www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Revista de Libros 90 Revista de Libros

De metáforas y juegos: Cataluña conquista España

por Santos Juliá
Revista de Libros nº 90, junio 2004

Número de páginas: 5
imprimir

Enric Ucelay Da Cal . " El Imperialismo catalán. Prat de la Riba, Cambó, D`Ors y la Conquista Moral de España" . Edhasa, Barcelona. 1099 pásgs. 21,15 euros
En 1908, escribió Ortega dos años después, la efervescencia producida en Barcelona por el movimiento solidario había llegado a su punto máximo: «La espléndida ciudad era sólo un ruido, una inmensa turbulencia sonora: no se escuchaba a nadie y todo el mundo hablaba». Ecos de esa turbulencia nos llegan ahora en un libro singular por su ambición omniabarcante, por su abrumadora erudición, por los sutiles juegos de ideas que propone, por dar generosamente la palabra a una multitud de publicistas de primer, segundo y hasta tercer orden, muchos de ellos ­razonablemente olvidados, otros todavía vivos en la memoria del nacionalismo catalán. Todo el mundo ­hablando, nadie escuchando. Ortega, que captaba con tanta agudeza el humor de los tiempos, acertaba: aquello fue una turbulencia sonora de la que esta obra monumental es el mejor de los testimonios posible.
Y, sin embargo, por todo el ruido levantado, por tantas voces hablando al mismo tiempo, y por tanta algarabía en la estructura y el orden de su relato, el planteamiento que propone Ucelay es, como él mismo indica, muy sencillo: «El regionalismo y/o nacionalismo catalán que irrumpió en la política española con la Lliga y su victoria en 1901 tuvo como eje central de su pensamiento el rediseño de España». Al tiempo que afirmaban la «unidad cultural» de la nación catalana, los catalanistas pretendieron dibujar de nuevo el Estado español como un «imperio» moderno que ofreciera una salida política a las contradictorias identidades nacionales surgidas en torno a la definitiva pérdida del viejo imperio. Ucelay intenta explicar a lectores españoles el papel desempeñado por esta doctrina «imperial» ante la paralela evolución del españolismo.
Unidad cultural e imperio, siempre entre comillas, serán pues los dos grandes ejes en torno a los que va desplegándose aquella turbulencia, llamada cuestión catalana, en la que Ortega confesaba no ver muy claro. Unidad cultural de Cataluña, Imperio de España, fundidos en una relación de sentido: tal es el fulcro sobre el que gira toda la construcción de Ucelay porque tales son los dos pilares -en realidad, un gran pilar al estilo de la gran columna central de la iglesia de los Jacobinos de Toulouse de la que florece un palmeral de nervaduras-, de la actuación política de la Lliga Regionalista. Unidad hacia el interior, imperio hacia el exterior, que persistirán a lo largo del tiempo y que contagiarán ideológicamente al españolismo en su corriente fascista. Constituye un objetivo central del autor romper uno de los grandes ta­búes de la historia contemporánea hispana y, puesto a ello, encontrar una relación directa, explícita, entre la persistencia catalanista en la doble temática de unidad e imperio y la formulación ideológica del fascismo español de la que se habría derivado nada menos que la invención inicial de la dictadura de Franco.
En el reino de las metáforas
Unidad cultural e imperio como doctrina, idea o pensamiento de la Lliga: esos son los cimientos del impresionante edificio. Pero, atención, aunque definidos por el mismo autor como doctrina, idea y pensamiento, se trata en realidad de metáforas ideológicas interrelacionadas, es decir, ofertas políticas de naturaleza distinta a un programa realizable. La cuestión, por tanto, se complica nada más empezar. ¿Qué es una metáfora ideológica? No un programa rea­liza­ble, tampoco una falsa idea; la metáfora ideológica es, en palabras de Ucelay, un instrumento al servicio de la construcción de un movimiento potente de opinión que pueda aglutinarse alrededor de un partido núcleo. De modo que al lanzar su metáfora de unidad cultural al aire, lo que pretenden los nacionalistas es vincular a los simpatizantes a una idea inicial, esto es, a la idea de Cataluña como unidad de cultura, para infundirles un sentido de seguridad que se contraponga a la referencia estatal: ser español en cuanto parte de un proyecto imperial. Las metáforas, a la par que surgen, se entrelazan y se adjetivan: unidad cultural catalana, imperio español.
