. La necesidad de travestirse se convierte, al final, en una hábil táctica militar.
A la hora de dar vida a una historia desconocida por el resto del mundo, han intervenido al menos dos procesos de hibridación cultural. El primero está relacionado con la mezcla de la iconografía cultural y los sonidos de la antigua China, incluyendo pagodas, sauces y vestidos largos y holgados, así como música china clásica. Estos iconos culturales pueden ser utilizados de un modo simplemente instrumental para asegurar una apariencia de otredad. En el segundo proceso, el Mulan de Disney supone una versión hollywoodense del multiculturalismo que glorifica la multiplicidad de cultura, etnicidad, nación, género y raza. Pensemos en las voces que doblan a los principales personajes de la película: el afroamericano Eddie Murphy es el pequeño dragón, Mushu; la china americana Ming-na Wen es Mulan; B. D. Wong dobla al jefe militar de Mulan, el general Li Shang; y James Hong al compañero de Mulan, el soldado Chi Fu.
Es evidente que la versión de Mulan de Disney se presenta como una película multicultural realizada para un vasto público que incluye a blancos, judíos, africanos y asiáticos americanos. Al hacer esto, Disney juega con varios estereotipos existentes acerca de los asiáticos americanos y su cultura. El nombre del pequeño dragón, Mushu, trae inmediatamente a la memoria la comida étnica, ya que el «cerdo mushu» es un popular plato de comida preparada china. Debido a ello, Mushu es un tipo etno-cómico fácilmente reconocible que asociamos mentalmente con varias convenciones genéricas, del mismo modo que su nombre evoca un barato y sabroso plato de cerdo frito con verduras. Lo más interesante en el personaje de Mushu es la elección del actor que le pone voz: Eddie Murphy. Murphy es una gran estrella conocida por interpretar a personajes fanfarrones y bromistas en convencionales comedias de acción norteamericanas. En las películas de la serie de gran éxito Un poli en Beverly Hills, Murphy interpreta no a un perdedor, sino a un pez fuera del agua que derrota en su propio terreno a los estirados caucásicos. En Mulan nadie se come a Mushu, pero éste es un mequetrefe desvalido, una calamidad de dragón que intenta ganarse sus galones. Al principio es cobarde, estúpido y lo que le mueve es la posición social. Esto crea un buen paralelismo con Mulan, ya que al comenzar la película ella es una hija inútil: «Tú nos honrarás a todos» suena muy irónico, dadas sus inclinaciones poco femeninas.
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