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Revista de Occidente 278-279 Revista de Occidente

Santayana y España: una recapitulación

por Daniel Moreno Moreno
Revista de Occidente nº 278-279, julio-agosto 2004

Número de páginas: 4
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A partir de 1883 inicia Santayana la costumbre de viajar a España durante los veranos para visitar a su padre en Ávila, costumbre que mantuvo hasta 1930 puesto que su hermanastra Susana se casó con el abulense Celedonio de Sastre y se trasladó a vivir a Ávila desde Boston. De este modo Santayana encontró una gran familia con la que mantuvo contactos hasta el final de sus días y en cuyo seno conoció de primera mano el comportamiento de los niños, que tan presente está en su obra filosófica. Esta situación le permitió también recorrer numerosas ciudades españolas como turista excepcional. Sus impresiones quedaron recogidas en páginas memorables de su autobiografía. En ellas se suceden descripciones de Ávila, ciudad a la que dedicó además uno de sus grandes poemas, Zaragoza, Tarragona y Sevilla, sobre la que escribe un curioso articulito titulado «Overheard in Seville: During the Processions on Maundy Thursday» (1913). Además de la de Ávila, en sus cartas figuran direcciones como: Calle Ancha de San Bernardo, 69, Madrid; Calle Serrano, 7, Madrid; Hotel La Peninsular, Sevilla; Hotel Castilla, Toledo; Hotel Continental, Vigo; Santiago de Compostela. La cercanía a Madrid no le facilitó, por extraño que parezca, el entrar en contacto con su intensa vida cultural y filosófica.
A pesar del esfuerzo personal de A. Marichalar, que tradujo «A Preface to a System of Philosophy» (1924) y «Ultimate Religion» (1933) para Revista de Occidente y «A Long Way Round to Nirvana» (1933) para Cruz y Raya , Santayana no participó en la efervescente vida filosófica de la Universidad Central. Considero que no fue únicamente el inglés la barrera que impidió la comunicación, sino también las tradiciones filosóficas divergentes en que se inspiraban.
Únicamente hay constancia de una relación directa con Miguel de Unamuno. Éste le envió un ejemplar de El sentimiento trágico de la vida (1913), que Santayana agradeció escuetamente, y Santayana correspondió con otro de The Life of Reason (1905-6), que se conserva en la Casa de Unamuno de Salamanca, con anotaciones manuscritas al margen. Llegaron incluso a almorzar juntos en Salamanca en 1930, último verano que Santayana pasaría en España, cuando Unamuno acababa de volver del exilio de París. La conversación sería sin duda interesante. El lector queda en libertad de imaginarla ante la ausencia de testimonios sobre ella.
Otra faceta del vínculo de Santayana con España incide directamente en la clave de su sistema filosófico, que gira en torno a la distinción que el idioma español hace entre ser , estar y existir . Dada su condición de pensador bilingüe, Santayana utiliza esta distinción para saltar por encima de las confusiones del idealismo moderno. El contexto viene marcado por el famoso artículo de G. E. Moore «The Refutation of Idealism» (1903), en el que se rechaza la afirmación de que la realidad es espiritual y el principio esse est percipi . Según Moore no se puede identificar real y aspecto inseparable de una experiencia sentiente puesto que el objeto de conocimiento no es parte o elemento del sujeto que conoce, sino que tiene un modo propio de ser, independiente del conocimiento, reconocible y susceptible de ser descrito. Por ello no se puede decir que «azul» sea una parte del contenido de la imagen o de la sensación o de la idea de azul, sino que es el objeto de la sensación. La conclusión, atrevida pero paradójica, es que «azul» es un objeto de experiencia del mismo tipo que cualquier objeto considerado real e independiente del sujeto. Santayana admite la refutación del idealismo, pero no considera que «azul» exista en el mismo sentido en que una flor azul existe. Ciertamente ambas cosas son , pero «azul» es una esencia y la flor es una existencia, «azul» es mientras que la flor está .
Esto le llevó a abanderar la reacción contra el neorrealismo norteamericano, seguidor de Moore, cuyo manifiesto, The New Realism: Comparative Studies en Philosophy , apareció en 1912. La respuesta de Santayana, publicada en The Journal of Philosophy (1915, 1924) en dos versiones sucesivas, se llamó «Some Meanings of the Word "Is"» y representa, según escribe en sus cartas, su filosofía completa de un modo sucinto y claro. Allí llega a distinguir hasta siete significados diferentes en la palabra es : identidad, equivalencia, definición, predicación, existencia, actualidad y derivación, aunque el eje es la distinción entre identidad-esencia y existencia. Es mala suerte que dos sentidos tan diferentes vengan recogidos por el mismo término es en todos los idiomas, salvo en castellano. Su condición de pensador bilingüe le permite recordar en una importante nota a pie de página la ventaja filosófica del idioma español:
La lengua española es comparativamente discriminadora en esta materia, al tener tres verbos para « to be » que no pueden ser intercambiados. « To be or not to be » debe ser traducido por existir. « That is
the question » requiere ser ; « There's the rub » pide estar . La existencia, la esencia y la condición o posición son distinguidas de este modo instintivamente.
La confusión entre ser como esencia y ser como existencia, entre ser y estar, origina la paradójica conclusión a la que llegó Moore. Ésta es la distinción sobre la que Santayana construye su sistema filosófico, unido de este modo por un cordón umbilical con
España. De modo que al tener noticias de que Antonio Marichalar le había llamado «místico castellano» aceptó el calificativo de místico, pero sólo porque estaba acompañado del adjetivo «castellano», adjetivo unido no sólo al paisaje de Ávila sino al idioma de sus gentes.
Por estas mismas fechas hay otro elemento español en su vida cotidiana. Obligado a convertir una visita a Londres en estancia permanente por el desencadenamiento de la Gran Guerra, agradece a Susana el envío de dos números del diario ABC que le permiten contrapesar la información que ve recogida en los periódicos ingleses, a los que considera excesivamente tendenciosos en sus informaciones sobre los alemanes. Conoce también el debate entre germanófilos y anglófilos que vive España y puede opinar sobre él. Santayana considera comprensible que el partido católico apoye la causa alemana porque vea en ella el reforzamiento del papel social de la Iglesia y a él mismo le parece preferible un dominio alemán mundial a la posible «americanización del universo». Sin embargo sus preferencias se decantan por Francia, Inglaterra y Rusia porque defienden la libertad individual y el disfrute de la vida, tal como hacen los partidos laicos y liberales.
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