Salvando la inmediata tentación de leer los tiempos presentes con ayuda de los anteojos del pasado -Cataluña como sujeto colectivo consciente de su intrínseca unidad; España como sujeto plural destinado, si quiere subsistir, a acomodar diversas unidades culturales sin reclamar una para sí misma-, el juego de estas dos metáforas acabará por cristalizar en torno a 1901-1905 para codificarse plenamente en 1906. Entre una y otra fecha, el bullicio de ideas habrá coa­gu­la­do en un partido político, la Lliga Regionalista, fundada en 1901; y el partido político habrá servido de cimiento al gran y unitario movimiento de la Solidaritat Catalana. Es entonces cuando Prat de la Riba da a la imprenta La nacionalitat catalana, faro que Ucelay proyecta hacia el pasado y hacia el futuro, de manera que a su luz adquiera sentido todo lo anterior y se cargue de sentido todo el porvenir. La nacionalitat catalana es, no por casualidad, el primer texto en que Prat de la Riba, que ha trabajado hasta ese momento en la tarea de catalanizar Cataluña, introduce la noción de imperio o imperialismo catalán, una rigurosa novedad respecto a sus publicaciones anteriores llamada a larga vida.
Iluminar el pasado significa, en el plan de esta obra, interpretar el recorrido del catalanismo desde Valentí Almirall a Enric Prat de la Riba situándose en el punto de llegada. Y así, en efecto, una vez establecida la sustancia del argumento, Ucelay da un salto atrás. Ya en el «punto de partida» -pero ¿hay realmente puntos de partida en la historia, ni siquiera que sea de metáforas?- establece una relación entre la unidad cultural y lo que de momento no pasa de ser un «sueño imperial». Almirall introduce en el magma del nacionalismo catalán que había despegado a mediados del siglo xix el concepto de self-government dándole un sentido territorial y oponiéndolo al uniformismo propio del imperio del primer Bonaparte. A otros imperios había que mirar como modelos: al británico, ­país de individualismo y self-government; al alemán, fuerte precisamente por su escasa unificación, por estar formado por reinos y principados libres; al austrohúngaro, regenerado gracias al particularismo de las nacionalidades que lo constituyen.
De manera que el sueño imperial habría servido como modelo de lo que podría ser una Cataluña particularista, individualista, autogobernada, en una España escasamente unificada, no centralista. Así se echó a rodar este sueño que, por circunstancias de las que Ucelay da cuenta cumplidamente, tuvo un mal despertar, como si su sentido no resultara fácil de encontrar: en lugar de concebir a España como un Estado compuesto o como una confederación de Estados, al estilo del republicanismo federalizante, Almirall acabaría sirviendo al propósito de un Estado dual. Mientras la parte castellana se mantendría tan unificada y concentrada como le viniese en gana, la catalano-aragonesa se organizaría partiendo de una base particularista y reconociendo la personalidad de las grandes regiones. Y así, tras el nacimiento de Alfonso XIII, cuando se produce cierta excitación monárquica y la reina regente aparece ante los ojos de los catalanistas como archiduquesa de Austria, Cataluña querrá ser como Hungría. Se comprende la desesperación de Almirall y la ruina de su proyecto, evaporado ante un sujeto que a estas alturas del relato Ucelay introduce un poco abruptamente, el «liberalismo madrileño», del que únicamente sabemos que tenía una «fría mirada» y que no entendía los matices de las metáforas catalanas.
Número de páginas: 5
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Jueves, 4 de Septiembre de 2008 17:17:59