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Revista de Libros 137 Revista de Libros

Apología de la inmanencia

por Rafael Narbona
Revista de Libros nº 137, Mayo 2008

Número de páginas: 4
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En El cristianismo hedonista, segunda entrega de su Contrahistoria de la filosofía , Onfray se muestra menos beligerante, más sereno en el análisis. No rectifica, pero matiza hasta el extremo de ofrecer una interpretación mucho más estimable. Al estudiar el gnosticismo, reconoce dos tendencias: el gnosticismo encrático, que sigue una línea ascética, y el gnosticismo hedonista, libertinos que contemplan la carne sin el prejuicio platónico. El cuerpo no es un lastre ni una prisión, sino un instrumento que nos ofrece la posibilidad de disfrutar. El interés de Onfray por el gnosticismo no deriva hacia una reivindicación semejante a la de Harold Bloom, que en Presagios del milenio (1996) finaliza la obra con un sermón donde se atribuye la imperfección del mundo a la incompetencia de «ángeles ineptos». Sin embargo, Onfray y Bloom coinciden en su interés por el Evangelio apócrifo de Tomás , según el cual el hombre es un transeúnte en una realidad, cuya comprensión exige el autoconocimiento. «Si no os conocéis a vosotros mismos, entonces moráis en la pobreza, y sois la pobreza». Es evidente que el aforismo repite la sentencia socrática, un ejercicio de introspección no orientado hacia el desprecio del cuerpo, sino al conocimiento integral de la condición humana, incluidos sótanos y cloacas.
En su recorrido por las figuras menores de la historia de la filosofía, Onfray rescata las tesis sobre la gracia de Simón el Mago, Valentín y Basílides, que prefiguran la doctrina luterana de la predestinación, aunque desde insólitas perspectivas: hay que agotar el mal para permitir la emergencia del bien, no hay plato más delicioso que el paté elaborado con los restos de un feto humano, hay que copular hasta la extenuación para agradecer a Dios el privilegio de poseer un cuerpo. En definitiva, los actos carecen de importancia. Es indiferente matar, educar o esforzarse en la santidad. Hay que escatimar o despilfarrar el esperma, pues su efusión o contención constituyen una expresión de gratitud hacia Dios. Estas doctrinas pueden englobarse en un movimiento llamado Espíritu Libre, una corriente difusa, herética, estrafalaria, que repudia cualquier forma de culpabilidad, incluso ante los crímenes más horribles, como el infanticidio. Dios existe, sin duda, pero no como ser personal, antropomórfico. Casi todos los representantes de este movimiento acaban en la hoguera y, según Onfray, su raíz común es una ética de la alegría que celebra el cuerpo, la vida, la materia. El hedonismo no es un rasgo exclusivamente gnóstico. También pertenece al espíritu cristiano, pero ha sido desechado por el fundamentalismo de Roma y el puritanismo luterano y calvinista. Lorenzo Valla (1407-1457) nos ofrece una visión del mensaje cristiano que no incluye la antropofagia ni el desenfreno sexual, pero sí la sencillez de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La providencia de Dios no le convierte en el responsable del mal, pues su capacidad de prever no implica una relación causal. La esperanza no debe asociarse al sacrificio, sino a la felicidad, al placer de existir y estar conforme con uno mismo. La esencia de Dios no coincide con el celo inquisitorial, sino con la amistad. El epi­cu­reís­mo cristiano entiende la relación del hombre con Dios en términos de amistad y no de temor.
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