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Revista de Libros 138 Revista de Libros

Los cuatro fantásticos y Derek Walcott en el Basurero de la Historia

por Eduardo Lago
Revista de Libros nº 138, Junio 2008

Número de páginas: 2
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LOS REYES DEL MAMBO LEEN NOVELAS DE CIENCIA-FICCIÓN
En 1990, Óscar Hijuelos, novelista de origen cubano nacido en Spanish Harlem, obtenía el Premio Pulitzer, el galardón más prestigioso de las letras norteamericanas, por Los reyes del mambo tocan novelas de amor . Dieciocho años después, hace apenas unas semanas, otra novela escrita en inglés por un hispano, La maravillosa vida breve de Óscar Wao , del dominicano Junot Díaz, alcanzaba el mismo honor. En el momento de recibir el premio, los dos autores tenían la misma edad: treinta y nueve años. Nacido en la República Dominicana en 1968, Junot Díaz tenía siete años cuando su familia emigró a una zona particularmente deprimida del cinturón industrial de New Jersey. Durante su infancia vivió el trauma de tener que cambiar de lengua. Tras sobre­vivir a la degradante experiencia que es la escuela pública norteamericana, cursó estudios universitarios en instituciones de poco o ningún renombre antes de ser admitido en el programa de escritura creativa de Cornell, uno de los más prestigiosos del país, donde la presencia de un latino constituía una rareza altamente valorada. Díaz se forjó leyendo desaforadamente cuanto caía en sus manos. Pobre, apremiado por una difícil situación familiar, encontró refugio en la épica apocalíptica de los cómics y los relatos de ciencia-ficción a la vez que en lo que convencionalmente se considera alta literatura. Disciplinado por los talleres de escritura y el consejo de escritores que lo animaron a seguir el oficio, en 1996 la revista Story aceptó publicar «Ysrael», sobrecogedor relato que cuenta la historia de un adolescente cuya cara devoraron los cerdos siendo niño, y que recorre los campos dominicanos ocultando su rostro tras una máscara y entregándose a las fantasías que encuentra en el mundo de los cómics. El cuento llamó poderosamente la atención y poco tiempo después, una revista tan exigente como The New Yorker publicaba «Drown», narración que serviría para titular la edición de los cuentos en inglés. Adelántandose a la salida del libro, estas dos mismas revistas publicaron otros tantos relatos del desconocido autor, creándose así una gran expectación en torno al volumen de cuentos. El libro tuvo una recepción muy favorable, confirmándose así las esperanzas puestas en su talento como narrador. Desde entonces el autor dominicano no ha dejado de estar en el punto de mira del mundo editorial americano un solo momento. Traducido a numerosos idiomas, Drown se convirtió en un long-seller de repercusión internacional. Al castellano se hicieron dos traducciones, una dirigida al mercado nacional español y que se tituló Los boys , y otra dirigida al mercado norteamericano y latinoamericano y que se tituló, por expreso deseo del autor, Negocios , título del relato más extenso del volumen.
BAILE DE MÁSCARAS
La prosa que utiliza Junot Díaz en su primer libro de cuentos es de factura inequívocamente americana: frases cortas, sin adornos, sintaxis limpia, estilo sobrio, preñado de intención y sentido. Agudamente consciente de sus raíces africanas, Díaz necesitaba modelos con los que identificarse, y los encontró en los escritores de la negritud norteamericana, de manera señalada en Toni Morrison. En algunos relatos recurre a estrategias que hacen pensar en escritoras tan distintas como Maxime Hong-Kingston, Leslie Marmon Silko o Lorrie Moore. El influjo de narradores descarnados como Cormac McCarthy es palpable. Sin que se pueda hablar de influencia directa, hay un parecido de familia con escritores realistas cuyo estilo se caracteriza por la crudeza, como Walter Mosley o Richard Price. Junot Díaz ha confesado su admiración por el cuentista Michael Martone. Mucho más significativa es su afinidad con la haitiana de expresión inglesa Edwidge Danticat, cuyo primer libro de relatos, Krik? Krak!, despliega una escritura a la vez poética y brutal, no muy alejada de la que cultiva el ­propio Junot Díaz. Salvando las distancias, se podría decir que el acercamiento de Díaz a la realidad que ­viven día a día los latinos recuerda a lo que hizo Carver con la clase media blanca menos privilegiada, o a Philip Roth con la comunidad judía. Ningún escritor surge de la nada, y Junot Díaz no es ninguna excepción, pero es cierto que el dominicano tuvo siempre claro que carecía de antecedentes claros para llevar adelante su proyecto literario, lo cual le obligó, en un sentido, a empezar virtualmente desde cero.
Aunque constituye un logro más que notable, en Drown la poética de Junot Díaz se encuentra aún sin de­sa­rro­llar. El libro se articula en torno a la tensión, de alto voltaje lingüístico, entre los cuentos que transcurren en su país natal (en los que a través de unos ojos infantiles se evoca la cruda realidad de la pobreza dejada atrás) y los relatos que tienen como escenario suelo norteamericano, protagonizados por adolescentes. El largo relato que pone fin al libro evidencia la necesidad por parte del autor de poner su talento narrativo al servicio de la construcción de una novela.
ENCERRADO CON UN SOLO LIBRO
La excelente recepción que tuvo el delgado volumen de cuentos junto con las grandes esperanzas depositadas en él como escritor obligaron a Díaz a encastillarse en una fortaleza de silencio, a fin de crear para sí el espacio necesario para que sedimentara definitivamente su poética. A un periodista que le preguntó por qué había tardado once años en completar su primera novela, le respondió que, aunque sabía lo que tenía que hacer, le faltaba la formación necesaria para llevar a cabo su proyecto. Díaz se pasó más de una década tanteando, aprendiendo, descartando y volviendo a empezar desde cero. Cuando, por fin, el autor dio su visto bueno, se puso en marcha una cuidadosa operación de lanzamiento. Anunciada como una de las grandes apuestas editoriales de la pasada temporada de otoño, la respuesta superó con creces todas las expectativas puestas en él. Las críticas fueron unánime y encendidamente elogiosas. Varias publicaciones de prestigio declararon su libro como la mejor novela del año. Le fueron concedidos varios premios, los dos últimos el Nacional de la Crítica y el Pulitzer.
LA MARAVILLOSA VIDA BREVE DE ÓSCAR WAO
Lo primero que se tropieza el lector antes del arranque mismo de la novela es una cita de Stan Lee y Jack Kirby, autores de Los cuatro fantásticos , uno de los cómics más populares de la Marvel, que dice: «¿Qué le importan a Galactus las vidas breves y anónimas?». En la página siguiente, Junot Díaz cita un largo fragmento de un poema de Derek Walcott cuyos últimos versos rezan: «No soy más que un negro con reflejos cobrizos en la piel, enamorado del mar. Recibí una sólida educación colonial. Por mis venas corre sangre negra, inglesa y holandesa. Una de dos: o no soy nadie, o soy toda una nación».
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