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Revista de Occidente 346 Revista de Occidente

George Santayana: ciudadano del mundo

por Herman J. Saatkamp, Jr.
Revista de Occidente nº 346, Marzo 2010

Número de páginas: 8
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Nadie consigue ser ciudadano del mundo de forma completa. Se está siempre enraizado en el espacio y el tiempo, en el origen de la vida y herencia propias, son circunstancias básicas de la vida que configuran nuestra mirada, perspectiva y filosofía. Con todo, unos pocos, incluidos los filósofos, se esfuerzan por mostrar que el lugar y la mirada propios son ilusiones, ganando así una perspectiva que, aunque se basa en sus orígenes, elude los aspectos ilusorios, provincianos y parciales de la existencia individual. Santayana es un filósofo de ese tipo. Alcanzó esa perspectiva independiente por su herencia, su historia personal y su orientación filosófica. Joseph Epstein escribe, en una reciente reseña de las cartas de Santayana:
Si es posible decir que Santayana posee un mensaje filosófico total, sería el de desnudarse de toda ilusión posible -tarea que nunca puede completarse del todo- entendiendo, a su vez, lo mejor posible la poderosa atracción de las ilusiones para los demás. Alguien capaz de hacerlo, tal como Santayana lo hizo de forma consumada, merece el nombre de filósofo. (Epstein, 16.)
Podemos preguntarnos qué significa ser «ciudadano del mundo». Por supuesto no puede entenderse el término de modo literal, como si alguien pudiera tener pasaportes de todas las naciones del mundo. Me refiero, más bien, a una perspectiva global afín a todas las perspectivas individuales y nacionales que, sin embargo, no devalúe ni la cultura ni la perspectiva de cada cual. ¿Cómo es posible? Según Santayana, esa perspectiva global es posible si se reconoce la base natural de la vida, la multiplicidad de valores de los seres vivos y la integridad de cada vida individual, incluida la de uno mismo. Así, antes de explicar la mirada de Santayana, es importante determinar su herencia y su experiencia.
Vida
La herencia de Santayana descansa en la historia de la diplomacia española. Tanto su padre como su madre tuvieron relación con el cuerpo diplomático de España; en sus vidas influyeron ciertos aspectos accidentales de su época y las relaciones internacionales, a pequeña y gran escala. Santayana señala que hay tres modos de entender su vida y tres enfoques para entender su pensamiento. Resulta interesante que, en esa descripción, su vida y sus localizaciones geográficas no van en paralelo. Si nos centramos en los principales lugares de residencia de Santayana, su vida se divide en tres partes: nueve años en España (1863-1872), cuarenta años en Boston (1872-1912), y cuarenta en Europa (1912-1952). Pero Santayana describe el desarrollo de su persona y su pensamiento en Personas y lugares así: 1) sustrato (1863-1886), 2) América y Europa (1886-1912), y 3) Europa (1912-1952). El sustrato de su vida cubre básicamente desde su infancia en España hasta sus años de estudiante en Harvard. Su afición a los viajes transatlánticos le llevó a describir sus años como graduado y profesor en Harvard como «A ambos lados del Atlántico», que fue el título que propuso para la segunda parte de su autobiografía. Igualmente, el título de la tercera parte, «Todo al otro lado», nombra los cuarenta años que pasó en Europa como escritor tras abandonar Harvard en 1912.
Padre y madre
La vida de sus progenitores estuvo en función de las contingencias de la diplomacia española. Su padre, Agustín Santayana, nació en 1812. Estudió derecho aunque lo ejerció poco tiempo, tras lo cual ingresó en el servicio colonial y fue enviado a Filipinas. Era un hombre curioso que, a la vez que estudiaba Derecho, fue aprendiz con un pintor profesional del estilo de Goya. En su haber tenía haber traducido cuatro tragedias de Séneca, haber escrito un libro, sin publicar, sobre Mindanao, poseer una amplia biblioteca y haberle dado tres veces la vuelta al mundo. En 1845 fue nombrado gobernador de Batang, una pequeña isla de las Filipinas. Sucedió en ese cargo al recientemente fallecido José Borrás y Bofarull, el padre de Josefina Borrás. Josefina se convertiría en esposa de Agustín en 1861 y en madre de Jorge Agustín Nicolás Santayana y Borrás (George Santayana) el 16 de diciembre de 1863. Se podría pensar que comenzaron entonces su noviazgo, pero no fue así. Aunque no está del todo claro por qué, Josefina se fue de la isla al poco de llegar Agustín; hay indicios de que se sentía incómoda ante él por ser la única mujer española en la isla. Se fue a Manila, donde conoció y se casó con un hombre de negocios de Boston, antes de su futuro y algo misterioso matrimonio con Agustín.
En 1856 Agustín se encontró de nuevo a Josefina en una travesía de Manila a España. Josefina estaba entonces casada con George Sturgis, negociante bostoniano, y viajaba junto a sus tres hijos. El viaje llevó a Agustín a Boston, a Niágara, a Nueva York y a Inglaterra. Su último cargo diplomático fue secretario financiero del gobernador general de Filipinas, el general Pavía, marqués de Novaliches. Debido a los efectos nocivos sobre su salud de la vida en el trópico se jubiló pronto, bien pasados los cuarenta años, una edad similar a la del retiro de Santayana de Harvard a los cuarenta y ocho años. En 1861 volvió a España y allí se encontró de nuevo a Josefina Borrás Sturgis, ya viuda. Se casaron ese mismo año.
La historia de la madre de Santayana no carece tampoco de elementos azarosos. Aunque era española, había nacido en Glasgow, Escocia, en 1826 ó 1828. Su infancia la pasó en Virginia (EEUU) y en Barcelona, su juventud entre Filipinas y España y los últimos 43 años de su vida en Boston. Su padre había marchado de España a Escocia por razones políticas. Cuando se fueron a Estados Unidos, fue nombrado, irónicamente, cónsul norteamericano en Barcelona.Más tarde, cuando el talante del gobierno español le fue favorable, optó a un lucrativo puesto en Filipinas. El viaje desde Cádiz a Manila por el cabo de Buena Esperanza duró seis meses, atravesando las peores tormentas que recordaba el capitán. Al llegar a Filipinas, se enteró de que había cambiado el ambiente político en España y que perdía el alto puesto prometido, pero que uno menor, el de gobernador de Batang, era suyo. Cuando murió su padre, Josefina se quedó en la isla y estableció un negocio de exportación bastante lucrativo hasta que llegó Agustín Santayana, el nuevo gobernador, momento en que ella se fue a Manila. Allí encontró a George Sturgis, un aristócrata y negociante de Boston. Se casaron, tuvieron cinco hijos, de los que dos murieron pequeños y entonces murió su marido. George Sturgis era joven cuando murió, sus negocios iban mal y su esposa se encontraba de nuevo atrapada en Filipinas, ahora con varios hijos. Un hermano de su marido le envió 10.000 dólares y ella se fue a Boston.
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