Cuando finalmente se dio a conocer, el resultado proclamaba a Salinas de Gortari vencedor con el porcentaje mínimo requerido: 50,71 por 100 de los votos. Salinas llevó a cabo unas profundas reformas económicas de orientación neo-liberal (privatización de la banca, venta de empresas estatales, firma de un tratado de libre comercio con EE.UU. y Canadá que entraría en vigor el último año de su presidencia, 1994). Salinas manejó un alegre discurso de modernización y prosperidad económica que no correspondió con lo que acontecería tras concluir su mandato. El 1 de enero de 1994 se produce el alzamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en el paupérrimo estado sureño de Chiapas. Los combates entre el ejército y los insurgentes fueron mínimos, pero no así la repercusión mediática ni el descrédito del gobierno mexicano a nivel internacional al publicitarse la desprotección y el abandono de la población indígena del país. Humillante situación para el legado de Salinas: de un lado México entra en el club económico de los países del primer mundo con el TLCAN y a su vez se revela en las antípodas de la modernidad con la mitad de la población, especialmente la indígena, malviviendo en el umbral de la pobreza cuando no en la pobreza extrema. El desfondamiento del proyecto salinista es total si a esto se suma que a pocos meses de celebrarse las elecciones presidenciales de 1994 fue asesinado en circunstancias más que oscuras el candidato del partido en el gobierno, Luis Donaldo Colosio, a lo que hay que añadir la crisis económica de diciembre de 1994, con una nueva devaluación del peso, más el arresto en 1995 de Raúl Salinas, el hermano del ex presidente, por la autoría intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario del PRI, y la posesión inexplicable de cuantiosas cuentas en Suiza más el consiguiente exilio de Salinas en Irlanda. Sin embargo, a pesar de este maremágnum económico y político, los presidentes Ernesto Zedillo (1994-2000) y Vicente Fox (2000), el primer presidente que no proviene de las filas del PRI en 71 años, continuarán la política de liberalización económica emprendida por Salinas.
Sin perder de vista las singularidades del devenir económico de México, cabe notar que en el periodo que se ha considerado hay un proceso de fondo fundamental, el de la reconversión industrial de los años 70 y 80. Un proceso que tuvo lugar a nivel internacional y que también repercutió en México, llevando a un paulatino abandono de la economía basada en la producción industrial y agraria para favorecer el sector servicios y las tecnologías de la comunicación. En este sentido, se vio reforzado el sector servicios o terciario. Sin embargo, antes de que tuviera lugar este proceso de reordenación económica, en México arraigó un formato de producción mixta que respondía a las necesidades de su vecino del Norte, Estados Unidos. Se trata de la maquiladora, planta donde se ensamblan productos (desde coches a pantalones) cuyas materias primas provienen de terceros países. Este programa iniciado en 1965, que buscaba paliar el desempleo causado por la cancelación del proyecto «bracero», que acogía a trabajadores temporales mexicanos en EE.UU. durante los periodos de cosecha, gozaba de una exención fiscal y arancelaria inusual, lo que sumado al bajo precio de la mano de obra y a la debilidad del peso hizo que muchas empresas estadounidenses dejaran de producir en su país para trasladarse a México. Las maquiladoras son así empresas establecidas en México que responden a las necesidades de consumo de otro país y que apenas repercuten en las arcas del Estado; además se estima que sólo el 3 ó 4 por 100 de los materiales utilizados por ellas son mexicanos ( vid . Laurence Pantin, «Mexique, la genèse des "maquiladoras"», Les Echos , 9 de junio de 2004). A pesar de emplear a más de un millón de trabajadores, su impacto en el tejido productivo y económico mexicano es muy bajo tras casi cincuenta años en funcionamiento.
Pues bien, si la maquiladora se inscribe en la drástica reorientación de la economía de la segunda mitad del siglo XX , quedando a medio camino entre el sector servicios y la producción industrial tradicional, puede decirse que la tarea del artista contemporáneo también ha pasado por un proceso de «terciarización». El perfil del artista de la década de los 90 corresponde más que al de un productor de bienes al de un «prestador de servicios» (monta talleres, ofrece conferencias, trabaja por pedidos, etc.) El artista mexicano ya no funciona elaborando obra que responda a las necesidades inmediatas de su entorno y, por tanto, reforzando una estructura artística local. Ahora los artistas trabajan en un formato que les permite responder prioritariamente a peticiones hechas desde Austin, Castellón o São Paulo. Los artistas funcionan así como las maquiladoras, ensamblando materiales e imágenes que provienen de realidades ajenas (ya sean chips de Taiwan o fotografías de Mali) que se venden en el mercado pudiente estadounidense o europeo.
En este proceso de creación transnacional, los artistas llevan a cabo desplazamientos de códigos que son continuamente recontextualizados y resignificados, donde la interacción con espacios reales en las obras devienen ficciones y la ejecución de ficciones constituyen espacios de vivencias reales. En este sentido, el solapamiento entre la realidad social y la realidad virtual del arte revela en última instancia la evanescencia de la producción artística contemporánea.
Sin embargo, este plegarse y desplegarse sobre la realidad no es extraño a México, donde es común (desde mucho antes de Baudrillard y sus simulacros) que la realidad devenga ficción y que la ficción se haga realidad. Ello sin fricción alguna. El lacerante caso de los asesinatos de las mujeres de Ciudad Juárez no deja de ser para la mayoría de los mexicanos una ficción mediática y burocrática, mientras que el Subcomandante Marcos mueve a miles de personas desde su existencia virtual e iconográfica. Desde este ángulo, algunos de los trabajos de artistas mexicanos contemporáneos, como A propósito... (1997), una videograbación donde Joshua Okón y Miguel Calderón perpetran el robo de un autorradio, no es sino una impostura artística de la realidad. Gustavo Artigas y su proyecto The rules of the game (2000), donde pone a prueba el que dos equipos de baloncesto estadounidense y dos de fútbol sala mexicanos jueguen a la vez en una misma cancha en la frontera entre México y Estados Unidos, o Mejor Vida Corp (1998) de Minerva Cuevas, una parodia ciberespacial del funcionamiento de una gran empresa que se dedica a hacer el bien en lugar de beneficios (emitiendo gratuitamente credenciales de estudiantes con las que se obtienen descuentos en las entradas de los museos o redactando cartas de recomendación), apuntan a injerencias de ficciones artísticas en la realidad. Por su parte, en Flames maquiladora (2002), Carlos Amorales invita al público a coser botas de boxeo simulando así ser trabajadores de una maquiladora; pero en lugar de actuar para la parodia Amorales los ha puesto a trabajar para el mundo del arte. ¿Les suena?