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Revista de Libros 131 Revista de Libros

La fuerza de la experiencia y la razón. Sobre El filósofo autodidacto de Abentofail

por Enrique Cerdá Olmedo
Revista de Libros nº 131, Noviembre 2007

Número de páginas: 3
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No tenemos ningún motivo para dudar de la veracidad de Hayy, es decir, de Abentofail.Todas las etapas del proceso intelectual son plausibles. Ha habido místicos de diferentes épocas, culturas, países y religiones que han descrito sus experiencias de manera parecida. Tengo un amigo -un científico muy capaz- que dedica mucho tiempo a la experiencia mística.
El lector, por supuesto, puede tener por defectuosos algunos razonamientos y rechazar sus conclusiones. Incluso si acepta que el éxtasis místico es una experiencia real, puede atribuirla no a la unión con Dios, sino a que el cerebro funciona mal en circunstancias extremas.
Cuando Hayy tiene cincuenta años, llega a su isla Asal, un hombre muy religioso de una isla vecina que quiere vivir como ermitaño. El encuentro es memorable. Asal enseña a Hayy a hablar y así pueden confrontar los conocimientos que ha adquirido éste por sí mismo y aquél por aprendizaje de maestros y predicadores. Resulta que ambos han llegado a las mismas verdades, pero Hayy está más avanzado en la vía mística que Asal.
Aprovechando un barco extraviado viajan a la isla habitada para predicar, pero tienen muy poco éxito y regresan a sus vidas solitarias. Ni el conocimiento ni la trascendencia interesan a la gran mayoría de la gente, ni hacen falta para practicar una religión revelada a la que reconocen la función útil de proveer cohesión social.
Tres culturas se dice que convivieron y cooperaron en la España medieval. Veo pocos indicios de esas tres culturas, y menos aún de su convivencia pacífica. No veo tríos de lenguas, de grupos sociales, ni de entidades políticas. En cuanto a las religiones, la mayoría de los habitantes del mundo, entonces y ahora, ven al judaísmo, al cristianismo y al islam como relacionadas y parecidas, como las versiones sucesivas de una aplicación informática, cada una de las cuales añade relativamente poco a la anterior. El Antiguo Testamento de Creyentes.1 contiene aproximadamente el 64% del total de los textos revelados de las tres, cuya versión española suma más de cinco millones de caracteres; el Nuevo Testamento de Creyentes. 2 le añade el 20% y el Corán de Creyentes.3 el 16% restante. Las estadísticas de seguidores nunca fueron muy seguras, pero Creyentes.1 tuvo siempre una porción muy pequeña del mercado, ahora menos del 1%, mientras que las otras dos representan bloques similares, pero con dinámicas actuales muy diferentes. El grupo alternativo real se ha compuesto siempre de incrédulos y agnósticos y el libro de Abentofail da unos detalles interesantes sobre la situación en su época.
Nos dice que «los que investigan la verdad por las solas fuerzas de la razón [...] sólo algún individuo aislado [...] no lo comunica a la gente sino por medio de alegorías, porque la religión musulmana y la ley verdadera prohíben dedicarse a su estudio y ponen en guardia contra él». Esta frase arroja dudas sobre sus repetidas confesiones religiosas, que de otra manera parecerían sinceras. El libro, aunque rico en expresiones piadosas y coronado por el acuerdo de la razón y la revelación, causó a su autor serias dificultades, que hubieran hundido a otros más débiles y no tan bien relacionados. ¿Qué pasaría si su propio pensamiento, o el de otro, entrara en contradicción con la enseñanza religiosa? Abentofail evita esta pregunta, pero su contestación está implícita al recomendar con la mayor energía el pensamiento independiente y exhortar al lector a que «te cerciores por ti mismo de todo lo que nosotros nos hemos cerciorado, y no tengas necesidad de atar tu ciencia a lo que nosotros hemos conocido».Y al citar a Algazel: «Y aunque estas palabras no tuviesen otra virtud que la de hacerte dudar de tus convicciones heredadas, tendrían ya utilidad suficiente; porque el que no duda, no mira; el que no mira, no ve; y el que no ve, permanece en la ceguera y en la perplejidad». El libro contiene otras citas llamativas de sus predecesores. Dice que, para Alfarabi, la felicidad humana «sólo se halla en esta vida y en este mundo», que «todo lo que se diga, fuera de esto, son chocheces y cuentos de viejas» y que la profecía es un producto natural de la imaginación y, por tanto, inferior a la filosofía.Abentofail declara inmediatamente que «esta doctrina hace desesperar a los hombres de la misericordia de Dios, pues pone al bueno y al malo en el mismo nivel, al afirmar que el fin de todos es la nada.Tal aserto es un error que no tiene nombre y una falta que no tiene perdón». Esto me recuerda a los que intentaban transmitir ciertas ideas a través de la censura negándolas y escribían, por ejemplo: «Algunos malvados dicen que la religión es el opio del pueblo». Por algo recomienda recomienda Abentofail un espíritu despierto, preparado para la más ligera alusión.
Abentofail encuentra que Algazel se contradice de un libro a otro, pero lo cita al señalar que «hay tres clases de opinión: la que uno profesa acomodándose a la que el vulgo sigue; la que se acomoda a la consulta hecha por el que pregunta y desea ser dirigido; y, finalmente, finalmente, la que tiene el hombre para sí mismo y que no manifiesta sino a quien comparte sus convicciones». No hay que reprochar a Algazel que diera primacía a su propia supervivencia, como hace Hayy en la novela.
El renacimiento iniciado por Abentofail y sus compañeros falásifa fue extinguido por sus enemigos.Para los escolásticos que leyeron a los árabes, la filosofía es sólo una sirvienta de la teología. En España la Inquisición siguió activa hasta 1834. Es curioso comparar El filósofo autodidacto con El criticón, de Baltasar Gracián. Ambos comienzan con un hombre que ha crecido solo en una isla remota, pero Gracián no se fía de lo que pueda aprender por sí mismo: una tormenta arroja a la isla a un hombre culto que enseña al salvaje todo lo que hay que saber, incluida la religión, y lo acompaña en un recorrido ingenioso y pesimista por la civilización. No es probable que Gracián conociera el precedente de Abentofail, que no había sido publicado en ninguna lengua cuando apareció El criticón .
En la Edad Media hubo dos culturas, como en la nuestra. La distinción principal no es entre los Creyentes.1, .2, o .3, y ahora también .4 (los mormones), sino entre ellos y los racionalistas.Y problema principal de entonces y de ahora es la tolerancia, de modo que nadie tenga necesidad de disimular para ser aceptado, o simplemente para sobrevivir.
Nota: Cito a Abentofail por la traducción de Ángel González Palencia, publicada inicialmente en Madrid en 1934, reeditada en varias ocasiónes y disponible en la red: http://www.filosofia.org/cla/isl/hayy.htm. Estoy en deuda con los comentaristas precedentes, y muy especialmente con Miguel Cruz Hernández. Debo a Max Delbrück la analogía entre el ADN y la forma aristotélica.
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