www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Revista de Libros 132 Revista de Libros

Daniel C. Dennett, Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural (Katz)

por Francisco Lapuerta Amigo
Revista de Libros nº 132, Diciembre 2007

Número de páginas: 3
imprimir

Sea como fuere, las religiones primitivas, de carácter animista, están construidas sobre la base de la atribución de intenciones (creencias y deseos) a entidades no humanas. Como aproximación cognitiva a muchos fenómenos complejos, el animismo es indudablemente útil para la supervivencia. Incluso cuando el fenómeno no se asemeja a un agente consciente -por ejemplo, las nubes-, es sencillo considerarlo como algo manipulado por un agente -el dios de la lluvia- que provoca sus acciones.Todo aquello que nos afecta se entiende y controla mejor si lo consideramos como un agente que interactúa con nosotros o frente a nosotros. Así es como funciona la mente: el cerebro tiene un sesgo para la identificación de agencias intencionales en nuestro entorno, un sesgo que todavía utilizamos tanto para entender fenómenos sociales como procesos económicos o el funcionamiento de cualquier artilugio tecnológico. Es algo en lo que Dennett ha insistido suficientemente en libros anteriores. En el que ahora nos ocupa, incluye las creencias religiosas en el mismo esquema: se trata, simplemente, de atribuciones de intencionalidad a entidades imaginarias que han superado la prueba del paso del tiempo.
Siguiendo a Pascal Boyer [ 1 ] , una de las principales funciones de la creencia en una entidad sobrenatural es que se trata, casi siempre, de agentes de acceso completo . En casi todas las tradiciones religiosas los antepasados son seres omniscientes de los que uno no puede esconderse ni en sus más íntimos pensamientos. Hoy nos parece una idea terriblemente contraproducente para el ejercicio de la libertad individual (¡socava el derecho a la intimidad!), pero en tiempos pasados tuvo una importante función: servía de ayuda para la toma de decisiones. En efecto, simplifico muchísimo el pensamiento de qué he de hacer ante cualquier situación dada si me planteo: «¿qué querrían mis antepasados que yo hiciera en tal situación?». Más fuerza tiene aún la pregunta si creo que los antepasados tienen, de hecho, un acceso ilimitado a mi experiencia, pues la fórmula quedaría así actualizada: «¿qué quieren mis antepasados que yo haga ahora?».
Una creencia bien asentada en la tradición era mucho más sólida que cualquier novedosa reflexión racional entre los cazadores-recolectores del Paleolítico. La incompletud del conocimiento era tan gravosa que valía la pena recurrir antes a un mito que a una mala explicación naturalista. Sin duda, es más adaptativo explicarse los fenómenos apelando a lo sobrenatural que no poder explicárselos.
La idea central del libro surge cuando, una vez consumado un intento de explicación de la emergencia de las creencias religiosas en el pasado de la humanidad, el filósofo de Tufts se plantea por qué razón de fondo, en un mundo secularizado y científicamente avanzado como en el que vivimos hoy, tienen todavía tanto predicamento dichas creencias. No sería lógico si suponemos que la ciencia ha desplazado por completo al mito y la religión en la explicación del mundo objetivo, pero quizá resulte más comprensible el fenómeno si tenemos en cuenta que las creencias metafísicas son, para la mayoría, todavía más importantes que las ideas científicas, incluso que las políticas.
