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Revista de Libros 131 Revista de Libros

La fuerza de la experiencia y la razón. Sobre El filósofo autodidacto de Abentofail

por Enrique Cerdá Olmedo
Revista de Libros nº 131, Noviembre 2007

Número de páginas: 3
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Hayy interviene en su ambiente por razones prácticas. Muchos de sus descubrimientos se basan en la imita- ción de animales y plantas; otros se deben a casualidades. El libro no menciona experimentos testigo, pero tienen que haber existido por lo menos en forma de fracasos. Hayy desarrolla por sí mismo herramientas, vestidos, vivienda y armas sencillas, enciende fuego, cocina sus alimentos y domestica animales. No sé si el autor sabía que ninguna isla contiene los antepasados naturales de todos los animales domésticos, desde las gallinas a los caballos y los halcones, y de todas las plantas útiles, del esparto al cáñamo y el manzano, pero no creo que le hubiera importado, porque el libro no pretende ser tan realista.
El autor no aborda la controversia sobre si el conocimiento precede e induce las aplicaciones prácticas o si es posterior y depende de ellas. En la novela la ciencia más especulativa aparece después de las aplicaciones prácticas e independientemente de ellas. El conocimiento avanza de lo particular a lo general, de lo concreto a lo abstracto, del accidente a la sustancia.Así reúne a muchos animales concretos y semejantes para llegar al concepto de especie animal; su proceder es esencialmente el de la taxonomía cuantitativa moderna, que se basa en reconocer grupos de individuos que se parecen más entre sí que a los individuos de otros grupos. No aparecen las barreras reproductivas como criterio para la definición de especies, aunque hace miles de años que las conocen los ganaderos. Aplica el mismo proceso a las plantas y lo generaliza para agrupar a todas las especies de animales en lo que nuestros libros llaman el reino animal y las de las plantas en el vegetal.
Nota entonces que las plantas y los animales comparten dos propiedades básicas, la nutrición y el crecimiento, lo que le pemite reconocer la unidad de la vida, y que incluso las propiedades que parecen más características de los animales -la sensibilidad, la percepción y el movimiento- están presentes en las plantas de manera limitada. Menciona en particular la orientación de algunas flores hacia la luz, lo que ahora se denomina fototropismo. Curiosamente, no cita la reproducción como propiedad común de plantas y animales. Quizá le parecía muy distinta, porque todavía no se había descubierto la reproducción sexual en las plantas.
Los objetos vivos y los inertes comparten la «corporeidad»: ocupan un lugar en el espacio tridimensional. Pueden cambiar de temperatura, forma, color y otras propiedades y sufrir transformaciones extremas, como la conversión de un sólido en cenizas, llamas y humo. Estas observaciones lo llevan a concebir un grupo de orden superior que incluye todos los objetos, independientemente de sus propiedades concretas.Todos los objetos tienen tendencia a moverse, sea hacia abajo, como las piedras, o hacia arriba, como el aire en el agua y el humo en el aire. No puede decir mucho sobre la naturaleza de todos los objetos. La corporeidad se entiende bastante bien en la ciencia moderna, pero la gravedad, una fuerza débil que actúa a distancia entre todo tipo de objetos, sigue siendo un misterio profundo. Entendemos, por lo menos, la diferencia entre los objetos que se mueven hacia arriba y hacia abajo.
