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Revista de Occidente 334 Revista de Occidente

Deseo de Japón

por Julio Baquero Cruz y José Pazó Espinosa
Revista de Occidente nº 334, Marzo 2009

Número de páginas: 3
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Para Borges y Foucault, la clasificación de una supuesta enciclopedia china es el arquetipo de un saber incoherente y arbitrario. Por esa razón, pensamos en Occidente, Oriente no piensa ni hace ciencia: no clasifica, no comprende ni quiere comprender, no sistematiza, no tiene lógica. Pero la clasificación del rokudo¯ no es irracional: responde a otra lógica no menos implacable; el hombre, a menudo, aparece como gaki, su deseo es insaciable y se encuentra junto al animal, arrastrado por sus instintos, e incluso por debajo de él, pues podría ser de otro modo y no lo consigue. Es un deseo que se devora a sí mismo. No funda el ser ni el yo, como en el pensamiento occidental, sino que lo deshace. A esta concepción eminentemente negativa del deseo corresponde una concepción del tiempo que no puede ser más distinta de la de Occidente. El tiempo no tiene principio ni fin, no es una flecha tendida hacia el futuro, no es pura teleología, como en el cristianismo, sino que tiende al reposo, a la circularidad, a la rueda interminable de creación y destrucción. Un hombre así es un hombre sin telos, sin deseo, sin cuerpo.
Cuanto más grande es la barriga del deseo más fina es la garganta y más pequeña la boca. Al final resulta imposible tragar. El gaki, espíritu insaciable que muere de hambre o acaba explotando al no poder digerir todo lo que traga, puede identificarse con el hombre occidental, juguete de deseos postizos. El hombre del rokudo¯, en cambio, trata de liberarse de la enfermedad de la conciencia y de la ilusión del yo: lo único que desea es liberarse de la esclavitud del deseo. Ese hombre no tiene nada que ver con el gaki.
Su garganta es capaz de llenarse de todo y de ser todo eso con lo que se llena, pero no tiene una barriga para digerir y asimilar lo que traga, porque no traga ni digiere, no tiene cuerpo, es él quien se abre a las cosas y se pierde en ellas.
Cada conciencia se edifica sobre un deseo que luego secreta y administra. No sólo cambia el objeto del deseo: también cambia la forma de desear. Deseo de Japón: no sólo es Japón, lo otro, lo que deseamos. En el fondo deseamos el deseo japonés, un deseo vacío, neutro, un grado cero del deseo que a cada instante construye y destruye la conciencia japonesa.
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