Tal como hoy la vida urbana es más azarosa y cambiante y sus peripecias distan de hallarse encauzadas, el fútbol reproduce su mismo modelo. O bien: el despliegue del partido recuerda el proceder mismo de los videojuegos, que no son ya filmes diseñados anticipadamente de principio a fin sino que sus finales se alteran de acuerdo a las elecciones sucesivas del jugador. El fútbol es así moderno porque se comporta como un hecho de senderos múltiples, hechos imprevisibles, afortunados, desafortunados y, en suma, incontrolables, como las erupciones de un volcán o los escapes de un pozo de crudo o una nueva guerra de Corea.
El mundo, en general, ha dejado de seguir los dictados consecuentes de un Dios y un Demonio omniscientes, que santificaban a los santos y condenaban a los réprobos, para dejar toda rectitud al desorden y todo desorden a la normalidad del accidente, al modelo terrorista, en fin, que puede hacer a China vencer a Francia y caer a Argentina frente a Camerún.