El libro presenta propuestas concretas, tomadas de Aristóteles, sobre el alma vegetativa que confiere a todos los seres vivos la capacidad de nutrirse y crecer, y sobre el alma sensitiva de los animales. Aunque estas propuestas pueden parecer abstractas y distantes a primera vista, se dejan reconciliar hasta cierto punto con la biología moderna y particularmente con el ADN, el portador de la información genética. Las almas, según Abentofail, sean vegetativas o sensitivas, como el ADN de los seres vivos, son objetos que ocupan lugar en el espacio y su actividad es conferir «forma» a sustancias amorfas e inespecíficas para que el ser vivo pueda adquirir y desarrollar su aspecto y sus funciones características. El concepto actual « información genética» se vale de la palabra «forma», que fue la versión latina de la griega µïñ.ç ( morphe ), utilizada por Aristóteles y sus seguidores. Por supuesto, nadie podía haber sospechado que cada animal y cada planta es una comunidad de muchos seres vivos, sus células, cada una con su «alma».
Cuando Hayy se encuentra con un problema que puede estudiarse en varios sujetos, elige el más sencillo. Así, se ocupa con detenimiento particular del agua, que considera el más sencillo de los cuatro elementos. Los cambios que admite una cierta cantidad de agua, no sólo adaptando su forma a la del recipiente, sino también convirtiéndose en hielo o vapor, le ayudan a presentar los conceptos de materia y forma. La recomendación de concentrarse en lo que ahora se llama «sistema modelo» fue particularmente útil cuando Max Delbrück se fijó en los virus bacteriófagos para estudiar la reproducción y la herencia y revolucionó con ellos la biología moderna. La generación de los animales, que no atrae la atención de Hayy, es el título bajo el que se agrupó una gran parte de la obra de Aristóteles como zoólogo y Averroes escribió un tratado sobre la fecundación y el semen.
Hayy es muy inteligente y la novela contiene muchos ejemplos de su brillantez, no siempre libres de error.A partir de buenas observaciones astronómicas deduce que el universo tiene que ser esférico. Ignoro la forma del universo, pero sé que él también la ignoraba. Concluye la inexistencia de cuerpos infinitos a partir de un argumento sobre si los conjuntos infinitos pueden ser de distinto tamaño.Admiro que abordara un problema tan difícil, pero no me extraña que no lo resolviera, porque la solución tuvo que esperar otros siete siglos.
Hacia la mitad del libro y de la vida de Hayy, sus intereses cambian del mundo sensible, abordable con los sentidos y la razón, al mundo «inteligible». Hayy redescubre los argumentos de Aristóteles sobre el Creador y el Primer Motor para llegar a Aquel cuya existencia es su esencia. Hayy atribuye este éxito a que posee un alma inmaterial y eterna que lo hace superior a los animales y a las plantas, pero se siente inferior a los astros, porque éstos conocen al Ser Supremo sin tener un cuerpo animal y corruptible.
La decisión de Hayy de imitar a los astros en todo lo posible lo convierte en un asceta en el camino de la mística. No puede llevar su imitación a quedarse sin comer, porque admite que sobrevivir es una obligación en el plan divino, pero come lo menos posible, sólo cuando se siente débil y siguiendo unas reglas que lo convierten en un precursor de la ética ecológica. Prefiere los alimentos que no limitan la supervivencia de las especies que los producen, como la pulpa de la fruta, y no olvida poner las semillas donde puedan germinar. Cuando no puede evitarlo, mata para comer, pero elige las especies más abundantes y, por tanto, en menor peligro de extinción.
Hayy imita los movimientos circulares de los astros corriendo alrededor de su isla y de su choza y girando sobre sí mismo hasta desvanecerse. Renuncia todo lo posible a su cuerpo y a sus percepciones sensoriales para concentrarse sólo en pensar sobre el Ser Supremo y no come, ni se mueve, ni siquiera abre los ojos durante días enteros.
Tan arduos esfuerzos lo llevan finalmente a la disolución de sí mismo en la alegría y la felicidad de la visión extática del Ser Supremo. La experiencia es tal que Hayy se dedica incansablemente a repetirla tantas veces y por tanto tiempo como le es posible.Abentofail se queda sin palabras y se limita a algunas analogías que sabe inadecuadas. Antecede así al famoso aforismo « de lo que no se puede hablar hay que callarse » , con el que Wittgenstein se refería precisamente a la experiencia mística.
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