Entre las creencias metafísicas está la creencia en la libre voluntad, muy importante, sin duda, y abordada por Dennett en un trabajo anterior [ 2 ] . Por mucho que nos digan que el mundo es a nuestra escala determinista, creemos en el indeterminismo de la libertad de acción. Otra de esas creencias inamovibles es la creencia en que está bien creer en Dios. Aunque no exista ninguna evidencia a favor de ello, estamos tan persuadidos de que la religión es buena y de que las creencias de tipo religioso son consoladoras, reconfortantes y esperanzadoras, que, por lo general, la gente no altera su actitud cuando pierde la fe. ¿Qué hace la gente cuando descubre que ya no cree en Dios? Muchos de ellos no hacen nada; algunos ni siquiera se lo comunican a sus seres queridos, otros no dejan siquiera de ir la iglesia. ¿Por qué? Quizá porque poseen la firme convicción de que la creencia en Dios es algo a preservar y, por ello, en lugar de desecharla de un modo decidido, la sustituyen por una concepción más abstracta y despersonalizada de Dios. O dejan de creer directamente en Dios para creer en la creencia en Dios.
La religión tiene anticuerpos contra el escepticismo. Los fieles de todas las confesiones religiosas, es decir, casi todos los seres humanos del planeta, hemos sido educados en la idea de que cuestionar la fe es algo insultante o irrespetuoso. Las creencias religiosas tradicionales se han defendido durante siglos protegiéndose mediante la estrategia de la criminalización del contrario. Dennett lo había advertido en la primera parte de su libro: ¿por qué esta resistencia a aceptar que la religión sea susceptible de investigación científica? Porque es un sistema de ideas autoprotegido contra su eventual desaparición.
Un síntoma de ello es que, aunque ahora pocos creen en el Dios de la Biblia tal y como allí se presenta literalmente, y aunque se tiende más bien a creer en un «algo» despersonalizado y apenas providente que está detrás de todo como un puro misterio insondable, el lenguaje de las creencias casi no ha cambiado. No lo llaman Poder Superior u otra cosa, sino Dios. La respuesta que nos brinda Dennett a esta paradoja es simple: estos creyentes no creen tanto en Dios como en la creencia en Dios, pues ante todo se mueven por su aprecio al hecho de profesar la fe , y eso es lo que les lleva a mantener la continuidad de la nomenclatura religiosa al uso.
Profesar la fe es más interesante hoy día que tener fe. El objeto -la fe- ha quedado desplazado por la actitud. De manera parecida, podríamos resumir la idea central de Dennett diciendo que el objeto de la religión, tradicionalmente Dios, ha dejado de ser el objeto de las evolucionadas creencias religiosas de hoy; el verdadero objeto es hoy en día la misma creencia en Dios.Ya no importa si hay algo real que creó el universo o se inmiscuye en nuestras vidas: importa la idea de Dios (lo que llama Dennett el «objeto intencional»).O, si se prefiere, el pensamiento de Dios. La gente quiere pensar en Dios porque se siente mejor si lo hace, independientemente de si creen o no creen que existe tal Dios.
La diferencia entre creer en Dios y creer en la creencia en Dios es importante para entender la pervivencia de la religión en Occidente. En un mundo secularizado como el nuestro, uno puede creer en la creencia en Dios sin necesidad de creer en Dios. Esto es posible porque, aun sin fe, uno puede considerar que la fe es un estado mental que vale la pena. Hay teólogos cristianos que insisten en este punto, incitando al descreído a atreverse a tener fe para ver qué maravilloso mundo de sensaciones profundas se le abrirán con la experiencia. No cuestionarán si Dios es real o imaginario: esto ya no importa. Lo que importa es el hecho de pensar en Él.
La fe había sido siempre aceptación de la revelación divina. Hoy es, más bien, la confianza personalizada, psíquicamente satisfactoria, en un Dios apofático (inefable, incognoscible, más allá del alcance humano). Es el diagnóstico de Dennett: Dios ha desaparecido de la escena y en su lugar ha emergido la mente humana.
Número de páginas: 3
imprimir

NOTAS
  • [ 1 ]

    Pascal Boyer, Religion Explained:The Evolutionary Origins of Religious Thought , Nueva York, Basic Books, 2001.

  • [ 2 ]

    Daniel Dennett, Freedom Evolves , Nueva York,Viking-Penguin, 2003 (trad. de Ramon Vilà, La evolución de la libertad , Barcelona, Paidós, 2004).


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Miércoles, 8 de Octubre de 2008 15:09:11