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Revista de Occidente 344 Revista de Occidente

El estilo tardío y la autorrepresentación

por Domingo Ródenas de Moya
Revista de Occidente nº 344, Enero 2010

Número de páginas: 6
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Sin embargo, esta liza entre el cinismo y la gracia, entre el nihilismo y el consuelo en cuyo campo de batalla, nuevamente, se autorrepresenta la subjetividad embozada de Coetzee, no se ofrece en una narración formalmente ordinaria sino a través de una chocante disposición del texto basada en el contrapunto de discursos paralelos. Casi todas las páginas de la novela se dividen en dos partes separadas por un filete: la parte superior corresponde a los ensayos de C. y la parte inferior, al texto narrativo. Esta segunda, además, en muchas páginas se subdivide para recoger simultáneamente dos voces narrativas, la de C. y Anya o la de Anya y Alan. El resultado tipográfico desafía al lector, que tiene que decidir si lee página a página, saltando de un texto ensayístico a otro narrativo, o bien si lee seguidos los ensayos, o las narraciones, y luego vuelve al comienzo para completar la lectura. La libertad (y la obligación) de elegir un camino de lectura ya había sido aprovechada por Julio Cortázar o Max Aub en nuestra tradición, pero prevalecía en ellos un componente lúdico que no comparece aquí. Coetzee se las ingenia para plasmar materialmente la heteroglosia del mundo (reducida en su artificio literario a sólo tres voces) en una segmentación de la página que equivale a un contrapunto musical (y no es gratuito su exaltado apunte sobre J. S. Bach, cuya música es «un regalo que no nos hemos ganado, inmerecido, gratis»). Pero la diversidad de voces no es únicamente la de los personajes sino también la de los géneros discursivos que sirven de vehículo estructural a la ficción. Ya Elizabeth Costello se ofrecía como una serie de lecciones que en realidad eran relatos que incluían fragmentos ensayísticos bajo la forma de conferencias; pero en Diario de un mal año esa fluctuación en la frontera entre ficción y no ficción se convierte en borradura. La novela se titula Diario pero los dos capítulos que la componen son «Opiniones contundentes», título que remite al ámbito del ensayo, y «Segundo diario», sin que haya rastro de un «primer» diario, salvo que se lean las narraciones de C. y Anya de la mitad inferior de las páginas como sendos diarios. Con todo, el «Segundo diario» tampoco lo es strictu sensu porque está formado por veinticuatro notas sobre otros tantos temas en las que predomina el tono confidencial y la suavidad en los juicios. Más de la mitad del texto tiene, pues, carácter ensayístico y sin embargo constituye una parte indispensable en el mecanismo interno de la novela.
Las provocadoras y rotundas opiniones de C. antes de conocer a Anya (por ejemplo sobre la pedofilia, el ataque de las feministas contra la pornografía o las relaciones sexuales entre profesores y alumnos, asuntos que remiten directamente a su ensayo Contra la censura y a Desgracia, o su idea de que la teoría de la conspiración terrorista mundial de Al-Qaeda es producto del imperio en la Universidad americana de la paranoia interpretativa del postestructuralismo) desaparecen en la segunda parte por influjo directo del sentido común de la muchacha. Gracias a su arraigo en el mundo de verdad y no en la atmósfera irrespirable de conceptos desencarnados en la que se mueve C., éste atenúa su contundencia y expulsa el «tono de sabelotodo», como le reprocha Anya, con que ha pontificado sobre el terrorismo, Guantánamo, el asilo en Australia o sobre el pillaje en Sudáfrica. La ordenación de los microensayos y notas diarísticas dibuja la curva de una evolución narrativa, la de la historia paralela de C. y Anya o, dicho en términos simbólicos, la del efecto de la gracia y la caridad sobre la inteligencia fría y el idealismo ensimismado.
Respondiendo a hipotéticas objeciones a su obra desde Elizabeth Costello, Coetzee hace que C. apunte que los críticos entonan sobre él «un nuevo estribillo»: que «no es después de todo un novelista, sino un pedante que tiene sus escarceos con la narrativa», y C. se pregunta si no será cierto, si «durante todo el tiempo en que creía ir por ahí disfrazado, en realidad iba desnudo». Si C. lo dice por Coetzee no puede estar más equivocado: el académico, ensayista y crítico literario está en sus novelas, pero ni las coloniza ni las desvirtúa sino que las intensifica con la incorporación del pensamiento. Aunque por venir inscrito en una ficción deba considerarse desactivado. (Aunque los lectores no nos acabemos de creer que Coetzee se crea que sus opiniones están desactivadas.) Larvatus prodeo, avanzo ocultándome, podría haber sido también el lema de Coetzee, pero da la impresión de que empieza a cansarse de los disfraces. Las convenciones requieren que la existencia real del escritor quede fuera de lo que escribe, observa C. en la nota «Insh'allah», para agregar: «Pero ¿por qué debería plegarse siempre a la convención?». El último Coetzee, en su estilo tardío, inaugura una cuarta dimensión literaria configurada por las fracciones y refracciones de la propia existencia, un austero y firme sentido de la responsabilidad moral y de la verdad y la imposibilidad de disociar la expresión del pensamiento de la narrativización (que no sólo narración) de la experiencia.
BIBLIOGRAFÍA
Coetzee, J. M., «Confession and Double Thoughts: Tolstoy, Rousseau, Dostoeievsky», Salgamundi, vol. 37, núm. 3 (1985), pp. 193-232.
-, Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar, Madrid, Debate, 2007.
-, Mecanismos internos, Barcelona, Mondadori, 2009, pp. 261-273.
-, Doubling the Point, ed. de David Attwell, Cambridge, Harvard University Press, 1992.
-, «As a Woman Grows Older», The New York Review of Books, vol. 51, núm. 1 (15 de enero de 2004).
Lodge, David, «Disturbing the Peace», New York Review of Books, vol. 50, núm 18 (20 de noviembre de 2003).
Said, Edward W., Sobre el estilo tardío. Música y literatura a contracorriente, Madrid, Debate, 2009.
 
 
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