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La cultura pasa por aquí
Revista de Occidente 282 Revista de Occidente

¿Qué es eso de la cultura?

por Oskar Negt
Revista de Occidente nº 282, noviembre 2004

Número de páginas: 6
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Así pues, en todas las instituciones se ha producido una considerable alteración, que en realidad tiene algo que ver con la cercanía y la distancia. Si ustedes dicen, con un orgullo no injustificado, que en la especialidad de las ciencias de la cultura estudian sobre todo mujeres, eso confirma al mismo tiempo el prejuicio de que la cultura es una materia blanda, algo para mujeres. El calor, la proximidad y todo lo que hace que la vida merezca ser vivida es competencia de las mujeres. A los hombres les corresponde la vida hostil, la despiadada sociedad del riesgo; aunque, como es sabido, a menudo no corran ningún riesgo, son miembros naturales de la sociedad del riesgo. Esta escisión de la conciencia es para mí una ruptura cultural de primer orden. Hace algún tiempo, cuando estuve en Cuba, comprobé con asombro que las tres cuartas partes de los docentes de las universidades cubanas eran mujeres. La razón es la misma. La actividad educativa, la ciencia, el cuidado de los niños, etc., no son para un latino como es debido auténticas profesiones masculinas; como normalmente ya tiene bastante con luchar y mandar, eso prefiere dejárselo a las mujeres. Pero, por otra parte, vemos que las mujeres tienen éxito precisamente en profesiones duras, como el derecho o toda una serie de campos de estudio, así como la propia informática. De un tiempo a esta parte, encontramos un número significativo de mujeres en las cátedras de informática y de ciencias naturales. Sin duda, bajo cuerda y paso a paso, se está operando un cambio. Sin embargo, en algunas organizaciones, como los sindicatos y las iglesias, las estructuras patriarcales son casi inamovibles. Aquí ha cambiado poco. Cuando hablo de cultura, no puedo silenciar estos problemas, ya que definen una situación social en la que la proporción de cercanía y proximidad se encuentra dañada.
Hay que añadir un tercer elemento de alteración que en el futuro dará mucho que hablar. No hay razón para lamentarse de que ya no exista el Estado nacional de viejo cuño. Pero la visión de que una burocracia de la Unión Europea con un Parlamento completamente incapacitado para la cogestión decida los destinos de Europa, es para mí una especie de pesadilla. Las estructuras democráticas de la cogestión se ven socavadas porque las instancias intermedias desaparecen en esta dialéctica entre proximidad y distancia, sin que nosotros lo queramos ni podamos asociar a ello un enriquecimiento de nuestra vida social. Así surge una contradicción hasta ahora inédita en Europa: el Estado territorial patriarcal, el Estado nacional, está moribundo (como le habría gustado a Marx), pero sin que la sociedad se haya emancipado. Y esta situación resulta amenazante cuando los potenciales del monopolio de la violencia estatal son impuestos a la sociedad sin que surja lo que Marx entendía por una sociedad emancipada, es decir, una nación cultural, y en esta dimensión sin duda Marx se acerca más a Goethe,
Schiller y Herder -que hablan de esa nación cultural- que a otros muchos que durante años han utilizado el pensamiento marxista con fines legitimadores.
Para finalizar, permítanme plantear la pregunta implícita en cualquier consideración de la cultura: ¿Cuál es en realidad hoy la idea del hombre con que sueñan los poderosos? Sé que no es posible proyectar una imagen del hombre que no sea contradictoria. Pero la idea de cómo debería ser el hombre es también producto de los conflictos culturales que he intentado describir. La idea del hombre que defiende la ideología economicista predominante, es la del hombre universalmente disponible . Lo digo con precaución, porque en esta concepción del universo que propone Tietmeyer la flexiblidad desempeña un papel primordial. La flexibilidad del mercado es el centro organizador del hombre moderno. El hombre universalmente disponible es el que, en unas relaciones siempre cambiantes, es capaz de moverse constantemente y estar siempre disponible, sin raíces de ningún tipo, ni en la familia, ni en un pueblo, ni en una ciudad. Quien pierde el trabajo en Emden tiene que trasladarse lo más aprisa posible a la Selva Negra, si allí es más favorable la situación del mercado.
Esta idea del hombre universalmente disponible es una imagen que resucita un mito antiquísimo; el hombre está sujeto a un destino implacable y sin escapatoria. Las personas sólo se comportan con arreglo al sistema cuando, complacidos y con cara satisfecha, giran como satélites alrededor del sol del capital.
Esta imagen del hombre (del hombre completamente volcado al exterior) contradice todos los proyectos de la humanidad que se han desarrollado en la historia de la sociedad burguesa. Por ejemplo, la idea del hombre del Renacimiento, el uomo universale (en latín: homo universalis ), el hombre de formación polifacética, que sabe mucho de todo. Leonardo es el que mejor y más elocuentemente expresa la idea original del hombre del Renacimiento: escultor, pintor, pero naturalmente también anatomista -que tenía que robar los cadáveres para diseccionarlos-, así como diseñador en muchos campos (incluso inventó proyectiles y catapultas). Pero la formación universal se manipulaba también en las actividades externas.
En la época de Goethe, el hombre entendía desde el punto de vista filosófico como interiorización del mundo. Éste es el principio fundamental del idealismo alemán; no hay nada en el mundo exterior que no esté también en el sujeto. Sobre el «yo como principio de toda filosofía» hay un escrito programático del joven Schelling. «Yo» significa autonomía, facultad de juicio, consideración de la humanidad a partir de la propia persona. Liberarse del sentimiento de culpa propio de la juventud es el objetivo primordial de la autoilustración de este sujeto completamente volcado hacia la autodeterminación, tal y como exigía Kant.
Ahora tienen ante ustedes un mundo que es más rico que nunca y en el que, por primera vez, existe la posibilidad objetiva de desterrar el hambre y la miseria. Nunca ha habido tantas posibilidades de reducir las enfermedades; nunca ha sido tan alta la esperanza de vida de las personas. En Alemania hay hoy 5.000 centenarios, y dentro de diez años habrá 15.000. Puede que esto no signifique mucho, pero la esperanza de vida sigue aumentando, sobre todo entre las mujeres. En este contexto contradictorio, con una esperanza de vida más alta y una universalización del mercado, el hombre ocupa un lugar cada vez menos definido. Nunca en la historia ha habido una definición oficial tan exigua y limitada: la del hombre empequeñecido, privado de sus potenciales y de sus capacidades. Lo importante no es la formación, sino transformarse rápidamente, ser flexible, olvidarse de lo que se pensaba ayer. Oponerse decididamente a este disparate de un hombre manipulable, privado de toda autodeterminación y disponible en todos los aspectos, merecería llevar a cabo una amplia ofensiva cultural. Porque una ciencia de la cultura como la que con gran esfuerzo fomenta su Universidad, tiene que ser al mismo tiempo una ciencia para la cultura; el uso público de la razón científico-cultural llenaría un vacío y sin duda promovería el prestigio de esta ciencia en nuestro país.
* Versión revisada de una conferencia pronunciada por Oskar Negt el 29-11-1996, con motivo del décimo aniversario del curso sobre Ciencia de la Cultura de la Universidad de Bremen.
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