La yuxtaposición de estos dos elementos tan dispares anuncian por dónde van a ir los tiros en la novela. La obra de Derek Walcott, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo, supone un cuestionamiento del canon occidental. Walcott hurga en la cuna misma de la cultura europea, Grecia, sacando de su entorno a los héroes homéricos y haciendo que se reciclen como taxistas, panaderos o pescadores en las Antillas. Se trata de una operación de canibalismo muy característica de los pueblos del Caribe. Parafraseando una idea del propio Díaz, ninguna cultura ha sabido sacar mejor provecho del basurero de la historia. En su emulación de Walcott, Junot Díaz da un paso más audaz que el poeta. Los invitados fagocitados en el particular festín caribeño que es su novela no son héroes homéricos, sino una caterva de personajes de tebeo. Al hacer algo así, catapulta su producto a una dimensión extraliteraria, dominada no sólo por la estética de los cómics, sino también por la del cine, los videojuegos y otras formas de ciberentretenimiento. En el paquete van incluidos géneros literarios considerados marginales por los sacerdotes del decorum y los guardianes del canon, como la ciencia-ficción, la fantasía y el horror. Se trata de borrar la distinción entre las formas altas y bajas de la cultura. Estos intentos de hibridación y subversión de códigos no son particularmente novedosos. Escritores como Michael Chabon o Jonathan Safran Foer, por nombrar a dos autores de la generación de Junot Díaz, también lo han hecho. Una influencia que opera sobre todo esto desde el fondo es la Haruki Murakami. Lo que lo distingue a Díaz de todos ellos es lo marcado de su preocupación política. Su novela se levanta sobre las ruinas del colonialismo. Su marginación es triple: como miembro de la clase baja de una sociedad violentamente jerarquizada, como hijo de la diáspora africana, y como inmigrante que al huir de la pobreza se ve condenado a adoptar un idioma que, irónicamente, logrará transformar en su arma más poderosa.
Conviene añadir un detalle significativo: Díaz dedica su libro «al pueblo dominicano». Los destinatarios de su singular apuesta narrativa son los miembros de su comunidad. Es para ellos para quienes escribe y hacia quienes se siente obligado. La maravillosa vida breve de Óscar Wao es un canto a su raza, a su país, a su familia, a su cultura, a toda una comunidad dolorosamente repartida entre dos islas, el sector occidental de la antigua Hispaniola y el Alto Manhattan.
¿CUÁNTOS PREMIOS PULITZER ES USTED CAPAZ DE RECORDAR?
La maravillosa vida breve de Óscar Wao es un entramado de narraciones que oscilan, como su primer libro, entre los Estados Unidos y la República Dominicana. Como ya ocurriera con los cuentos, nos tropezamos con una galería de personajes sumamente verídicos y creíbles. Díaz es un excelente cronista de la vida cotidiana, tanto en los barrios de Nueva York y alrededores como en su isla natal. Sus personajes tienen la inmediatez de los individuos que nos encontramos a diario en la calle, sobre todo gracias a la habilidad con que es capaz de captar y reproducir sus modos expresivos. La atención prestada a los personajes femeninos llama especialmente la atención. El engranaje de la novela lo sustentan dos narradores complementarios, Óscar, protagonista de la novela, y Yúnior, conciencia literaria y alter ego del autor, que ya había hecho aparición en el libro de cuentos. Buena parte de la narración corre a cargo de voces femeninas que hablan en primera o segunda persona, registros que Díaz domina con notable destreza. La novela se subdivide en planos que dan cuenta alternativamente de las andanzas de Óscar, Yúnior, y una saga de mujeres. Uno de los aspectos más importantes de la narración es la contrahistoria del Trujillato, en la que Díaz trata de subvertir el tratamiento que le han dado al período novelas como las escritas por Mario Vargas Llosa o Julia Álvarez.
Díaz cultiva una poética del fragmento que impregna todos los aspectos de la novela, incluida la cronología. Desde el principio mismo, recurre al uso de largas notas a pie de página, que sirven de contrapunto a los distintos planos narrativos. Uno de los mayores hallazgos son las rupturas y discontinuidades que fragmentan a las narraciones en microrrelatos que le imprimen un ritmo extraordinariamente ágil a la novela.
La construcción del mundo imaginario del protagonista es un notable logro. Junot Díaz invierte el estereotipo, situando en el centro de su universo narrativo a un latino bastante atípico. Gordinflón, enamoradizo, empollón y escritor en ciernes, Óscar es un inadaptado social y sentimental, que dedica toda su energía mental a la ciencia ficción, bien en forma de cómics, películas o la lectura de los autores canónicos del género.
Es pronto para valorar adecuadamente una propuesta narrativa tan audaz como la que plantea La maravillosa vida breve de Óscar Wao . Por lo pronto, introduce en el género novelesco elementos que harán levantar las cejas a más de uno. El jurado del Pulitzer suele ser proclive a sancionar propuestas más convencionales. Este año han demostrado una saludable amplitud de miras. Rupturista, divertida y arriesgada, la primera novela de Junot Díaz constituye una valiosa aportación a las letras americanas.